Se trata de una problemática que fue abarcada, sin éxito, desde distintos ámbitos desde hace varios años, y en la actualidad, son miles los animales “domésticos” que deambulan día a día por las calles de Puerto Madryn, al tiempo que crecen los reclamos de vecinos por una mayor efectividad en las castraciones y en la implementación de un control de la población canina y felina, principalmente por motivos sanitarios y de seguridad de los vecinos.
La adopción responsable, por otro lado, es una de las cuestiones que los proteccionistas continúan remarcando, ante la gran cantidad de perros y gatos que son abandonados en zonas de playa, así como también en lugares alejados de la zona céntrica y en la propia autovía Madryn-Trelew, donde puede observarse, con frecuencia, la presencia de animales a la intemperie, en ocasiones desorientados.
A pesar de las diversas campañas de castración que se realizan, con frecuencia, en distintos barrios de la ciudad, la cifra de perros y gatos “sueltos” que existe actualmente, requiere, según afirman proteccionistas y especialistas, de un incremento en la cantidad de castraciones y, más importante aún, de una continuidad en dicha práctica, de modo que no se esté por debajo de una cifra de población que continúa creciendo de manera contínua.

Un problema “exponencial”

Actualmente, Puerto Madryn es un municipio “no eutanásico”, es decir que, concretamente, no se sacrifican animales como ocurre en localidades como Trevelin o como fue planteado, recientemente, en Comodoro Rivadavia.
Esto implica que distintas acciones, empleadas con efectividad, podrían contribuir con la disminución de la población animal, a través de una comunidad comprometida a través de la educación, la adopción responsable, la esterilización y castración de mascotas y la aplicación de una efectiva legislación que, al día de hoy, no es controlada con regularidad.
En lo referido a la progresión geométrica de la reproducción, según lo explicado en la “Capacitación en Programas de Control Poblacional de Fauna Urbana”, realizada a principios del mes de junio, en el caso de los caninos, el primer año, una hembra puede tener hasta ocho crías; el segundo año, 16, y la cifra continúa incrementándose de manera exponencial, hasta arrojar la alarmante cifra de 5.432 crías a partir del séptimo año; es decir, el total de cachorros procreados por una hembra y su consecuente descendencia en el término de siete años.
En el caso de los felinos, el número es aún mayor y parte de 12 crías en el primer año, para ascender a unas 2.201 en el cuarto y, en el séptimo año, culminar en 509.097 crías, una cifra poco menos que alarmante.

Pedidos a Fauna Municipal

Al respecto, las proteccionistas Marta Rubaja y Rosalía Castellá dialogaron con el Diario respecto de dicha situación, a raíz de una nota, que contó con aproximadamente 600 firmas de vecinos de distintos barrios, y que fuera enviada al Departamento Ejecutivo Municipal, el pasado mes de junio, en la que se afirmaba que “desde el punto de vista de la salud pública, resulta indispensable ejecutar acciones para disminuir la superpoblación de perros y gatos, tratando de llegar a un equilibrio entre su número y la cantidad de hogares en condiciones de alojarlos” y que “el único modo de lograrlo es implementando políticas de Estado, o sea, actuar sobre las causas y ‘prevenir’; para ello, el único método ético, eficaz y económico es la castración quirúrgica de los animales con y sin dueño”.
Sobre esta línea, el documento expresó que “no se puede ni debe pretender que sólo los proteccionistas se hagan cargo, es una confusión que está instalada; lo ideal es que las ONG trabajen a la par del Estado (municipal), quien es el primer responsable creando políticas públicas para resolver este problema”.
Además, el escrito señaló que desde Fauna Urbana, es decir, Zoonosis Municipal, “incumplen con las pautas comprometidas de castración producto de falta de presupuesto” y remarcó la necesidad de contratar “un mayor número de profesionales bien remunerados”, además de tener una “mayor agilidad administrativa para mantener un stock adecuado de fármacos” y “un quirófano acorde a la tarea que se lleva a cabo”.

Exigen más castraciones

“A raíz de una política de Estado que no se interpreta como tal, en lo que tiene que ver con las castraciones, para controlar la superpoblación de perros y gatos en nuestra ciudad, la única forma de que esto se lleve a cabo, de manera responsable y respetando la vida de un ser vivo como lo es un animal, es a partir de las castraciones”, sostuvo Marta Rubaja, quien recordó que “el Intendente auspició una jornada en la que se llevó a cabo un programa de Control Poblacional de la Fauna Urbana, el 2 y 3 de junio, en la que estuvo presente APAM y fue auspiciada por la Municipalidad, pero no se concreta lo que tiene que ver con las castraciones, a nivel amplio, sin la necesidad de intermediación de política partidaria, sino con el propio compromiso con la sociedad; nosotros decidimos, a partir de que ciertas cosas no se llevaran a cabo, hacer que la población se entere de estas cuestiones”.
En este sentido, recordó que “existe una Ordenanza municipal, respecto a Veterinaria y Zoonosis, que es muy vieja, sobre la permanencia de canes en la vía pública y demás, y sobre la misma siempre se fueron haciendo agregados, nunca se modificó de manera responsable y estudiando de qué se trata esta situación, y, fundamentalmente, por este tema de las castraciones”.

“El perro se ve como un problema menor”

Consultadas sobre por qué, hasta el momento, no se ha llegado a practicar una cantidad suficiente de castraciones que logren reducir la creciente población canina y felina de la ciudad, Rosalía Castellá opinó que “faltan actitud y ganas de que esto se lleve a cabo; la superpoblación de perros y gatos es una cuestión de Estado, que está vinculada a la salud pública, ya que el perro que está en la calle puede morder, además de generar accidentes viales por autos que esquivan constantemente a los animales; sin mencionar las heces, la rotura de bolsas de basura y todo lo que la propia situación implica” y añadió que “por ello, es el Estado el que tiene que hacerse cargo, es una obligación el control poblacional de los animales de forma humanitaria, ya que somos un municipio ‘no eutanásico’, y la forma es a través de las castraciones, continuas, extensivas, con todas las explicaciones que se han dado en la capacitación, donde hubo personal de la Municipalidad, de Zoonosis, concejales y demás”.
En este ámbito, Rubaja sumó que “siempre hay una explicación para aquello que no se hace, y lo cierto es que esto no se lleva a cabo porque el perro aparece como un problema menor; no se transforma en una política de Estado, no importa la identidad político-partidaria de la gestión que se esté llevando a cabo en este momento, sino que no se interpreta como que es un problema, el cual afecta tanto a aquél sector proteccionista, que tiene una afinidad con la fauna urbana, como así también a aquellos que les molesta y que no quieren saber absolutamente nada con los animales”.

Procreación y descontrol

Consecuentemente, “la forma de que esto se lleve a cabo respetando una condición ética, que es sobre la vida, es con la castración”, indicó.
Además, mencionó que “algo reiterativo es la decisión de muchos dueños de ‘no castrar a un perro macho’, al tiempo que se preguntan si acaso lo están ‘capando’; ese es un concepto que tiene que ver absolutamente con la condición humana; al humano, le cuesta entender que hay otros seres vivos que no tienen deseo sexual, que lo único que hacen es reproducirse para mantener la especie, y la reproducción de la fauna urbana está garantizada por el hombre, porque este, como individuo animal, fue el que modificó la fauna salvaje; y si el ser humano no se hace cargo de lo relativo a la castración, se va a terminar perdiendo de manera absoluta el control de la situación, transformando a este Municipio, como ha pasado en otros, que incluso son eutanásicos y no respetan la vida”.
Preguntada sobre el diálogo con personal municipal ante el planteo de dicha problemática, Rubaja comentó que “en las jornadas hubo representantes, tanto del Legislativo y Ejecutivo municipales, así como también del Legislativo provincial, y quienes dictaron la capacitación explicaron que, si no se trabaja con el Ministerio de Salud y con el Ministerio de Educación, las campañas no se alcanzan a llevar a cabo con la dimensión que corresponde, porque no se interpreta que es un problema que tiene que ver, tanto con la educación, como con la salud humana”.
En otro orden, Castellá planteó que “hay que tomar medidas que trasciendan al gobierno, las cuales sean a largo plazo, no que una gestión borre con el codo lo que el otro escribió con la mano; por eso, necesitamos que el Municipio se haga cargo con respecto a las castraciones” y Rubaja puso en relieve que “se distorsiona absolutamente lo que tiene que ver con la disponibilidad de recursos para que esto se lleve a cabo; es algo mínimo y hay estudios llevados a cabo por distintos municipios, sobre cuál es el cálculo económico que se requiere para llevar a cabo las castraciones, y es mínimo”.