Como si se tratara de una investigación policial, los astrónomos han buscado indicios en archivos históricos y han realizado nuevos experimentos hasta localizar los restos de una nova que había sido observada por astrónomos coreanos en 1437. El estudio de esta nova permite reconstruir el ciclo de vida de estas estrellas cataclísmicas.
Los Anales de la Dinastía Joseon son uno de los mayores tesoros conservados en Corea del Sur. Se trata de 888 libros divididos en 1893 volúmenes que relatan la historia del reino coreano desde 1413 hasta 1865. Especialmente interesante es el relato que cubre el reinado de Sejong el Grande (1418-1450), un rey muy interesado por las artes y las ciencias que ha pasado a la historia por la invención del alfabeto Hangul y por una sistematización del conocimiento en la Corea de su tiempo.
El Rey Sejong estaba muy interesado por la astronomía y contaba con un equipo de astrónomos que escudriñaban continuamente el firmamento. Según recogen los Anales de Joseon, en la noche fría y despejada del 11 de marzo de 1437, estos astrónomos observaron la aparición de una estrella nueva por la constelación de Escorpio. La estrella permaneció brillante durante catorce días para desaparecer después sin dejar rastro aparente.

Deflagración nuclear

A partir de la descripción realizada por aquellos astrónomos medievales, se ha concluido siglos después que lo que estaban viendo nuestros antepasados era una nova de tipo clásico, es decir, la explosión ocasionada por un par de estrellas orbitando muy próximas entre sí. El sistema se denominó Nova Scorpii 1437.
Estos sistemas estelares dobles están formados por una estrella enana blanca que orbita muy cerca de otra estrella de tipo solar. La enana blanca es un cadáver estelar, un objeto muy compacto y caliente que ha agotado sus reservas nucleares y que, por el efecto de su gravedad, va arrancando material fresco (esencialmente hidrógeno) a su estrella compañera para ir acumulándolo sobre su superficie.
Este material va apilándose en capas y cuando las capas más internas, en contacto con la superficie original de la enana blanca, alcanzan una temperatura y una presión suficientes, se produce una enorme deflagración nuclear, una auténtica bomba de hidrógeno que hace que el sistema binario brille enormemente durante unos días.

Cataclísmicas y recurrentes

Se piensa que tras la deflagración, el sistema binario puede recomenzar un nuevo proceso de manera similar, ocasionándose así explosiones catastróficas cada 100 mil años aproximadamente. Por eso, estas binarias se llaman a veces ‘binarias cataclísmicas’ o ‘novas recurrentes’.
Indagando en los archivos
Michael Shara, del Museo Americano de Historia Natural, llevaba años tratando de localizar en la constelación de Escorpio un astro que pudiese ser identificado con la nova avistada por los coreanos en 1437. En su búsqueda, acudió a los registros digitalizados del Observatorio de Harvard (DASCH) que contiene todas las observaciones realizadas entre 1885 y 1993 por los astrónomos de ese observatorio tanto desde Harvard como desde la estación que el Observatorio instaló en Arequipa, Perú, para estudiar el hemisferio sur.
Pues bien, en una de las placas obtenidas en 1923 desde Arequipa, Shara encontró un pequeño objeto nebuloso que, aunque estaba ligeramente desplazado de la posición descrita por los coreanos, podría corresponder a Nova Scorpii 1437. El examen de otras placas tomadas en los años 1940 demostró que el objeto era variable.

Fuente: El Mundo – Ciencia