Por Javier Lanari*

Raúl Robín (64) es un experimentado dirigente y productor que conduce el área de economías regionales de la CAME desde su creación en 2009, y su mirada sobre el contexto es representantiva de gran parte de los productores del país vinculada a 420 federaciones y 520 mil productores en todo el país.

P:- ¿Cómo están hoy las economías regionales en términos generales?
R.R: -Este es un sector en crisis permanente. A algunas economías les va mejor que a otras, pero la realidad es que todas tienen sus problemáticas propias que deben ser tratadas desde diversas ópticas. Hoy estamos en un periodo de transición con un cambio de política económica que se vuelve difícil de transitar. Estamos poniendo el hombro y trabajando junto al gobierno para acercar soluciones al conjunto de los productores. Esperamos que este esfuerzo dé resultados en el menor tiempo posible.

P: -¿Cuáles son las producciones que peor están actualmente?
R.R: – Los productores de peras y manzanas en el Alto Valle en Río Negro la están pasando muy mal. También están mal las producciones vinculadas a los cítricos dulces como las mandarinas y las naranjas. Durante los últimos años los precios al productor no aumentaron al ritmo de la inflación. Hoy el productor de manzanas cobra $ 4 por kilo; el de peras $ 3,40; el de naranjas $ 1,60; y el de mandarinas $ 2,50. Es prácticamente imposible producir con estos valores mientras suben todos los costos.

P:-¿Qué otras producciones están mal?
R.R: -Me preocupa que hay muchas economías que están mal y que, a diferencia de las peras y manzanas, no tienen visibilidad en la sociedad. Los cañeros en Tucumán o los olivícolas en la zona de Cuyo vienen inmersos en una crisis desde hace varios años. Entre 2010 y 2015, por ejemplo, el precio del azúcar pagado al productor no se movió de 220 pesos la bolsa de 50 kilos, mientras que en la góndola no paró de aumentar. Muchísimos productores en ese periodo se fundieron. Hoy por suerte el sector azucarero levantó. Pero en términos generales se puede decir que en las economías regionales aún no hay brotes verdes.

P:-¿Hay alguna economía regional que esté pasando un buen momento?
R.R: -Sí. El sector productor de limones está bien. Se ha recuperado el mercado de Estados Unidos que es un paso fundamental que contribuye a abrir oportunidades comerciales en otros países. De hecho, hace poco se abrió el mercado de México. Estas aperturas generan un impacto que alienta a toda una economía regional a avanzar y aceptar nuevos desafíos. En Tucumán se inauguró la segunda aeroestación de carga más importante del país después de Ezeiza, lo que permitirá agilizar las exportaciones.
Otro sector que anda bien es el maní. Con China y Estados Unidos, la Argentina es uno de los tres exportadores de maní más importantes del mundo. El 90 por ciento de la producción nacional se concentra en Córdoba, aunque también hay plantaciones en La Pampa, San Luis y Salta. Hoy estamos exportando a más de cien países. La cáscara de maní también sirve para generar energía eléctrica y esto abre nuevas oportunidades.

Política y Economía

P:-¿Cómo evalúa la política de Macri respecto a las economías regionales?
R.R: -Estamos en presencia de un gobierno que tiene buenas intenciones y que ha puesto en primer plano a la producción. Eso indudablemente es importante porque nos posiciona de manera distinta frente a la sociedad y a la política. Sin embargo, hacen falta una serie de medidas para recuperar competitividad. Tenemos que asistir a una reforma en infraestructura, tributaria y laboral que nos permita desplegar el verdadero potencial que hay en el interior del país.

P: -¿Qué mirada tiene sobre la política para combatir la inflación?
R.R: -La inflación es la madre de todos los problemas económicos y el mayor flagelo de los productores. El año pasado terminamos con una inflación en torno al 40 por ciento, lo cual hizo inviable cualquier modelo de planificación estratégica a nivel productivo. Creemos que es importante que este año hayan logrado bajarla y que la tendencia para los próximos meses siga siendo bajista. No hay economía regional que subsista a largo plazo con el actual ritmo de aumentos.

P: -¿En qué medida beneficia a las economías regionales la suba del dólar?
R.R: -Indudablemente el reciente aumento trae un alivio importante para las economías regionales ya que en los primeros cinco meses del año la inflación minorista superó el 10 por ciento. En el periodo enero/mayo de 2017, en cambio, el dólar se mantuvo planchado en torno a los 16 pesos generando desajustes en la ecuación de rentabilidad de los productores. Este atraso cambiario que hoy vemos que empezó a corregirse desalentaba la inversión en mano de obra y tecnología en el sector productivo.
Además, si se mira el proyecto de Presupuesto 2017, el dólar este año debería cerrar en torno a los 18 pesos teniendo en cuenta una inflación proyectada en torno al 20 por ciento. De cumplirse estas metas económicas, creemos que la reciente suba del dólar no tendría que ser causa de preocupación para el conjunto de los argentinos. El gobierno debe salir del pensamiento financiero para asumir una mentalidad productivista.

P: -¿Confía en la reforma tributaria que prometió el gobierno?
R.R: -Sí confío porque en el Ejecutivo hay funcionarios profesionales y competentes que están trabajando en el tema. Mi único temor es que esta reforma llegue demasiado tarde para las economías regionales por los tiempos políticos necesarios para aprobarla y luego aplicarla. La suba de costos desajusta el resto de las variables. Hoy las economías regionales no resisten la actual carga tributaria. Hay una marcada asimetría macroeconómica con respecto a otros países de la región y eso se debe corregir.

Ley Pyme y desarraigo

P:-¿Qué rol cumple la Ley Pyme para las economías regionales?
R.R: -La sanción de la Ley Pyme y su posterior reglamentación fue un signo de esperanza para revertir la crítica situación que atraviesan algunos complejos. En las economías regionales está más del 50 por ciento del empleo y la Ley funciona como una herramienta para reducir impuestos y dar capital de trabajo. En el país hay más de 650 mil Pymes, pero se anotaron solamente 300 mil porque es complicada la instrumentación por el alto grado de marginalidad que hay en la economía. Hay que facilitar el acceso y lograr llegar a todas las Pymes para que sean las verdaderas generadoras de arraigo.

P: -¿Le preocupa el crecimiento del desarraigo?
R.R: -Por su puesto. Hoy casi la mitad del país vive en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Para detener el desarraigo no solamente hay que hacer rentables las producciones, sino también trabajar en un plan integral de educación, salud, viviendas, caminos y conectividad en ámbitos rurales. En el interior vemos que hay trabajo, pero falta mano de obra en las cosechas porque quien sale del campo y se va a la ciudad no vuelve más. Más de la mitad de la mano de obra que genera el sistema agroindustrial es propio de los cultivos intensivos de las economías regionales. Sin embargo, no hay una decisión política de lograr arraigo. Hoy la edad promedio en los ámbitos rurales es de 56 años y casi no hay jóvenes.(…)

Obras de infraestructura

P: -¿En qué medida afecta la falta de obras al sector productivo?
R.R: -Hoy estamos produciendo con tecnología del siglo XXI con una infraestructura del siglo pasado. Estamos más atrasados hoy que hace 70 años en transporte fluvial y terrestre. Muchas zonas del interior del país presentan un estado de deterioro significativo con rutas y caminos rurales intransitables. Menos del 11 por ciento de la red nacional y provincial está pavimentada. Necesitamos competir con nuestros vecinos en igualdad de condiciones. La falta de obras nos hace poco competitivos y nos está dejando fuera de partido.(…)

P: -¿Cuánto representa el costo de los fletes sobre la renta de los productores?
R.R: -El encarecimiento de los costos logísticos hace que el precio de los fletes se lleve buena parte de la renta del productor. Actualmente el flete camionero argentino es un 76 por ciento más caro que el brasileño y un 70 por ciento superior al estadounidense. Es más caro transportar mil kilómetros desde el norte argentino a los puertos del Gran Rosario, que enviarlos desde estas terminales portuarias a China que queda a más de 20 mil kilómetros de distancia. Está claro que algo no funciona.(…)

Fuente: *La Politica OnLine