A unos cuatro meses del desembarco las promesas del Gobierno argentino no se cumplían porque el Senado no había aprobado la instalación de la Colonia. Lewis Jones debió partir con varios para Buenos Aires a destrabar la cosa, pero de entrada le costó ser relevado como dirigente del grupo. Del grupo dirigente debieron viajar unos ocho colonos, de los cuales muchos volverían ocho años después, entre quienes estaba el doctor Green.
Los que quedaron se mantuvieron guardando dos tesoros casi inservibles para aquellas latitudes: un cofre de dinero, en un lugar donde no se podía comprar nada; y un cofre completo de medicinas, pero todas rotuladas en latín, por lo tanto nadie se daba ni la menor idea de que cosa aplicar en cada padecimiento.
Ocho meses después llegaría el buque Tritón, y en él, un doctor, que les tradujo los nombres de los medicamentos por fin.