A través del Ministerio de Salud provincial, y en conjunto con el Ministerio de Educación, se realizó el Taller sobre Sexualidad y Discapacidad (funcional) denominado “De eso no se habla”, en las localidades chubutenses de Esquel y Trevelin.
Del mismo participó medio centenar de personas, aproximadamente, entre estudiantes y docentes de todos los niveles y modalidades, profesionales de la salud e interesados en la temática.
La iniciativa fue impulsada a través de la Dirección Provincial de Atención Integral de la Discapacidad, dependiente del Ministerio de Salud, y varias instituciones del Ministerio de Educación, entre ellas la Escuela 557 – CSAC (Centro de Servicios Alternativos y Complementarios) de Trevelin y los Institutos Superiores de Formación Docente (ISFD) 804, de Esquel, y 801, de Trelew.

Sin tabúes

Las actividades estuvieron a cargo de la psicóloga Marianela Cicero y el terapista ocupacional Gustavo Ursztein, del Servicio Nacional de Rehabilitación, dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, y posibilitaron que se genere un espacio de consultoría e intercambio de experiencias sobre la temática.
Al respecto, el director provincial de Atención Integral de la Discapacidad, Marcelo Ortega, explicó que “la modalidad de taller posibilitó abordar la temática de la sexualidad en la discapacidad, desterrando mitos y tabúes propios de la sociedad”.
“Sabemos que las personas con discapacidad también tienen y sienten la necesidad de una vida sexual activa plena, pero no estamos lo suficientemente preparados”, sostuvo, al referirse a la importancia de la capacitación.
Asimismo, Ortega destacó el nivel de profesionalismo de los referentes del Servicio Nacional de Rehabilitación, quienes “hablaron de las cosas por su nombre, con claridad y sin tabúes, generando expectativas, demandas y mucho interés en todos los asistentes”.

Mitos y verdades

Las “falsas creencias” en lo relacionado con la sexualidad en quienes padecen diversas discapacidades, suelen impactar negativamente sobre la sexualidad de dichas personas.
Muchas veces, se silencia, se invisibiliza la diversidad y se considera innecesaria la educación sexual en dicho ámbito; por lo tanto, se evita y se reprime, limitando el pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. La dificultad en dicho abordaje, desde el ámbito social, radica en el modo que tienen tales personas para enfrentar y construir la sexualidad en discapacidad.
Además del silencio, también se encuentran presentes los estereotipos y rótulos, muchas veces descriptos como las etiquetas basadas en “los tres tipos de baños”, es decir, hombres, mujeres y discapacitados, apartando a estos últimos de la definición propia de género; es decir, por un lado la sexualidad del hombre, por otro la de la mujer y como algo apartado la del discapacitado.
Sin embargo, actualmente suele abordarse con una mayor naturalidad la sexualidad en la diversidad funcional y se concibe a dichas personas como seres sexuados, siendo la realidad igual a todos.
En este contexto, expertos remarcan que la sexualidad de las personas con diversidad funcional “no es mejor ni peor que la de los demás; es la suya propia y se expresa en su forma de vivirla y experimentarla”, al tiempo que señalan a los problemas más frecuentes como provenientes “de la resistencia de los padres al enfrentarse con la sexualidad de sus hijos; si se los excluye de su propio goce, se los discrimina, y si excluimos en cuanto al goce sexual, estamos excluyendo también en el goce de poder ser; lo ideal sería poder ‘ser’ y ‘hacer’”.