Tal vez fueron los primeros en atravesar el Tigris arrastrando escritos, sin embargo no son tantas las certezas que la cultura celta estuvo dispuesta a imprimir, además de sus cuerpos tallados de días, noches, símbolos y sentidos

De todas las corrientes que emigraron, los celtas mantuvieron una constante: la búsqueda de una tierra prometida. Sería “El viaje de Brad”, aquel cuento del siglo VII que invitaba a esos “Otros Mundos” hacia donde cumplir la misión alegórica de llevar una rama de manzano de Emain. Territorios cristalinos, de capullos generosos, caballitos de mar briosos, dulce armonía y ninguna tristeza. Un reino mágico “más allá del océano del oeste”

La inmigración galesa trajo ese espíritu pegado en el alma. Y la comunicación fue clave para mantener el espíritu vivo. La prensa fue uno de los pilares para la construcción social, y los primeros periódicos consistían en que cada uno donaba una hoja donde se escribían las principales novedades y luego se repartían entre los vecinos.

Y porque los caminos de preservar el ser son interminables, las historias, las canciones y los poemas fueron y son la especialidad de los bardos pero a costa de oralidad, los escritos se convirtieron en piezas casi sagradas.

La memoria conserva la tradición, y cuando lo desea le da sentido a la luz de Awen, el fluir de la inspiración. Todo sucede a través de los seres.

Por eso los bardos, el primer estadio iniciático debían estudiar siete años y llegar a memorizar trescientos sesenta y cinco historias, una por cada día del año, luego reformularlas en cuentos que enseñen e inspiren, capaces de conservar conceptos como de mover al público.

De este modo, la historia se transformaba en mitos y leyendas que informaban un sentido de identidad personal y cultural.

Aquellas letras eran las verdaderas maestras de la transformación. A través de ellas se aprendía el comportamiento correcto, las creencias de los antepasados, la naturaleza de los dioses, la magia que conserva la vida cotidiana y sus increíbles desafíos, el Otro Mundo y sus habitantes, el ir y venir por el ser.

Ellos, solo eran el medio. Como el periodismo que intentamos…