En el segundo día del juicio donde se ventila la causa Langostino Santo, solo declaró uno de los cinco procesados por narcotráfico. El taxista de Mar del Plata, Juan Eduardo Burgos, negó los cargos y contó cómo conoció a los españoles que lo hicieron socio de la empresa que despachó la cocaína hacia Poseidón de Puerto Madryn. La acusación sostiene que Burgos fue el encargado de colocar los ladrillos de droga en cada caja de pescado.
En su declaración el imputado insistió en señalar que no tiene vínculos con drogas ilícitas o su comercialización.
La audiencia se llevó a cabo en el casino de oficiales de la Unidad Penitenciaria Nº 6 de Rawson, y estuvo presidida por el juez Federal de Comodoro Rivadavia, Enrique Jorge Guanziroli, y los vocales, Nora Cabrera de Monella y Luis Giménez.
Por el hecho están imputados, Héctor Omar “cura” Segundo, Nicolás Seoane, Alejandro Pennisi, Juan Eduardo Burgos y el español Alfredo Aranda Barberá, éste último, único detenido en la causa.
El único en declarar este martes fue Juan Eduardo Burgos, oriundo de Mar del Plata, quien se refirió a su relación con los españoles Salvador Parra Gómez y Alfredo Aranda Barberá, y que negó enfáticamente cualquier vínculo con drogas ilícitas o su comercialización.

El pasajero lo invita a ser socio

Burgos dijo ante el tribunal que primero conoció a Salvador Parra Gómez, en la ciudad Mar del Plata, “lo conocí en un taxi, haciendo un viaje, así me vinculo con él, cuando lo llevaba a Pinamar”, dijo al afirmar que eso ocurrió en octubre de 2012, y que desde ese momento mantuvo contacto con él porque el español lo llamaba para conocer detalles acerca de la vida en Mar del Plata, y que así entablaron una relación, y el extranjero lo llamaba para que lo condujera a los sitios que frecuentaba.
Según los dichos de Burgos, “después de un tiempo él me ofrece trabajo”, afirmó en alusión a Parra Gómez, “yo accedí por necesidad laboral, yo nunca estuve sabiendo de ningún tipo de droga, jamás supe que él era traficante”.
En su relato Burgos sostiene que en ese período de tiempo Parra Gómez “me ofrece armar una planta con pescado, no con droga”, insistió en mencionar que el español le ofreció abrir esa planta en Mar del Plata, prestando su nombre para una sociedad, aunque aclaró que su trabajo era manejar una camioneta, para el traslado de mercadería.
También precisó que de acuerdo a lo mencionado por Parra Gómez ese arreglo sería transitorio, hasta la llegada de su socio, también de origen español, Alfredo Aranda Barberá.

“Jamás ni la manipulé, ni la vi”

Burgos aseguró que aceptó la propuesta de integrar una sociedad con el empresario español, puesto que significaba “una buena oportunidad de trabajo”, ante el inminente nacimiento de su hijo más pequeño. El imputado negó una y otra vez en su declaración cualquier conocimiento del negocio ilegal con drogas, que se escondía detrás de la planta de envasado de productos de mar.
“Jamás en mi vida tuve problemas con las drogas o un antecedente, siempre fui una persona de trabajo”, aseguró Burgos, y ante la requisitoria del Juez que lo indagaba al respecto afirmó “jamás ni la manipulé, ni la vi, jamás vi nada raro, jamás en el tiempo que estuve con este hombre vi nada”.
Consultado acerca de cuál era específicamente el trabajo que hacía para Parra Gómez, el imputado Burgos, sostuvo que “mi trabajo era manejar una camioneta, llamar por pescado, yo lo retiraba de las distintas plantas, y lo llevaba a la planta donde lo congelaba”, dijo al asegurar que allí terminaba su faena.
Ante la insistencia del Juez Federal de Comodoro Rivadavia, Enrique Jorge Guanziroli sobre su posible vínculo con el comercio de drogas, Burgos mantuvo su postura de negar cualquier conocimiento del negocio ilegal, y reveló que después de unos meses tanto Parra Gómez, como Alfredo Aranda Barberá, desaparecieron de Mar del Plata, lo que motivó que el iniciara acciones legales de carácter laboral.

Los eslabones

La investigación determinó que el cargamento de langostino con la droga adentro venía de Mar de la Plata, y había sido remitida por la empresa Mar Pesca Azul Argentina SRL. Burgos era uno de los propietarios y socio del español Salvador Parra Gómez. El dúo logró depositar esa carga en Poseidón merced a la intermediación de Nicolás Seoane, un bróker del sector pesquero que vinculó a las dos empresas. Seoane conocía a Alejandro Pennisi, presidente del directorio de la pesquera Poseidón, y a Omar ‘Cura’ Segundo, principal accionista de la sociedad.
Cuando se elevó la causa, la fiscalía consideró, en todo el entramado, que Seoane negoció entre ambas empresas sabiendo que el objetivo final era que la droga llegara a Puerto Madryn para ser almacenada y exportada a la empresa española Royal Peche, que también pertenecería a Parra Gómez.
Así consideran que la tercera empresa en participar fue Letter Alimentos, ubicada en Irala y Talcahuano de Mar del Plata. Su dueño, Rubén Lev, estuvo imputado, pero posteriormente se dictó su sobreseimiento. En Letter Alimentos se acondicionó el estupefaciente para cargarlo a un camión Mercedes Benz blanco con caja térmica, que Diego Gastón Naddeo manejó hasta Poseidón. Ese chofer declaró en la instrucción de la causa que le pagaron Burgos y Parra Gómez. Dijo además haber visto al taxista en la planta donde se preparó el cargamento.
El propio Burgos había llevado la carga a Letter en una camioneta Ford 350, acompañado de Parra, que verificó la entrega. El depósito en dicha planta era para enfriar la carga. Todo gratis: Lev no les cobró. La mercadería fue “estrichada” con film para que no se desacomodara en el viaje. La carga se habría efectuado entre el 11 y 13 de mayo de 2013, fecha del viaje. Naddeo entregó las cajas en Madryn el 15 de mayo de 2013. En su viaje fue detenido en el control zoofitosanitarios de ruta 3, en San Antonio Oeste. Se verificó la carga, pero la droga pasó sin que fuera advertida. Ya en Madryn en la pesquera de Omar “Cura” Segundo quedó depositada en la cámara 5, esperando seguir viaje a España, donde operaría el segundo español involucrado: Alfredo Aranda Barberá. Algo falló.