Por Juana de Arco*

Agosto es el mes para conmemorar a la “Pachita”, la Madre Tierra, la Naturaleza en todo su poderío, por eso muchas comunidades originarias de América, refuerzan este mes su vínculo con este planeta vivo a través de diferentes ritos que terminan en reanimar a la tierra que nos alberga, pedirle y agradecerle.
El 1 de agosto, dicen los sabios ancestrales que hay que tómar chicha con ruda, y convidarle a la tierra, y póstrarse con reverencia ante sus ancestros: alpa kamaska, polvo que anda. La rueda de la vida circula y año tras año, los herederos de estas tradiciones, que son cada vez más, aunque los originarios sean cada vez menos, retoman la magia de reencontrarse con la vida unificada precisamente por reconocer que si no volvemos a la naturaleza, la fecha de vencimiento de nuestra Tierra se acelerará considerablemente. Esta apertura de conciencia, está a la par pero muy juntita a una lucha cuerpo a cuerpo que vienen sobrellevando los hijos legítimos de las tribus ancestrales, los pueblos originarios; y los nuevos pobladores organizados en nuevos sistemas políticos y económicos.
La lógica de estos sistemas es cerrada e inquisidora. La de los pueblos dispersos es desorganizada y rebelde. Difícil tema ponerlos de acuerdo, si unos fuman en pipa de la paz y otro en guerra y abajo del agua.
Esta semana, se reactivó en Chubut la tensión en la zona de Leleque. Por un lado los Benetton siguen usufructuando de tierras ancestrales e incluso cerrando el paso junto al río, por el Lof de Resistencia Cushamen volvió a movilizar gente dicen en defensa del lider mapuche detenido, Facundo Jones Huala, que está alojado en la Unidad 14 de Esquel. La extradición de Huala a Chile sería inminente, y se sabe que allá el líder no la pasará nada bien, tal como está la avanzada trasandina sobre sus pueblos nativos.
Los manifestantes chubutanos habrían interceptado vehículos que intentaron pasar por la zona y afectaron el tendido eléctrico que va de Cholila a la Ruta 40.
El caso provocó pronunciamientos políticos, que se ubican desideologizadamente desde la declamación de defender la “legalidad”, y si es por la consigna, el ordenamiento “territorial” debería empezar entonces por los más cercanos estamentos de los tres poderes y en simultáneo por los aguantaderos partidarios la mayoría en campaña y de PASO.
El clamor no hizo más que darle buenos argumentos a la señora Bulrrich para movilizar las estrategias antipiquetes que comenzó a organizar entusiastamente en abril y militarizar todo lo que pueda la cordillera de los Andes, una zona estratégica de negocios y de límites.
Quienes miran la coyuntura desde el vuelo del cóndor saben que no será fácil reencontrar nuestra ave del Sur con el águila del Norte. Habrá fuertes pujas, y no será por un líder, ni por un revoltoso. En el fondo hay intereses y conflictos mucho más importantes y por supuesto tienen que ver con los recursos naturales y el control de la Pachita, bendita y riquísima tierra que nos ha tocado.
Bien es sabido que ningún pueblo consciente de estas latitudes, permitirá fácilmente herir a su Madre revolviéndoles las entrañas y explotando sus venas mineras. Tampoco permitirá el control del río, como sucede en La Vuelta del Río. Y menos desplazar a comunidades por intereses petroleros, que se amontona en torno a territorio sagrada donde están esparcidos los que fueron y esperan que broten de esas energías, los que serán. Eso se avecina en torno a gran parte del debate que se da.

Movidas coincidentes

Hace bastante que la mirada oficial desde la asunción del macrismo al poder comenzó a plantear una suerte de criminalización de las comunidades originarias, murmurar posibles infiltraciones hasta guerrilleras y narcos con presuntas presencias de la Farc en Patagonia, y a justificar embestidas étnicas sobre una zona vital para los planes de inversión como es Vaca Muerta, en desmedro de todo aquel que priorice la tierra y el planeta por sobre los posibles proyectos productivos. De hecho, desde hace un año y medio las idas y venidas con las comunidades vinculadas han sido numerosas, aunque ahogadas mediáticamente casi siempre. No es casual que este fin de semana se diera otra novedad en la vecina provincia de Neuquén.
El nudo de todo es Vaca Muerta donde por estos días, el gobierno provincial y los mapuches sumaron otro foco de conflicto: esta vez, el lof Warkilew, cerca de Sauzal Bonito, ocupó tierras donde YPF intentó ingresar para realizar trabajos sísmicos.
Jorge Nahuel, líder de la Confederación Mapuche, acusó con dureza a YPF y hasta hicieron una presentación judicial el pasado 28 de julio aduciendo a que la empresa estatal nunca muestra los planes de trabajo ni muestra estudios de impacto a las comunidades mientras avanza sobre territorio originario.
La lucha está planteada y el objetivo es claro: “limpiar” la zona de habitantes que no comulguen con la producción petrolera y promuevan otro modo de vida vinculado a la tierra, a la preservación ritual de la naturaleza basados en sus creencias: un pecado originario.

Chile, cada vez más “facho”

Se podría inferir sin exagerar ni un poquito que la realidad capitalista que ha caminado de la mano de EEUU tiene una forma de solucionar esta diatriba originario-apropiador a imagen y semejanza de los chicos de Cristóbal y del choque de civilizaciones que todavía no termina. Chile es probablemente uno de esos países harto latinoamericano pero con suficientes ínfulas yanqui como para renegar de sus paisanos. Y es por eso que del otro lado del muro andino los originarios están peor que nunca. Héctor Llaitul, líder de la Coordinadora Arauco-Malleco de Chile, la tiene más que clara y hace rato que advirtió que ningun gobierno tiene un proyecto político para la Nación Mapuche, más que empujarlos de los mapas. Hace poco hizo un interesante diagnóstico de la situación en el país vecino: “Efectivamente hay una agudización del conflicto. Esto lo producen las medidas que implementa el Estado chileno para enfrentar las demandas -sobre todo las demandas políticas y territoriales- de nuestro pueblo. Eso ha creado una situación en que el conflicto no tiene solución en el corto o mediano plazo. El Estado chileno ha puesto en práctica una suerte de ‘guerra de baja intensidad’ contra los movimientos de resistencia mapuche para salvaguardar los intereses del gran empresariado de la región. Esto se grafica en la militarización de la zona de conflicto entre las comunidades mapuches y los procesos de inversión capitalista que arremeten contra nuestro pueblo. La reivindicación territorial y autonómica choca directamente con los intereses de los grupos económicos de la industria forestal y energética, lo que ha producido una mayor radicalidad en la confrontación.
La creciente militarización del Wallmapu se observa sobre todo en los patrullajes de carros blindados de las Fuerzas Especiales de Carabineros, en la cantidad de personal destinado a la Región que cumple diversas tareas. Son unos tres mil efectivos apostados en el Wallmapu histórico. Están allí para custodiar los intereses de las forestales y de los proyectos energéticos. Otros carabineros cumplen misiones de protección en puntos de riesgo. En resumen, numeroso personal equipado para un combate, batallones de policía militarizada con campamentos, vehículos de transporte mayor como helicópteros y avionetas, equipos de vigilancia sofisticados que incluyen drones, globos aerostáticos, sistemas de alta tecnología mediante cámaras de vigilancia en la ruta 5, principal arteria que cruza el Wallmapu. Algunas con capacidad geotérmica de visibilidad nocturna. Todo esto ha significado un gasto muy cuantioso. Solo las cámaras de vigilancia con infrarrojo significaron una inversión de más de cinco mil millones de pesos. A eso hay que sumar la permanente criminalización del pueblo mapuche. Detenciones arbitrarias, allanamientos, prisión política -hay más de cuarenta presos o procesados políticos-, etc.
También está la aplicación de la Ley Antiterrorista y de la Ley de Seguridad Interior del Estado en procesos viciados por la utilización de mecanismos de esas leyes, como los ‘testigos protegidos’. Hay que agregar las operaciones de inteligencia policial y política con montajes que pretenden sacar de circulación a dirigentes y militantes. Todo esto no es nuevo para nosotros, también se hacía en dictadura.
Existe una potente campaña mediática que tiene dos objetivos principales: reproducir en el imaginario colectivo la imagen del mapuche ‘terrorista’. Cada vez que los mapuches defendemos nuestros derechos, la prensa nos cataloga de delincuentes o terroristas. Aquello establece una condena previa contra los militantes de la causa mapuche. Esa campaña tiene un alto componente de racismo y no solo proviene de la derecha sino también de los gobiernos de turno. Un racismo que ha existido históricamente y que ha permitido construir un discurso que es parte de la ideología del poder. Los mapuches éramos considerados -en el pasado- sanguinarios, primitivos y salvajes; después nos caracterizaron como flojos, borrachos, etc. Son prejuicios que se reproducen a la hora de situar al pueblo mapuche como actor en este conflicto.
La derecha económica y política ha ganado posiciones para crear la imagen de que las víctimas de la violencia son ellos y no los mapuches”, explicó a los medios con una claridad absoluta. La Madre Tierra dicen los pueblos nativos, que es libre. En Chubut el discurso ambiental debería ir absolutamente alineado con los derechos ancestrales al cuidado de la tierra y al de los pueblos que la honran. Ayer fue el día de la Pachita, y como no podía ser de otro modo la puja por la tierra marcó la agenda política una vez más. Sin dudas un tema para tomar partido.

*Soy Juana de Arco, amiga de Juan de la Sota, fiel del Furia, seguidora de la Sombraonline, y ceniza de tantos…