Una tarea compleja: estudiantes que no pueden asistir a la escuela. Respuestas del sistema educativo. Resiliencia y reinserción. Nuevos paradigmas. El caso de Puerto Madryn.


La tradición tanto de la escuela como de la salud a nivel público encuentra un nexo particular creciente en su trayectoria: la educación hospitalaria. ¿Qué pasa cuando un chico se enferma? ¿Cuál es la responsabilidad del Estado? ¿Cómo pensar una pedagogía transversal? Entre la resiliencia y la impredicibilidad. Para conocer más de cómo funciona, dialogamos con la docente Patricia Medina, quien dirige a la Escuela Hospitalaria y Domiciliaria N° 305 “Dr. Andrés Ísola” de Puerto Madryn, cuya sede es en el segundo piso del Hospital homónimo, arriba del sector de Pediatría.

– ¿Qué es lo prioritario en la educación hospitalaria?
– La salud, y luego la mirada nuestra, siempre que la salud lo permita. Si hay alumnos aislados, por ejemplo, consultamos a los médicos. Funcionamos dentro del efector de salud, que es el hospital. Es una tarea conjunta. Hay una intersección entre salud y educación.

– ¿Y cómo se hace para entrar con la educación cuando la salud está frágil?
– Entramos convocados por el deseo de aprender del alumno. Por eso, son muy importantes las estrategias que implementamos, siempre orientadas a lo pedagógico. Hacemos un fuerte énfasis en buscar estrategias para que, en la situación que está atravesando, por un momento, quede supeditado a otras cuestiones. Y buscamos enfocarlo en ese rol, que pierde por la situación de enfermedad, que es el de alumno. Entonces, la mirada de la escuela domiciliaria y hospitalaria es desde el sujeto de la educación, con sus derechos que los tiene a pesar de atravesar la enfermedad, como cualquier otro chico.

– ¿Cómo articulan con el hospital?
La escuela forma parte del equipo interdisciplinario del hospital. Hay un montón de actores que lo conformamos: delivery de alegría, titiriteros, sala de juegos… Una particularidad de las escuelas de esta modalidad es el entramado de comunicación constante con el efector sanitario, la escuela de origen a la que asiste el alumno y con otros actores. Y la familia, que forma parte del contexto en el que nos desempeñamos, tanto en el domicilio como en la sala del hospital. Podríamos decir que la escuela hace el camino inverso al de la común: va en busca del alumno. Es otra particularidad. La articulación es para analizar situaciones y ver la posibilidad de brindar atención pedagógica. Desde otros aspectos, también nos formamos en cómo prevenir cuestiones ligadas a la bioseguridad, hay que tomar todo tipo de recaudos en enfermedades infectocontagiosas.

– O sea que cada una teje su propio camino, en su propia diversidad, no hay una sola forma de hacer una escuela hospitalaria, ¿o sí?
– No, no. Y es una característica que nos lleva a buscar actores de los cuales podamos aprender, intercambiar. Además está el grupo de pares del alumno, su escuela de origen y la docente que es la que nos transmite información sobre su trayectoria educativa. Por otra parte, el alumno es un sujeto en situación de enfermedad, entonces hay que evaluar el impacto que eso provoca. Hay un montón de variables que pueden impactar sobre su desarrollo pedagógico. Por ejemplo, muchas veces están somnolientos por cómo asimilaron la mediación, entonces, el docente tiene que adecuarse a esta impredicibilidad de llegar al domicilio y adaptar la clase o los recursos al alumno.

– El lugar de aprendizaje puede ser en el hospital o en la casa, ¿cómo varía?
– Son dos contextos educativos diferentes, cada uno con sus particularidades. La modalidad tiene una especificidad que tiene que ver con el sujeto de la educación y su contexto. El docente le da forma a su aula en el domicilio, o en la habitación o en el aula hospitalaria para los alumnos que pueden venir. Tiene que instaurar imaginariamente un espacio donde está la situación de la enseñanza y el aprendizaje. Como escuela tenemos que adaptar acontecimientos o acciones que se dan en las escuelas comunes. Por ejemplo, las efemérides las trabajamos con la familia en una clase abierta a la que pueden venir también vecinos. Eso lo vamos registrando y así se conforma nuestro libro de actos.

– ¿Tiene mucha incidencia la participación del familiar?
– Se trabaja mucho en producciones con la familia. En el contexto hay mucha presencia. Siempre tratamos de fomentar conductas resilientes y creemos que la familia forma parte de eso. Intentamos que el alumno pueda transformar situaciones que son muy fuertes desde lo anímico y desde lo físico. Hay algunos que pasan por situaciones de enfermedad grave en que otros disponen de su cuerpo, siente como una invasión. Es uno de los factores que provoca angustia y des-subjetivación. Tenemos que estar ahí presentes, convocando su deseo de aprender y buscando estrategias para que él se predisponga a eso. La familia es fundamental, es la que nos abre las puertas de la casa, nos esperan, si ese día hay un problema nos comunican para reorganizar el horario. La respuesta de la familia influye mucho en el alumno, hay algunas que se hunden y otras que son resilientes y salen adelante a pesar de la dificultad.

– Ante la situación de enfermedad, el rol del docente trasciende el aprendizaje en sí, ¿cómo lo viven?
– Primero que nada, tratamos de crear el vínculo y un clima que invite a formar parte de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Las estrategias son fundamentales para canalizar las sensaciones de angustia, por ejemplo, a través de la literatura infantil, con personajes que pueden sobreponerse ante las dificultades (como héroes y heroínas) . Buscamos, desde esta perspectiva resiliente, que el alumno pueda transformar esta situación que realmente padece, en proyectar siempre hacia la vida. La comunicación con su grupo de pares también ayuda un montón, para eso utilizamos las computadoras de conectar igualdad.

– ¿Cuál es el objetivo de esta modalidad?
– Garantizar el derecho a la educación de aquellos alumnos que por atravesar una situación de enfermedad se encuentran imposibilitados de asistir a su escuela de referencia. La escuela hospitalaria interviene brindándole educación e intentando que vaya a la par de sus compañeros, siempre que la situación de enfermedad lo permita, y que pueda reinsertarse al grupo de pertenencia. Por eso, recibimos la demanda de la escuela a la que asisten, en el caso de que la educación sea domiciliaria, cuando es hospitalaria, no es necesario. Luego se produce el contacto con la docente de la escuela para saber qué contenidos está viendo y los saberes que proyecta para su grupo. Se realizan muchos ajustes de acuerdo a cada caso, por ejemplo, si está fracturado y no puede escribir, hay que ver cómo hacer, qué estrategia implementar. El objetivo primordial es brindarle educación para que pueda regresar a la escuela en las mejores condiciones pedagógicas posibles.

– ¿Cómo es el recorrido de la escuela hospitalaria?
– Se realiza una entrevista con la familia y se diagnostica la situación del alumno para que el maestro pueda elaborar un plan de trabajo y se coordinan días y horarios. Cada docente tiene cuatro alumnos y atiende dos por día, durante una hora y media. La relación es uno a uno. Cuando termina el período de atención se elabora un informe para el docente en el que se consigna qué saberes se trabajaron, las estrategias que dieron resultado, los obstáculos que aparecieron en función a la enfermedad. Tenemos una normativa que regula el marco de nuestra actividad. La modalidad domiciliaria y hospitalaria es transversal al sistema educativo, damos respuesta a educación inicial, especial, primario y secundario.

– ¿Hay algún tipo de conducta o parámetro que pueda tenerse en cuenta a la hora de pautar para sistematizar?
– Y… hay un montón de variables que son específicas de la modalidad. En la domiciliaria, el docente que va a la casa porta la escuela consigo, es el representante, y existen horarios de ingreso, es como si el domicilio fuera el aula. La relación es uno a uno. En la modalidad hospitalaria los tiempos difieren más por la gramática propia del hospital, tal vez hay intervenciones y en eso somos flexibles, para que sean los profesionales de la salud quienes nos habiliten el espacio.

– ¿Qué le recomendarías a alguien que egresa en magisterio y se interesa por la modalidad? Porque hay cuestiones que no se enseñan en los institutos, ¿qué da la praxis?
– Que es fundamental el grupo humano, socializar, comunicar experiencias. Tenemos espacios institucionales para asesorarnos, compartir experiencias, es un trabajo colaborativo. Cuando viene una persona nueva al grupo, nuestro objetivo es que se sienta bien recibida y acompañada. Y así pueda hacer su camino. Hoy hay un conocimiento fehaciente de la actividad, el docente sabe qué es un alumno en situación de enfermedad. La experiencia, la praxis, te va a ir dando insumos para ir formándote en la especialidad. De hecho, hay cada vez más docentes que preguntan, quieren trabajar y se interesan.

– ¿Cómo se enfrenta el dolor? ¿Qué se aprende?
El docente convive con el dolor: de la pérdida de salud y hasta de la pérdida de vidas. En esos casos, contamos con el apoyo de un equipo de gestión donde hay psicólogos que nos contienen, porque más allá del rol, nos impacta como personas. Cuando un docente trabaja en la modalidad, se lleva un bagaje de experiencias que le sirve para la vida, más allá del rol. Me parece que se aprende a valorar un montón de cosas, sobre todo, a la diversidad. Porque trabajar con cuatro alumnos que provienen de distintas escuelas, con edades, ritmos y situaciones distintas, te lleva a aprender a adaptarte al ritmo de cada uno. El docente también se transforma en un agente multiplicador ligado a factores de prevención en la salud.