Las materias vinculadas a la tecnología poseen en la Secundaria un peso cada vez más concreto. Desde la curiosidad del adolescente al interés en proyectos dinámicos, ganan terreno las experiencias que involucran a los estudiantes como actores productivos. Chubut crece al son de sus ciudades, aunque también en los pueblos y en el campo. Qué ocurre cuando el contenido de la currícula se adecúa a las realidades de la zona…

Tecnología Social

Los contenidos curriculares apuntan a integrar los saberes con las realidades del entorno. Se amplían las fronteras de los saberes de la Escuela en su nivel secundario y ciertas materias asimilan esa demanda. Se observa la tendencia, sobre todo, en aquellas que se relacionan a proyectos ciudadanos. Impacta el hallazgo social en una materia de una escuela al Oeste de la provincia, en el corazón de Cholila.

La luz está en la escuela

Las secundarias entienden que los adolescentes, a medida que se acercan a su inserción en el mundo laboral y a la mayoría de edad, van desarrollando ciertas inquietudes y demandas. Este signo epocal, representado por la brecha digital que todo lo comunica, vuelve con fuerza a la concepción de nuevos espacios de aprendizaje, de contenidos más dinámicos y, a la vez, transdisciplinarios.
En Cholila, desde hace casi una década, funciona una institución de gestión social, creada por la Fundación Cruzada Patagónica, es la joven Escuela Agrotécnica N° 1728 “Valle de Cholila”. Su heterogénea población estudiantil suele estar domiciliada lejos de la escuela, por eso convive en albergues, aunque no deja de convivir con las problemáticas que trae desde sus lugares de origen. Se dan muchos casos de chicos que vienen desde zonas rurales carenciadas… En ese contexto, se producen experiencias de aprendizaje como la que narra Nahuel Ancina, profesor de una materia que forma parte del último año de estudios. La noticia cuenta que en este espacio fabrican generadores eólicos. Aquí, el docente, nos ilustra sobre ese recorrido de transformación social:
– ¿Qué materia enseñás?
– Es Proyecto Tecnológico y tratamos de volcarla hacia la parte productiva en problemas concretos, más que nada sociales. Vimos el caso de muchos chicos que venían de campos donde no tenían ni luz ni agua y nos dijimos: “es una escuela agro-técnica, ¿cómo vamos a enseñarle a cultivar la tierra si no tienen los requerimientos básicos para vivir?”, y ahí arrancamos.
– ¿Cómo se originó este proyecto?
– Yo empecé con la materia en 2014 y el primer proyecto que arrancamos fue con una bomba de soda. Así se planteó: que los chicos encontraran un problema y pudieran resolverlo a fin del año lectivo. Pensar una idea, ver cómo funcionaría y qué se necesita. Arman todo lo relacionado. En todo el proceso van apareciendo dificultades y se va engranando la parte teórica, la aplicación. Aprenden de todo: diseño, planos, uso de la computadora. Y todo se corona a fin de año con la parte social que es cuando se embeben en la realidad de su compañero.
– ¿Por qué? ¿Qué les sucede?
– Algunos de los chicos viven en los pueblos y otros, que viven a 20 kilómetros, están en el medio del campo y con una realidad muy distinta. Cuando los chicos de Cholila llegan al campo y ven cómo viven sus compañeros, hacen un clic.
– Tecnología parece que tiene un contenido más “duro”, no tan social…
– Es que tecnología es eso: ver un problema y solucionarlo. Está la percepción de que tiene que ver con la computación, pero en realidad es mucho más amplio. Buscamos que la tecnología sea aplicable y queremos que el alumno desarrolle la sensibilidad de que puede dar una solución.
– ¿Y cómo arranca?
– Apenas comenzamos el año y vemos una dificultad, vamos hasta esa casa para que los chicos se conecten con esa realidad. El objetivo es que tengan herramientas para desenvolverse en el futuro, que no sea un proyecto aislado. Estamos armando una cooperativa de alumnos que fabrique generadores eólicos y puedan colocarlos. O sea, que cuando egresen tengan una salida. El proyecto de aprendizaje lleva todo el año lectivo.
Cuando se le pone nombre a las personas, suena distinto, se ilumina. Y Nahuel cuenta con nombres y apellidos quiénes son los estudiantes que recibieron un generador eólico en sus casas. El dato se vuelve humano…
– ¿Y hacia dónde van este año?
– En noviembre vamos a colocar el generador de luz en la casa de Estrella. Se evalúan previamente las necesidades de cada alumno y se ayuda. Los compañeros son muy conscientes de lo que vive su compañera y eso lo ponemos siempre bien en claro. La escuela trata de fomentar esa conciencia.
– ¿Qué otros proyectos realizaron?
– Nos capacitó una ONG para ver cómo se realizaba un generador y en esa capacitación se incluyó a los chicos de 4to y 5to de aquel año, esas camadas ya egresaron y colocaron sus generadores. A esta altura llevamos cuatro generadores armados, uno para el taller en el que trabajamos y otro para la escuela. Los otros dos ya los colocamos en casas de familias carenciadas.
El carro y el caballo, en qué orden… El dilema en materias de taller es: qué modo de dictar la teoría es el más adecuado y cómo hacer para que la aplicación sea concreta. Y a su vez, cómo captar a los adolescentes y cómo suscitar su interés al investigar por sus propios medios. Un desafío complejo…
– En cuanto a la materia, ¿cómo conviven la teoría y la práctica?
– No hay tanto tiempo para la parte teórica, la materia tiene cinco horas cátedra, voy a la práctica y ahí aparece la necesidad. Si voy primero a lo teórico, se demora demasiado. Lleva mucho tiempo de armado… el tallado de las aspas, el cabezal, la cola, la torre, el bobinado… Ellos fabrican todo. La idea es que sepan cómo funciona el generador y cómo hacer cada parte.
– ¿O sea que la práctica se va apoyando en la teoría?
– Claro, es un círculo. En la práctica aprenden la parte técnica y entonces aparece la necesidad de la teoría. Es más dinámico, vos le podés enseñar toda la teoría pero si no ves, es muy abstracto. Cuando lo van haciendo ellos, van sintiendo las necesidades, se hacen preguntas como: “¿qué diferencia hay entre un banco de baterías de 24 y uno de 48?”. Tiene otro sentido. Y con respecto a lo práctico, en cada proceso van incorporando técnicas, por ejemplo, con las aspas tienen que usar formón, el serrucho, la escuadra… hay etapas en que tienen que diseñar planos y saber usar la computadora, con el cabezal tienen que soldar… Aprenden de todo.
Este año son 12 chicos los que forman el sexto año, el año pasado eran 18, aunque están armando el séptimo año, porque hubo cambios en la currícula. La escuela tiene algunas particularidades con respecto a las convencionales.
– ¿Cómo funciona el ciclo lectivo?
– Arrancamos el 20 de diciembre con unas guardias, pasamos las fiestas y las clases arrancan en febrero, ya a mediados de enero nos tenemos que presentar para los exámenes. En invierno tenemos las vacaciones largas y en verano las cortas para aprovechar que se puede estar más al aire libre.
– ¿Cómo es un día de clases?
– Cursan de 9 a 18, a la mañana tienen todas las materias teóricas y a la tarde las prácticas. Tratamos de aprovechar cada vez que el clima nos deja, es una escuela agro-técnica, así que trabajamos mucho afuera.
– ¿Y qué pasa después con los estudiantes?
– La escuela es muy joven, recién sale la cuarta camada, sí hemos notado que los que van egresando, todos, tienen la intención de seguir estudiando ya sea en un terciario o en una universidad. Que tengan la intención de ir a estudiar es una grata sorpresa, es un dato alentador. En mi materia lo que pasa es que los egresados quedan enganchados con el proyecto y quieren participar de la colocación del generador.
El proyecto ya excede a la escuela y es la puerta para una cooperativa en formación que les dé a los estudiantes la posibilidad de una salida laboral fabricando e instalando molinos eólicos. Lo aprendido en la escuela como llave. Estos conocimientos son el fruto de la investigación de Hugh Piggott, con quien están en contacto. Se da, a nivel global, un caso de retroalimentación de saberes. Lo que el viento nos dejó, cada vez se difunde más esta alternativa en energía, aunque la particularidad del “Valle de Cholila” es cómo se la integra al recorrido educativo.
– ¿Y en qué otras ideas está avanzando el proyecto?
– Estamos trabajando con otras organizaciones (la ONG 500 RPM de Buenos Aires y el Balseiro, de Bariloche) para el bombeo de agua a través del generador eólico. Aprovechando el sistema creado estamos viendo de reconfigurarlo para que también nos sirva para suministrar agua, además de electricidad. Sería una gran solución. La verdad es que se armó un verdadero equipo de trabajo. Y a nosotros nos toca la posibilidad de aplicar ese conocimiento con nuestros alumnos.
– ¿Y en toda esta búsqueda qué te parece que no puede faltar?
– Continuidad, que la escuela vaya teniendo un horizonte, vemos que el tema de la energía es muy importante, aspiramos a tener un rumbo más definido. Que el saber no se quede en la escuela.
Y si de luces y de energía va la charla, una frase típica de adolescente podría resumir la esencia: Que no se corte. Quién sabe en un tiempo, Cholila cuente con muchos molinos más para captar la energía del viento.