La canciller alemana, Angela Merkel, recibirá como anfitriona en su ciudad natal, Hamburgo, a sus homólogos del G20, consciente de que tiene una ardua tarea por delante para conciliar visiones contrapuestas en muchas cuestiones de alto impacto global.

“Ya conocemos determinadas posturas del gobierno estadounidense y no espero que tras un viaje de dos días a Hamburgo se alejen de estas posiciones y, de repente, vuelvan a aparecer en la declaración final (de la cumbre)”, admitió recientemente la mandataria alemana sobre la que será la primera reunión de este tipo del presidente estadounidense, Donald Trump.

“Hay un buen número de cuestiones que generan controversia que hay que debatir”, agregó, al tiempo que señaló que no espera que el encuentro de dos días de los Veinte termine con una posición común en todos los temas.
Para Merkel sería un sueño si la cumbre sirviera para que Estados Unidos no se aísle del mundo, si los manifestantes anti capitalistas son incapaces de cumplir con sus amenazas de “quemar” la ciudad, si la policía consigue controlar la situación y si no hay ningún atentado.

Pero el sueño parece ser solo eso, un sueño, al menos en lo relativo al nuevo inquilino de la Casa Blanca. Trump llega a Hamburgo como una gran caja de sorpresas en un momento en el que reina la desconfianza entre Washington y Berlín.

Nadie sabe realmente qué es lo que trae consigo, pero todos tienen claro que tiene el poder para hacer añicos las aspiraciones de la cumbre en ámbitos como el clima o el libre comercio.

Su decisión de sacar a su país del Acuerdo del Clima de París -que tiene como principal objetivo limitar el calentamiento global a menos de dos grados centígrados en comparación con la época preindustrial- y renegociar o frenar los acuerdos del libre comercio, que considera injustos para Estados Unidos, ha desatado la preocupación en la comunidad internacional, que ve cómo han vuelto a resurgir fantasmas del pasado.
“El que crea que los problemas de este mundo se pueden solucionar con el aislamiento y el proteccionismo, comete un craso error”, declaró Merkel la pasada semana ante el aplauso del pleno del Parlamento alemán. “Desde la decisión de Estados Unidos de abandonar el Acuerdo del Clima de París estamos más decididos que nunca a trabajar para que sea un éxito. En otras palabras: el Acuerdo del Clima es irreversible y no es negociable”, dijo a continuación en tono desafiante.

Merkel reconoció que el disenso con Estados Unidos en este campo es notorio. “Disimularlo no sería honesto. En todo caso, yo no lo haré”, advirtió.

En un intento de conciliación, la líder alemana se reunirá con Trump mañana por la tarde, informó la agencia de noticias alemana DPA.

En una conversación telefónica previa, el sucesor de Barack Obama afirmó que espera “ayudar a Merkel a lograr que la cumbre sea un éxito”. Sin embargo, la líder conservadora no se hace ilusiones en ámbitos como el clima, aunque en otros temas como la lucha contra el islamismo radical existan más posibilidades.

El viernes, todas las miradas estarán puestas en el primer encuentro entre Trump y el presidente ruso, Vladimir Putin.

Junto con Trump y Putin, otro de los protagonistas de la cumbre será el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que pisa suelo alemán por primera vez desde que hace unos meses acusara a Alemania de actuar con “métodos nazis” al prohibir el país europeo actos de políticos del país del Bósforo. Desde entonces, las relaciones entre los dos países pasan por sus momentos más bajos.

Mientras las relaciones con Estados Unidos zozobran, el presidente chino, Xi Jinping, parece navegar con mano firme en aguas internacionales sabedor de que potencias internacionales como Alemania miran ahora en su dirección en temas como el comercio o la protección del clima, ya que ningún otro país como el gigante asiático emite tantos gases con efecto invernadero.

“En tiempos de incertidumbre a escala mundial, Alemania y China pueden contribuir a aplacar un poco esta incertidumbre y, como consecuencia, a lograr un mundo un poco más apacible”, destacó Merkel al recibir a Xi en Berlín.