El discurso prevalente en la política argentina actual es seguir esperando a los grandes inversores, esos “salvadores” presuntos que llegarán si se generan determinadas certezas y seguridades, activando la economía y generando un futuro de derrame. Esta ilusión de cambio, es una quimera simplificadora de un sistema capitalista que ha mutado dramáticamente en todo el contexto mundial y ya no se tienta con países emergentes, pero por sobre todo es un verso destructivo que va desangrando la matriz productiva nacional, con complicidad gremial, inercia partidaria, desazón empresarial e impotencia ciudadana.
Para sustentar lo dicho, sólo basta analizar que las Pymes en Argentina concentran en 2017 mas de 865 mil empresas y las firmas con más de 200 empleados representan el 66% del empleo formal privado del país. De este universo, el 83% son microempresas de emprendedores, el 16,8% son pymes, y sólo el 0,2% son grandes compañías. Las microempresas dan trabajo a 4,3 millones de personas hoy día. Sin embargo es este segmento a donde apunta el más descarnado ajuste, con incremento de costos, falta de crédito, atraso cambiario y suba de tarifas, hiriendo de muerte el futuro productivo del país.
El columnista Salvador Di Stefano, hace un interesante análisis desde Lapoliticaonline, desde donde afirma que “Las empresas no están preparadas para este ajuste”.
Según el asesor en Negocios, Económico y Financiero “La baja en la inflación y suba de tarifas genera cambios organizacionales en las empresas, que en muchos casos son difíciles de afrontar. El gobierno no ayuda bajando impuestos ¿Cuál es el camino?”, se pregunta.

Senderos y atajos

Afirma que “En la década del Kirchnerismo el Tesoro nacional fue altamente dependiente del financiamiento del Banco Central. Argentina había decretado la cesación de pagos en el año 2002 y nunca la pudo levantar, lo cual hacia que el país no tuviera posibilidad de tomar deuda en el exterior.
En el último gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner, el déficit fiscal creció desmesuradamente y esto obligo a que el tesoro se financiara con el Banco Central. Las reservas cayeron, se tomaron dólares billetes para pagar deuda, y se canjearon por letras intransferibles (papelitos). Por otro lado, el Banco Central financio al Estado a través de Adelantos transitorios (emisión lisa y llana).
Al 7 de diciembre de 2015 el Banco Central tenía en su activo títulos públicos (papelitos) por un total de U$S 70.389 millones, y adelantos transitorios por un total de U$S 32.954 millones. Ambos conceptos sumaban U$S 102.982 millones.
En el pasivo la base monetaria sumaba el equivalente a U$S 62.948 millones, y la emisión de letras ascendía U$S 35.604 millones, entre ambos conceptos sumaban U$S 98.552 millones.
Está claro que el presidente del BCRA recibió un chiquero, la entidad estaba totalmente descapitalizada, con escasas reservas, un activo con papelitos, una alta deuda con el Estado y un pasivo inflado de billetes y letras.

El Central tiene por delante la tarea titánica de desmantelar la bomba que dejó el kirchnerismo: Esto es pagar los U$S 99.762 millones que tomó prestados del ente rector y bajar el stock de lebac que hoy alcanza los U$S 61.242 millones.
El dólar en el segmento oficial se ubicaba en $ 9,73 y las reservas ascendían a U$S 25.030 millones.
El escenario actual es totalmente distinto al que vivía el Kirchnerismo, el Tesoro nacional levanto la cesación de pagos, y hoy tiene acceso al crédito internacional y nacional, por ende, el Banco Central dejo de financiar al Tesoro en igual medida que bajo la administración de Cristina. Por otro lado, el Tesoro sale al rescate del Banco Central al ayudarlo a incrementar las reservas y desinflar el pasivo de las Lebac.
Con datos al 7 de junio de 2017, los papelitos en el activo del Banco Central suman U$S 69.852 millones y los adelantos transitorios U$S 29.910 millones. Esto suma un total de U$S 99.762 millones, una pobre mejora respecto de la época K.
Por el lado del pasivo la base monetaria es de U$S 51.090 millones, y las letras de tesorería suman U$S 61.241 millones, entre ambos conceptos suman U$S 112.331 millones. Un poco más arriba que bajo la era Alejandro Vanoli.
Las reservas se ubican en U$S 45.080 millones lo que le da fortaleza y respaldo a la moneda nacional.
El Banco Central tiene por delante una tarea titánica, desmantelar la bomba que le dejo el Kirchnerismo. Esto es pagarle los U$S 99.762 millones que le tomo prestado del ente rector y transformarlo en reservas liquidas. Por otro lado, bajar el stock de lebac que hoy se ubica en los U$S 61.242 millones.
Para ello el camino elegido es que el Tesoro Nacional, vaya al rescate del Banco Central, lo inverso a lo que ocurrió en la época Kirchnerista. Esto es que el Estado tome deuda para desinflar la burbuja de lebac y tome dólares en el exterior para incrementar las reservas.
Si estas operaciones son exitosas, el tipo de cambio no sufrirá fuertes modificaciones, la base monetaria se mantendrá estable, la tasa de inflación descenderá y la tasa de interés será 3% positiva por encima de la inflación.

La vida real

En los papeles esta todo fantástico, sin embargo, habrá que preguntarse si las empresas pueden funcionar bajo estos parámetros.
Los emprendedores tiene que recorrer tres caminos muy difíciles de asimilar.
1) La baja en la tasa de inflación es muy buena para una economía, pero obliga a que muchos emprendedores busquen más escala para poder financiar sus gastos de estructura. Los que llegaron descapitalizados a esta etapa, no podrán realizar la transformación que se requiere para permanecer en el mercado. Tampoco hay financiamiento económico para algunos sectores. El tipo de cambio bajo hace menos competitivos a nuestros productos en el exterior y destruye a las economías regionales.
2) El ajuste de las tarifas públicas es muy elevado, y condiciona la supervivencia de muchas empresas. El incremento de luz para los años 2017/18 debería ser del 50%, en gas el 75% y en transporte el 66%. Muchas empresas, en especial electro intensivas o gas dependiente podrían tener severos problemas económicos, y difícil supervivencia. El sector consumo vería mermar sus ventas ante menos sobrante de fondos de las familias.
3) Paralelamente a estos ajustes en materia monetaria, cambiaria y tarifaria, él Estado debería trabajar en una profunda reforma que le permita a los emprendedores pagar menos impuestos y financiar la reconversión de sus empresas a este nuevo escenario.

Ampliando la mirada

Si alguien del gobierno lee esta nota, se pondrá orgulloso del ataque a la inflación, definirá que el aumento tarifario es parte de la herencia, y que no puede bajar el gasto por razones sociales, por ende, no bajaran los impuestos. Creemos que no es la respuesta correcta, si no hay posibilidad de acelerar en la baja de impuesto, que se vaya más lento con la suba de tarifas o la baja dela inflación. No atacar los tres problemas al mismo tiempo generará problemas de supervivencia de emprendedores, desempleo y un conflicto social difícil de afrontar en el año 2018/19.
La estructura organizacional empresarial no se podrá adaptar a los cambios económicos planteados al ritmo que desea el gobierno, alguien tiene que ceder, o vamos más despacio con las reformas, o aceleramos el ajuste del Estado. En nuestro caso, nos inclinamos por la primera opción, el debate es la mejor forma de resolver este problema social, su opinión también cuenta”.
Fuente: LPO