La magia de la vida sin embargo permitió superarlo todo. Apenas a los doce días de estar en esta nada, exactamente el 10 de agosto de 1865 nació la primera galesa en territorio argentino, Maria Humprheys, en el sitio que hoy se conoce como “Loma María”.
Tenía pocos meses cuando protagonizó, junto a su madre, un hecho paradigmático de la cultura de lo femenino. *El tiempo fue pasando y nada sabían de los indios, tanto que pensaron que en realidad no existían por esos lugares. No por ello sus preocupaciones terminaron. Todos los días espiaban las nubes por ver si traían la lluvia que necesitaban para hacer crecer las semillas, pero nada. Las provisiones que el gobierno argentino les había dado se estaban terminando y como eran humanos, desesperaron, entristecieron y hasta quisieron volverse.
¿No era desafiar a Dios pretender doblegar una tierra de la que nada se conocía? Hasta la corteza del pan usaron para hacer té y contaban que los chicos tenían la boca verde de comer hierbas, raíces y tunas cubiertas de espinas.
Mientras, la vida continuaba. Como los campos eran grandes las casitas quedaban muy lejos unas de otras. Un día, Elizabeth estaba en su casa con su pequeña Mary –la niña que había nacido en la playa–, mientras su marido, que era carpintero, se hallaba ausente por trabajo. Los indios aparecieron silenciosos mientras Elizabeth estaba distraída en sus quehaceres. No los escuchó llegar, hasta que allí los vio. ¿Cómo adivinar las intenciones en esos rostros curtidos e impasibles? Las pieles que los cubrían les daban un aspecto amenazador, salvaje y diferente. Elizabeth quedó paralizada. Trató de recordar lo que se había hablado acerca de qué hacer cuando llegaran los indios, pero sólo atinó a tomar en sus brazos a su bebé y quedarse quieta. ¿Cómo decirles que ellos eran mujeres y hombres de paz? Se dejó guiar por su instinto y apeló al amor maternal: buscó la mirada de la mujer india que estaba con el grupo, caminó hacia ella y le puso a Mary en los brazos. No hicieron falta palabras

Aquella galesa

Esa huella profunda, mansa, firme que marcó Elizabeth Harriet Adams de Humprehys al ofrecer a la pequeña Mary como voto de confianza a los nativos, fue haciendo camino. Elizabeth casada con Morris Humprehys, el carpintero que armó todo el interior del barco Mimosa, tuvo seis hijos más. Uno de ellos, Eduardo Humprehys casado con Elizabeth Heinge tendría a su vez nueve hijos. Una de ellas, Isabel Andes Humprehys se casaría con Ataliba Santiago Centeno, y de esa unión nacería nuestro periodista y amigo ya desaparecido, Roy Centeno Humprehys. ¿Cómo no atesorar entonces cada historia familiar de esta Colonia que indefectiblemente llega de algún modo hasta nosotros en cada vínculo?

El descendiente

Apenas tres puntos en la línea del tiempo antecedieron a Roy. A la imagen y rol imponente que tuvo aquella primera galesa, la bisabuela Elizabeth; no menos importante le resultó la impronta que marcó con su espíritu el abuelo Eduardo, uno de los miembros más ilustres de la Colonia, comisario de 16 de Octubre y uno de los fundadores de Esquel. Es su vida casi de novela, su lucha ética en defensa de los derechos humanos de los aborígenes y los presos, hecho que lo enfrentó con la posición de las autoridades nacionales, que utilizaron la fuga de Butch Cassidy, Sundance Kid y su compañera Ethel como buen pretexto para tomar revancha por eso y exonerarlo, en lugar de aceptar su renuncia indeclinable. Un hombre de convicciones, fortaleza inigualable y gran tesón. Su hija Isabel casada con Ataliba Centeno, traerían un cuarto punto en esta corta línea de la historia: Roy. Un compilador de miles de pequeñas huellas que construyeron parte del otro camino, el cultural, el que vale la pena seguir transitando por sus libros: “El Evangelio y don Eduardo”; “Capraro, el emperador de Bariloche”;
“Go Patagonia, dijo Edwin”, “El hombre que se creía tango” y “La Sobrina”, además de un próximo ejemplar próximo a salir a la venta, de compilaciones de contratapas que editaba en nuestro Diario, donde Roy sintetizaba con inigualable humor, datos históricos y anécdotas “Cómo nos cambió la Vida”. Todo un sendero entre Gales y Patagonia.