El trabajo y la fe eran la base de la austera vida que anhelaban los migrantes. Por ello contar con su parcela y su vínculo con la tierra, producir bienes básicos y disfrutar del entorno familiar lo era todo. Con la visión de conjunto que se generó en la colonia, se conformó probablemente la institución más influyente fue la cooperativa de la Compañía Mercantil del Chubut, cuyo idioma de manejo cotidiano fue el galés hasta bien entrado el siglo XX. Tuvo efecto vinculante galés-argentino y dio un sentimiento de logro y control sobre los asuntos económicos que tenía influencia concreta en las transacciones que se hacían en toda la Colonia, desde la costa a la cordillera. El sustento económico de los galeses era la agricultura pero difícil fue la tarea en una tierra árida y con escasas lluvias. Cada cosecha fracasada era motivo para pensar en abandonar la zona y buscar tierras más benévolas. A finales de 1867, Rachel Jenkins descubre que se puede regar la tierra desviando la corriente del río Chupat. A partir de ahí, les llevó diez años aprender el cultivo por riego y construir los canales que les permitiría disponer de un valle fértil. A mediados de 1870 comenzaron los grandes cosechas y hasta incorporaron máquinas importadas, llegando a exportar trigo. Intentaron comprar un barco propio y luego vendría el ferrocarril con la posibilidad de unir el territorio acortando distancias y trasladando mercancías, pero con el también los capitales y ciudadanos ingleses.