En el viaje habían muertos varios, sobre todos niños, el futuro, la razón de cualquier familia. Eran imágenes duras e imborrables en la vida familiar.
Cuando Michael Jones festejó en el muelle del Victoria Dock que la colonización estaba a flote y se disponía a elevar anclas, también meditaba profundamente sobre sus desvelos. Entre el grupo embarcado solo quedaban dos agricultores, el resto eran mujeres y niños y aventureros. Sin embargo, el entusiasmo fue una receta más secreta aún que la de la torta negra.

Mentiras piadosas

A los inmigrantes les habían contado que el Valle del Chubut se extendía unos 450 kilómetros y en realidad no eran más que 90. Que el río era navegable decenas de kilómetros y en realidad eran sólo 2. Que había árboles llenos de manzanas, grosellas y uvas en abundancia a tal punto que cuando maduraban, caían al río y agitaban su superficie, pero pocos frutos había comestibles por estas latitudes. También decían que había innumerables rebaños de vacas a la espera de quienes las ordeñaran, mientras que el guanaco era plaga, al igual que el puma y el choique.
David Williams vendía en el Manual del Colono, “fértiles tierras con colinas cubiertas con bosques de toda clase por la zona de Madryn”. Toda una utopía.

El cachetazo de realidad

En realidad cuando llegaron los colonos mareados y vomitosos, Lewis Jones y Edwin Roberts que esperaban desde junio al contingente, subieron a bordo y les hablaron de este modo, palabras más palabras menos: “Veo en la lista de nombres que ustedes vienen de diferentes condados de Gales y que entre ustedes hay toda clase de oficios. Como este año ya pasó la temporada de preparar la tierra y sembrar, opino que será mejor encarar otros trabajos que nos darán ganancias inmediatas. (…) Al norte de Madryn (hacia el lado de Valdés) hay mármol negro que se vende a 5 libras la tonelada. En Valdés también hay caballos que fueron abandonados por los españoles y que a los jóvenes seguramente les gustará ir a juntarlos para poner al servicio de los colonos. Además, cerca de la boca del río hay cascajo de conchillas valuado en 2 libras la tonelada. Es un lugar conveniente para que personas mayores las junten y preparen la carga de un barco. Más hacia el sur hay una isla llena de guano donde los de edad mediana pueden ir por unos pocos meses y preparar cargamentos, ya que se vende a 5 libras la tonelada. Los carpinteros y otros pueden construir casas y cuidar de las familias, y al final de la temporada distribuiremos las ganancias para comenzar a trabajar las chacras. Ahora me voy a Patagones a buscar mas provisiones para ustedes (…)”.
En tierra los esperaban apenas cuatro caballos, dos carros, una decena de vacas, ovejas y apenas unas sorprendentes cuevas empalizadas que oficiaron de refugios semi-excavados en la roca. Un depósito de víveres, un pozo de agua salobre y un primer tramo de no más de cinco kilómetros de camino abierto a pico y pala hacia el Valle completaban la mínima avanzada.
Tratando de atajar el frío insoportable de un invierno patagónico como el de ahora, los colonos se cobijaron en los socavones de la actual “Punta Cuevas” y en lo más tibio de cada día salían a explorar de a poco el terreno. Un testimonio escrito en amarillento diario personal asegura
En la soledad de la Bahía y atenuado por el viento cortante se escuchó el “Hip, hip, hurra!” de algunos, mientras la arena disimulaba las lágrimas de otros.
“Desde Liverpool hasta el desembarco nadie había pasado necesidad alguna, pero desde el día en que llegamos empezamos a tener un contratiempo tras otro. (…) Éramos poco más de 150 personas de ambos sexos y de todas las edades, que nos encontrábamos en la costa de un país desconocido, lejos de las comodidades acostumbradas, y que teníamos que cruzar decenas de millas de campo seco para alcanzar el valle donde pretendíamos establecernos.” Este relato inicial es de David William que tenía 36 años. Fue el primero en avanzar solo hacia el Valle dada su ansiedad luego del desembarco. Se perdió ese mismo día y fue hallado muerto en noviembre de 1867 en el “Bajo de los Huesos”, que debe su nombre a este hallazgo. Así sería el inicio de la colonia, extrema, cautivante, sorprendente, avasalladora…
Desde que el primer grupo avanzó hacia el río y se quedó sin agua a los dos días, pasando por el avance a la cordillera en busca de las leyendas del oro, y hasta el tendido del ferrocarril, todo implicó sueños extremos e iguales angustias
Atrás la inmensa masa oceánica tapaba con su vaivén chilloso los cantos congregacionales, las estrofas Hen Wlad Fy Nhadau (himno) dejando demasiado lejos la Cymru an byth (Gales para siempre), los olores de Cardiff, los pasos del rey Arturo y la seguridad de su mágica Caledfwlch (espada), el santo equilibrio de los dolmen.
Adelante, el inmenso horizonte que separaba la actual Madryn con Trelew o Esquel prometía otra vida, lejos del yugo inglés, espacio inmenso para atesorar los propios valores y cantar los versos en el “idioma del cielo”, pero todo estaba por hacerse.
Dicen que Edwin Roberts –por ejemplo- desmontó él sólo, ocho kilómetros de maleza abriendo camino mientras esperaba la llegada del Mimosa con sus compatriotas.
Cada paso era temido, cada colina ocultaba supuestos, cada remolino de viento a la distancia parecía un malón cercano… Así fueron los comienzos de Chubut