Para 1884 cuando se define la Ley de Territorios Nacionales en el país, en Chubut hacía casi veinte años que la Colonia Galesa crecía aceleradamente. Un censo arrojaba que solo en el Valle había 1.205 habitantes de los cuales 783 eran galeses. Producían trigo, cebada, forrajeras y hortalizas. Contaban con 6.193 cabezas de ganado, de las cuales una tercera parte eran vacas lecheras, tenían más de 2 mil lanares, 2 mil caballos, 200 cerdos y unas 3 mil aves de corral. Y eso que recién hacía 10 años que habían podido poner a funcionar bien los canales de riego, un proyecto de ingeniería que llevó adelante el agrimensor Eduardo Willliams con sistemas de compuertas que permitió no sólo potenciar el Valle, sino superar en parte las imprevisibles inundaciones que año a año les destruía todo.
La Colonia tuvo sinsabores, desencantos, fracasos, desencuentros políticos, pero por sobre todas las cosas a su gente les sobraba tanta romántica aceptación como pragmática decisión para superarlo todo. Lo sintetizó un gastado grabado en un añejo sauce del Valle que dicen que rezaba: “mis lágrimas te cedo porque tu madera será cuna, cama y féretro”