Por Javier Arias
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Carmen y Atilio Lampeduzza cumplen 25 años de casados y el sueño de Carmen fue siempre festejar sus Bodas de Plata en París, y están en el Viejo Continente, pero esta vez solos, Albina y Ramiro se quedaron en la casa de los abuelos en Buenos Aires. Ya pasaron una semana en París, pasaron por Bélgica y hoy se despiden de Amsterdam.

Los Lampeduzza se despertaron y desayunaron los waffles de Gerard, que vaya uno a saber cuándo venía a dejarlos.
– Basta Atilio, dejá de mirarme con esa cara, por más que me pongas ojitos de gato con botas no vamos a ir a un coffeeshop.
Todavía con trompa, Atilio siguió a su esposa caminando hasta el Mercado de las Flores, que es un lugar enorme al aire libre con cientos de puestos de plantas y flores, tulipanes y orquídeas y semillas, muchas semillas.
– Carmen… Mirá…
– ¿Qué, Atilio?
– ¿Te parece si llevamos de esas semillas…? –le preguntó su esposo señalando indisimuladamente un puesto lleno de bolsitas con semillas de cannabis.
– ¿Qué te pasa, Atilio? ¿Te dio de golpe un ataque de Expreso de Medianoche a vos?
Al final, compraron un paquete con veinticinco bulbos de tulipanes y dejaron las semillas para otra ocasión. Una ocasión en que viajara Atilio solo, según Carmen.
De ahí caminaron hasta la Musseumplein, que es la plaza donde convergen el Rijkmusseum, el Museo Van Gogh y el Moco Musseum, y salvo al último, entraron a los otros dos.
El Rijkmusseum tiene la mayor colección de cuadros del Siglo de Oro holandés, pero son tres las obras principales, la famosa Ronda de Noche de Rembrandt, El Alegre Bebedor de Frans Hals y La Lechera de Vermeer, que era el cuadro que Carmen quería ver desde que habían entrado en Holanda, pero que estaba en una muestra temporal afuera del país…
– ¡No puedo creer que La Lechera esté en el Louvre de París! ¡Venimos de estar en el Louvre! ¿Me están jodiendo estos holandeses?
– Bueno, vamos a tener que volver a Amsterdam, vos por los cuadros y yo por los…
– ¡Por nada, Atilio! Acabala, ¡dejá de hacerte el Pablo Escobar, querés! Te voy a tener que prohibir las series colombianas como a Ramiro Pokemon.
– Seguro que Ramiro, con los abuelos, está viendo todos los días Pokemon, suertudo.
Carmen lo fulminó con la mirada cuando entraban al Museo Van Gogh.
Pero los pies ya le habían empezado a pasar factura, así que cuando vieron las tremendas escaleras que subían hasta las plantas superiores descartaron el recorrido aconsejado, buscaron un ascensor, llegaron hasta el último piso y de ahí fueron descendiendo muy lentamente.
Al volver a planta baja, Atilio comentó que había leído que lo mejor para los dolores musculares de los viajes por Holanda eran cierto tipo de hongos, pero la cara de Carmen lo convenció, con una sola e impiadosa ojeada, que lo mejor era una aspirina y descansar a la sombra de la entrada.
Ya un tanto repuestos, caminaron hasta el Albert Cuypmarkt, que es una feria de cuadras y cuadras de productores de quesos, frutas, carteras y mil cosas holandesas. Y casi sin querer llegaron hasta la plaza Rembrandt, donde en el centro hay una escultura que representa corpóreamente el dichoso cuadro de la Ronda de la Noche.
Regresaron al departamento a ducharse y a para la cena volvieron a salir, en la última noche en Amsterdam, para tratar de comer en De Waag, una confitería de lo más monona instalada en un antiguo almacén, pero, como el resto de las veces que habían intentado lo mismo, no quedaba ni una mesa, así que terminaron comiendo unas tapas por cualquier lado.
Dos horas después, ya reconciliados de las batallas dialécticas de hongos, semillas y alucinógenos legales e ilegales, pasearon del brazo por última vez por las calles y canales, despidiéndose de esta ciudad que no olvidarían nunca.