Por Alejandro Lodes

Busco mi taza, sirvo todo el café que puedo y me pregunto “¿Por dónde andarás que no estás a mi lado?”. Abro la puerta y doy un paso afuera solo para descubrir que es todo una locura. Observo las personas sin entender lo que hacen, pero no me importa ya que en nuestra casa estoy a salvo. Todo este lugar está destruido y quizás sólo quedemos nosotros en esta ciudad abandonada.

Alguien ha chocado un auto contra la casa del vecino, me veo tentado a observar nuevamente el exterior y entonces te veo. Impactado por lo sucedido me acerco a tu cuerpo, y aunque ya estaba frío te cargo hacia el interior de casa. “¿A dónde te habías ido?”. Sé que estoy hablando solo y ahora tengo que decidir.

No puedo evitarlo, soy un adicto y no puedo dejarte, prefiero que me muerdas a tener que perderte. Lo arriesgo todo y me dejo ir. Siento besos violentos en mi cuello y no me importa el dolor, o que tu cuerpo helado me toque.
Nadie dijo que la transición iba a ser fácil. Mis extremidades comienzan a dormirse y me está costando respirar, pero ya no necesito el aire en mis pulmones. Todo se ve más obscuro y pacífico. Mi cuerpo empieza a temblar violentamente, “queeeeeeee estaaaa suced…”. Recuerdo aquella vez en la playa, el sol estaba caliente y nos habíamos metido en el mar. Necesitaba abrazarte, no por el calor sino por tu cariño.

Me cuesta pensar y no sé cuánto tiempo va a durar mi esencia. En las películas siempre cuentan que se guían por el olfato y al cerrar mis ojos puedo sentir tu olor. Voy a permanecer a tu lado y si fuera necesario a encontrarte, de la misma forma que vos lo hiciste para llegar a casa. Ya al borde de lo desconocido, mis pensamientos son de que te he fallado y que no debía suceder así. “Por algún motivo saliste afuera… Quizás fue para protegerme”.
Siento mi cara retorcida, intento hablar pero solo salen ruidos guturales. Este cuerpo ya no es el que era y mis instintos básicos comienzan a florecer. Hambre, morder, olor a sangre, violencia, ahora, empujar la pared, empujar de nuevo, gato, perseguir, morder, parar, olor nuevo, olor a ella.

Por un momento vuelvo a sentirme humano, estoy nadando en ese olor que tanto me atrae, debo intentar llegar hasta allí para hundirme del todo. Mis piernas no se mueven como antes así que voy arrastrándolas en el dolor. Solo recuerdo haber sido mordido y sentirte cerca me motiva a intentarlo. Sé que por ahí estás como si fueras mi alma gemela, y que tarde o temprano alguien vendrá por nosotros. “Debo apurarme en encontrarte!”.

Estabas en la entrada de rodillas, mirando hacia la nada misma. Aparecen más como nosotros pero se mantienen al margen y a diferencia de ellos yo sé que es lo que estoy buscando. En este estado es casi imposible mostrar emociones, quizás estés contenta de verme o triste de observar en lo que nos convertimos y, aunque mi corazón ya no late, experimento algo diferente en todo mi cuerpo. “Ahora que estás cerca todo es posible”.

Nos tocamos y miramos como zombies asustados, nuestros cuerpos errantes bailan y se huelen. Te doy una pequeña mordida para enseñarte que podemos estar juntos en un lugar mejor. Sabiendo que tarde o temprano no quedará nada de nosotros comenzamos a quitarnos nuestras partes. Bocado a bocado nos vamos deshaciendo. Nuestros cuerpos solo dan impulsos inertes, pero somos felices masticándonos.

El silencio se repite una y otra vez mientras la sangre corre por el piso. No fue como lo habíamos planeado pero no podía dejarte ir sola. Unos disparos se escuchan muy cerca. Ahora sé que el amor es infinito y me alegra estar a tu lado para el momento final. “Te amo!”.

– “Hay dos más en el piso juntos… terminen con ellos y sigamos hacia el punto seguro”
– “CLIC CLIC BOOM!”
Cenizas a las cenizas, polvo al polvo, y amor al corazón.