El viaje hacia la Nueva Patria ya había comenzado en la cabeza de los galeses, y en las campañas de reclutamiento, y en el ahorro de dinero y en una ola imparable que rompería en una costa que quedaba a 13 mil kilómetros de lo conocido.
Mientras, el 27 de agosto de 1863 se presentaba ante el Senado el ministro del Interior, doctor Guillermo Rawson para elevar un proyecto de ley aprobando un contrato de colonización para los galeses.
Los senadores, muchos de ellos viejos caudillos,
fruncieron el ceño al conocer el proyecto.
El Poder Ejecutivo al mando de Bartolomé Mitre, proponía un convenio con una compañía de inmigrantes formada en Gran Bretaña, en el país de Gales.
La propuesta contemplaba la llegada de contingentes
galeses que se instalarían cerca del Río Negro y el gobierno les daría tierras para explorar.
En nombre de esta compañía firmaban John Love Parry, conde de Madryn y miembro
de la Cámara de los Comunes, y Lewis Jones. Por nuestro gobierno firmaba el doctor Guillermo Rawson.
Felíx Frías fue el primero en oponerse explicando
que no convenía la llegada de pobladores
de religión protestante que podrían tener demasiada expansión. No sería el único. “El sólo pensamiento me asusta” diría Madariaga, y Valentín Alsina iría aún más lejos, alegando que hasta el lugar era un problema, dado que “Todos los campos que median entre el Río Negro y el Chubut, no sirven para nada; son salitrales inmensos o no tienen destino en lo humano”.

No pero sí

El rechazo fue categórico: 21 votos en contra y 5 a favor. No sería la primera vez que la política erraría una predicción social…
Afortunadamente y pese a todo, el ministro Guillermo Rawson defendió el proyecto con el apoyo de Mitre, y los tesoneros galeses hicieron lo suyo. Ni la oposición de los políticos ingleses ni la de los senadores argentinos pudieron torcerles la mano. Se encomendaron a los dioses de todos los tiempos, enarbolaron el dragón y llegaron un 28 de Julio de 1865 a la Bahía Nueva.
Después de un viaje sin retorno que duró de una costa a la otra dos meses y tres días, descendieron en lo que hoy es Puerto Madryn y desde allí comenzaron una lenta pero persistente colonización del Chubut, dejando su impronta en todas y cada una de las comunidades hasta hacernos lo que somos.