“¿Quién ganó en Dunkerque?”, titula el columnista Zuleta Puceiro y explica ampliamente: “Lo plantea la tremenda película de Cristopher Nolan. También lo discute el oficialismo de puertas adentro, como se notó en la previa y la posterior del acto de la Rural, que fue un show de la murmuración sobre si la derrota del miércoles, de la moción de destitución de Julio de Vido, puede ser el germen de una victoria, como fue la huida de Dunkerque para quienes años después ganaron la guerra. Pasada la furia, el Gobierno se siente forzado a festejar. Pero también a sacar lección de ese retablo legislativo, que ofrece no ya una radiografía. Es toda una tomografía computada de la conducta de los dos bandos en pugna, que repite las anteriores: el peronismo se junta cuando lo gana el temor al ´vienen por nosotros’ ”.

Una pelea espóntanea, fuera de libreto

“El oficialismo precipitó la pelea sabiendo que perdía la votación. Nicolás Massot, encargado del tablero, había avisado a Olivos hace 10 días que el resultado sería casi el mismo que se vio en la votación del miércoles. El Ejecutivo tomó distancia de la pelea que, en el fondo, fue una bola de nieve que se fraguó en el Congreso. Discutir a De Vido fue la respuesta de Cambiemos a Sergio Massa, que había pedido discutir los fueros y no a la persona. Por eso no hubo muchos candidatos, salvo Elisa Carrió – comandante en jefe de la partida -, que tomasen la bandera para su campaña. No figuraba en los mastiquines que les mandan del comando de la calle Bolívar, por lo general unos mapas con turnos de timbreo”.

Carrió-De Vido, la guerra que Cambiemos heredó

“Sólo Mauricio Macri y Marcos Peña fatigaron los micrófonos fustigando al ex ministro. Se entiende: la pelea Carrió-De Vido precede a este gobierno y a la existencia misma de Cambiemos, como recordó la diputada. Ella sigue una estrategia en el asunto que le cuenta a pocos, y que despliega con sorpresas para todos. A ver si nos entendemos: no hay que preguntarse por el rol de Carrió en Cambiemos sino al revés, por el rol de Cambiemos en la trayectoria de Carrió, a quien Macri compró, para su ventura, llave en mano. El martes Mario Negri informó el panorama de la votación y coincidió con el pronóstico de que se perdía, pero que era inevitable que la sesión se hiciera. ¿Quién quería postergarla? Massa, por ejemplo, uno de los perdedores de esta batalla. El Gobierno no acudió con más pertrechos en auxilio de los aliados en el Congreso. Negri escuchó la sugerencia de ser el vocero de esa reunión de coordinación del Gabinete, pero prefirió dejarle el micrófono a otro, por ejemplo “Pancho” Cabrera, para que hablase de las pymes. Nunca hubo un momento de mayor cercanía entre el Ejecutivo y los jefes del interbloque de Cambiemos. Éstos se ufanaban este fin de semana de que cumplieron: no faltó ninguno de sus legisladores a la sesión. Fue la única bancada que disciplinó a todos sus miembros. ¿Quién falló? En el recuento de Massot faltaron 15 votos para voltear a De Vido. Con gestos, desde el Congreso señalan al Ministerio del Interior, que no pudo mover a ninguno de los gobernadores, a quienes subsidia para llegar a fin de mes, para que lo ayudasen con los votos del milagro”. Es el término que usó Carrió para describir el objetivo de sacarlo a De Vido del Congreso. En junio de 1940, la prensa inglesa llamaba a la evacuación de Dunkerque, el “bendito milagro”. Rogelio Frigerio responde que el voto sobre De Vido repite el del peronismo contra la reforma política en diciembre pasado. Los gobernadores creyeron de nuevo que el oficialismo va a por ellos; antes fue la boleta electrónica, ahora De Vido´”.

A favor y en contra

“En la cúpula del Gobierno el diagnóstico está dividido: a favor, valoran que ganaron tres semanas de campaña sin que los diarios hablaran de economía y que pusieron el eje, para en lo que resta, en la corrupción. Este consenso tiene un costado débil: creer que la elección se libra en la prensa. Si fuera así, habría fiesta en el Círculo Rojo, pero las elecciones se disputan en otros territorios menos dominables por los mensajes periodísticos. En contra, anotan que es una señal negativa hacia afuera del sistema construir un adversario como De Vido y después dar a entender que no lo pueden destruir. Si lo sabían, ¿para que fueron a la pelea? El comando de campaña, que no está en Congreso, entró en la pelea sólo con Macri y Peña, porque entendió que esta táctica puede resentir la estrategia”.

Que no se te junten todos los enemigos al mismo tiempo

“La estrategia de Cambiemos sigue ligada a la construcción de la herramienta que le hizo ganar las elecciones de 2015, que es la consolidación del Partido del Ballotage, que sindica en un candidato y en un programa todos los votos del no peronismo. El oficialismo puso esta semana en riesgo esta estrategia que, si la mantiene, puede darle la reelección a Macri en 2019. Lo hizo para conceder el movimiento táctico de la batalla contra De Vido, porque le mejora el marketing, que es de lo que ocupan los tácticos en este juego. La puso en peligro, porque incumple otro principio milenario de la estrategia: nunca dejés que se te junten todos los enemigos enfrente al mismo tiempo.

Peronismo sinuoso

Esto fue lo que hizo el arco opositor: se movió sinuosamente para arrinconar al oficialismo: 1) el cristinismo sentó, disciplinado, a todos sus diputados; 2) deshilachó al peronismo disidente: Massa vio cómo un Héctor Daer, a quien hizo diputado y que ya se había ido con Florencio Randazzo, abrazaba a De Vido. El jefe renovador presionó para que la sesión se postergase y mezcló el debate con presentación de proyectos sobre precios. Graciela Camaño – en señal que pocos percibieron – por primera vez no cerró el debate como jefa de la bancada; 3) arrastró al movimiento Evita, que también estaba con Randazzo, y que le bolsiquearon al Gobierno, junto a otras tribus de la “economía popular” y con bendición papal, $30.000 millones hasta 2019. Paga Mario Quintana. Diego Bossio, que tiene más de diez diputados, aportó sólo un par a la condena; 4) lo salvó a De Vido sin que ninguno de los diputados alzase la voz en reivindicación de la honorabilidad herida del ex ministro, que es lo que se discutía. Los discursos se concentraron en castigar al macrismo y hablar contra el Gobierno. Resumen: tapándose la nariz, la oposición se atrincheró para impedir que el Gobierno pudiera festejar algo a tres semanas de las PASO. A ver si se entiende: cada partido trabaja para su propio público, no para el del adversario.
El Gobierno tiene que cuidarse de estos desacoples entre la estrategia y la táctica, para que un Dunkerque como el del miércoles pasado sea una victoria moral como aquella de 1940 y no se le convierta al oficialismo en otra encuesta previa a las PASO, en una virtual PASO de las PASO, que les va descontando el movimiento hacia arriba del dólar. (…)”

Fuente: ZuletaSinTecho