Por Ignacio Zuleta

El peronismo descubre la política. Que no sea tarde, porque todo lo que ha hecho siempre fue desde el Estado con plata del Estado y con verticalismo estatal. En esa pretensión de llaneza, rara en la política popular de mercados que regula el sistema político en la Argentina desde hace años, ancla Cristina de Kirchner su proselitismo para las PASO de agosto. La emulación duranbarbista de los cabildos 360° y la apelación al subconsciente de las redes es el último envión de su biografía política, nacida de un mandato hereditario de su marido y que parece buscar una legitimidad democrática. Salir del poder deviene de arriba para abajo y ensayando que suba de la base hacia el vértice. Una audacia que puede convertirse en una quimera, otra, si transita de nuevo por los atajos que brinda el propio poder. Difícil abandonar una vida de simulación.
Ahora Cristina busca los votos de la revancha y por eso les dice a quienes la escuchan en los actos foquistas, encapsulados y entre vigilantes, sin luz ni prensa, que la campaña hay que basarla sobre “lo que hemos perdido”. Claro que el público gana y pierde algunas cosas muy distintas que las que ganan y pierden los políticos. En esos encuentros que le arman Tristan Bauer y el catalán Antoni Gutiérrez-Rubi, busca disputar voluntades explotando lo que Jaime Durán Barba llama la “economía de la conversación”. Por eso Cristina, que nunca escuchaba a nadie, ahora sólo quiere escuchar.

Los unos

“Si creen que vengo a acá a bajarles línea es que no hemos entendido nada”, les dijo a quienes fueron el lunes pasado a la “cueva” de Eduardo Valdés en el barrio de Almagro.
Cerca de un centenar de personajes del rubro media & entertainment (vulgo farándula) se agolpó en el museo que tiene el ex embajador en el Vaticano junto a su casa y que ha bautizado “Café las Palabras”, el mismo rótulo que tuvo un recordado programa de cable con Rafael Bielsa. Fue por gestión de Oscar Parrilli, que buscaba, por pedido de la jefa un lugar apropiado para una reunión cerrada. Esto de los actos privados para buscar votos, que son públicos, es una extraña novedad que también comparte el macrismo.
En los actos del presidente, los entornistas que se acercan a la convocatoria tienen que firmar un acuerdo de cesión de imágenes para spots, una forma además de controlar a cada asistente.
En Cristina se entiende además como reconocimiento tardío de la ex presidente de que hay una “deep” política, así como hay una “deep web”, por donde transcurren cosas que ella no ve, pero que otros sí y que es un mercado posible para la cosecha electoral. A todos los pone ansioso esa fantasía de que Macri ganó por esa marea subterránea pero invisible de las redes. Justifica el retorno de los brujos, que dicen mirar lo que es invisible para los demás.
Ha pasado una década desde que su ministro Héctor Timerman descubrió el tuiter. Fue el primer funcionario de su gobierno que escaló a la fama en las redes sociales; el público ha olvidado ese antecedente, que figurará mañana en el récord de estos tiempos. La propia Cristina se burlaba de los funcionarios que estaban todo el tiempo en el tiqui-tiqui del teléfono. Ella fue quien lo mandó a callar a su canciller cuando incurrió en una respuesta resbaladiza sobre la conducta afectiva de Martín Redrado. Timerman cerró su cuenta, que había sido precursora de lo que ahora, tarde, descubre quien fue su jefa.
Tanto cree Cristina – o quien le da letra táctica – en la clandestina economía de la conversación, que mandó a que no hubiera periodistas en ninguno de sus actos. Todo gacetilla. Y que nadie cuente nada de lo que se habló esa tarde en lo de Valdés. Incluso avisó que las imágenes debía filtrarlas el cineasta Bauer para usarlas en spots que ya se conocerán. Alguno de los presentes no resistió y colgó fotos y videos de ese encuentro, pero le llegó el aviso del Big Brother de que borrase las imágenes de la red. Brujuleando por la red, se encuentran algunas, como las que ponemos aquí (Ver foto de Cristina con el candidato porteño Juan Manuel Valdés). Allí Cristina les dice a los invitados que quiere escucharlos a ellos, que le cuenten sus malandanzas en el oficio de media & entertainment. Ese segmento profesional es, se sabe insaciable, y vive colgado al Estado. Por eso todo fueron lágrimas y reclamos de fiereza para volver al gobierno de la década ganada.

Los otros

Éste es un padrón que tiene adeptos también en el oficialismo de Cambiemos, pero que se cuida de quejarse mucho porque están todos curtidos de haber vivido bajo el agua durante años de gobiernos peronistas. Lo dijo Luis Brandoni hace algunas horas: “De 1500 películas que se hicieron durante el kirchnerismo, yo hice 4”. La novedad es para quienes ahora que se han quedado sin Salón Blanco ni Olivos para las algaradas que hacían con Perón en los años´50 Mariano Mores o Juan Carlos Mareco (animadores de la farándula de antaño), en los ’90 Menem con Adriana Varela, Charly García y hasta María Elena Walsh, o en los últimos años

Flor de propuesta

Más en la profundidad de los hechos, Cristina confesó algunas razones de su navegación electoral: 1) lo quiso a Florencio Randazzo en la lista, pero éste le rechazó todo. “Le ofrecí ser candidato a senador y nunca contestó – contaba ella esa tarde del lunes entre café y galletitas -. Se me vino encima el acto de Arsenal y el señor Randazzo no aparecía. Cuando llegó ya era tarde, el viernes antes del cierre. Me lo trajo Jorge Taiana, a quien ya le había ofrecido ser el segundo de mi candidatura, a pedido de Alberto Fernández. Le ofrecí encabezar la lista de diputados y darle tres puestos más, entrables, a gente de él. Tampoco quiso”. No explicó qué le pidió el ex ministro, pero la respuesta está seguramente en las condiciones que puso ella: que no hubiera en la lista ninguno de los legisladores que le han votado leyes a Macri en el Congreso. Ellos son el límite. ¿Ejemplos? Juan Manuel Abal Medina. ¿Y Julián Domínguez? Tampoco, porque la hirió en su condición de mujer cuando dijo que era un envase viejo, o algo así.
Le preguntaron por qué va sin el PJ. Porque ir por adentro la obligaba a una campaña convencional, la que quiere el macrismo para descalificarla. Yendo por afuera no tiene que competir con nadie, no se obliga a ningún debate, decide el formato, ningunea a todos, le niega talla a cualquier adversario. Hace lo que quiere, aunque tenga que pagarse ella la fiesta porque habrá menos fondos.
Inadmisible para Florencio, al que en el fondo también le estaban eligiendo a su gente. Comprensible en ella, porque para Cristina una campaña es una fiesta privada.(…)
Es difícil entender que han querido hacer Florencio y Massa anotándose para senadores en una pelea que concentran Cambiemos y el cristinismo, y que puede dejarlos fuera carrera. “No entienden que siendo candidatos s diputados quedaban dentro del sistema. El que se queda afuera no existe más”, es el dictamen del peronismo K. En el sector del peronismo anti K que representan los dos ex ministros de Cristina (Flor y Sergio) hay una sensación de derrota. “Nos equivocamos”, dicen ahora, después del cierre de listas para las PASO. “Es un fracaso porque hace un año creíamos que Cristina se terminaba y que no la seguiría nadie del peronismo. Que eso no haya ocurrido es un fracaso nuestro”. Nunca lo dirán en público, pero lo admiten entre cuatro paredes. (…) Habrá que ver…

Fuente: ZuletaSintecho