El control de los animales en tan vasta estepa se les hizo muy difícil a los galenses, por no decir imposible, pero estas agotadoras experiencias, con el tiempo se convirtieron en graciosísimas anécdotas que terminaron animando tertulias. Gentes acostumbradas a tanta organización, enfrentadas a tanta nada… En breve comprobaron que de las mil ovejas compradas les quedaba menos de setecientas. Los bueyes llamados Brian y Spidwal adquiridos para arar no sabían hacerlo, y corneaban resistiéndose al yugo. Los caballos no cargaban el agua, así que había que derramar parte de ella para aliviar el peso o empujar del carro.
En fin, hasta las bestias parecían jugar en contra. Sin embargo, a una de las que mejor le fue resultó ser la custodia de los cerdos, la señora Eleanor Davis quien incluso llegó a recuperar ovejas y otros cuadrúpedos haciéndose muy popular entre sus vecinos por tanta habilidad.
En fin, en los principios de la Colonia, como en todo contexto extraño, surgieron toda clase de dudas sobre que se entendía por “ser superior”.