El oceanógrafo y titular de Mariscope, Christian Haag, se refirió a los desafíos de potenciar la tecnología marina en Argentina, a partir del encuentro que se dividió en dos jornadas, en las que se trataron temáticas ligadas a dicho terreno, siendo la primera vez que un evento de estas características se desarrollaba a nivel nacional.
Según Haag, que coordinó junto a la Cámara Industrial de Puerto Madryn la serie de jornadas que culminaron a bordo del Regina Australe, “pudimos ver que hay mucho más en Argentina de lo que uno normalmente cree y piensa, y, también, vimos que hay mucho por hacer”.
A su vez, planteó que, para atraer inversiones que den lugar a la proliferación de proyectos del campo de la tecnología marina, es necesaria una organización de las partes involucradas, esto es, los distintos sectores que atraviesan dicho área desde distintas disciplinas, al tiempo que urgió a generar la curiosidad por los océanos en las futuras generaciones.
La Cámara Industrial fue fundada hace cuatro años y medio y se encuentra conformada por 56 empresas miembro, el 95 por ciento de las cuales son pymes, abarcando, de este modo, una gama de actividades heterogénea; entre las funciones que cumple dentro de la comunidad, se encuentra “la necesidad de adaptarnos ante la incertidumbre que forma parte de la realidad cotidiana y universal”, según indicaron sus autoridades, que, además, hicieron hincapié en la dicotomía producida por dos factores: el “costo argentino” y el “costo patagónico”, acaso generador de las profundas asimetrías que prevalecen entre la región sur del país y el centro o el norte.
El 1 de junio de 2016, la cámara participó, por primera vez, de la reunión de la CAME Industrial (Cámara Argentina de la Mediana Empresa), además de haber establecido una estrecha relación con la Unión Industrial Argentina (UIA), con el objetivo de consolidar la matriz productiva de la región a partir de un trabajo conjunto, también, con los Estados municipal y provincial.

D: ¿Qué balance puede realizar de las primeras Jornadas de Tecnología Marítima celebradas en Puerto Madryn?

CH: – Lo primero que me llevo es una sensación muy agradable, porque fueron muy enriquecedoras, las jornadas, desde el punto de vista humano. Creo que hubo una conexión entre los participantes, sobre todo en el segundo día, que fue más relajado y estábamos a bordo del Regina Australe. Tuvimos un momento de esparcimiento y, al mismo tiempo, charlas de buen nivel y de gran importancia. Como resultado primero, para nosotros, la meta de estas jornadas era que los grupos se conocieran, y eso se logró, además del entusiasmo de que los grupos conversaron entre ellos; científicos y empresas que no se conocían, emprendimientos varios, eso se logró totalmente y vimos que los grupos, independientemente de Mariscope o de CIMA, se empezaron a acercar y conversar. Incluso, nos hicieron notar que, desde el mismo Cenpat, había dos grupos que no se conocían, y que lo hicieron en la jornada. Nuestro objetivo, de este modo, fue totalmente logrado, ya que, como lo dije al inicio de las jornadas, para nosotros las mismas no eran comerciales, el evento no era para hacer negocios de Mariscope con alguien, sino que nuestro “negocio” era lograr una primera interacción entre los grupos y, sobre todo, generar un status quo de todos los que hacen algo con el mar.

D: ¿Hubo una concurrencia efectiva de todos los sectores convocados?

Obviamente, no estaban todos, pero sí tuvimos un buen número y una buena representación de los varios segmentos, ya sean ociosos, científicos o técnicos, y pudimos ver que hay mucho más en Argentina de lo que uno normalmente cree y piensa; también, vimos que hay mucho por hacer. En el contexto y el conjunto, fueron encuentros muy exitosos como un primer paso. Si se generan negocios puntuales, no lo sabemos, eso lo dirá el futuro, y los próximos meses dirán cuáles de las ideas que se hablaron se van a concretar. Además, nos invitaron a rehacer las jornadas, por lo que habrá una segunda vuelta pronto, posiblemente el año entrante, y también nos invitaron a hacer unas jornadas de similares características en Comodoro Rivadavia, todo eso se verá en los próximos meses.

D: ¿Cuáles son los desafíos de la inversión en tecnología marítima, teniendo en cuenta el contexto económico de Argentina, tanto desde el punto de vista estatal como así también, del privado?

CH: – Si hablamos de Pampa Azul y vamos a la Ley PROMAR, la misma dice, claramente, la inversión mínima que va a hacer el Estado, que son unos 25 millones de dólares anuales; no es mucho, pero es un inicio. Hemos visto que el Estado ha comprado algunas embarcaciones y que otras están en construcción, justamente, para investigación marítima. Los particulares, todavía, son lentos en acercarse al desarrollo de tecnologías marítimas porque el mercado es pequeño y está recién empezando, pero como potencial, es muy grande. El Mar Argentino, por lo menos en lo que concierne a la plataforma continental, es muy ancho y lo definí como “tierra húmeda”, porque, para los oceanógrafos, el mar empieza después de los 200 metros de profundidad; y la plataforma continental argentina, con la ampliación a las 350 millas, es más ancha que lo que tenemos fuera del agua. De este modo, tenemos mucha agua y poca tierra, que está, justamente, cerca de la costa y sin tocar; dicho eso, el potencial es enorme y ahora hay que invertir para desarrollar eso. Pampa Azul se reconfirmó con el gobierno actual, o por lo menos no se paró. Cuál será la inversión que haga el gobierno a futuro, desconozco; pero sí estamos viendo de traer inversionistas extranjeros, a través de proyectos científicos o científico-tecnológicos.

D: ¿Cree que jornadas en las que se debate la temática desde distintos ámbitos pueden ser propicias para atraer este tipo de inversiones?

CH: – Sí, y es más. Si yo quisiera ir a pedir un fondo fuera del país, del cual hay muchos, tengo que ofrecer algo a cambio, y si tengo grupos dispersos, hay poco que ofrecer. Pero, analizando lo que salió de las jornadas, se puede decir que hay mucho existente. Tenemos una industria local, la CIMA, con su infraestructura, universidades con su infraestructura como la UTN o la San Juan Bosco; el Cenpat, y profesionales, porque lo más importante es tener una contraparte válida para los que podrían invertir. También, hay una idea de desarrollar esto, por lo que hay mucho que ofrecer a posibles inversionistas extranjeros; ahora, hay que ir a buscarlos.

D: ¿Cuál es el objetivo de la Estación Marítima, uno de los temas debatidos durante las jornadas?

CH: – Algo que reitero cada vez que se menciona a la misma es que no es un proyecto de Mariscope, fue una idea mía, pero no es la empresa la que presenta esto, sino que es un consorcio, sin fines de lucro, del cual Mariscope sería un cliente; explico esto, para que no se malentienda el tema. La Estación Marítima es una base terrestre en mar, más una plataforma en agua como laboratorio flotante para realizar ciencia aplicada, estudios de largo alcance y demás; sobre esto último, por ejemplo, cuando un va en un barco no se para más de un par de horas en un punto, hace sus mediciones y sigue. Pero, si se quiere estar 12 semanas en un lugar, con un barco no se puede hacer, entonces, la plataforma es para eso. Es una plataforma no propulsada, que se fondea en el lugar de interés. Estuvimos hablando, por ejemplo, con la UTN, que está en el proyecto de generación de energía mareomotriz, y en este caso, en lugar de hincar pilotes con turbinas en algún punto del mar, se podrían poner las mismas en algún punto de la plataforma y, de esa manera, también buscar optimizar el lugar para este tipo de turbinas, moviendo la plataforma. El mantenimiento sería más fácil, además de que la plataforma podría generar su propia energía, siendo multiuso y multipropósito, para aplicaciones científico-tecnológicas.

D: ¿Qué rol podría cumplir dentro de la comunidad local?

CH – Además de eso, podría ser un punto de encuentro para la comunidad, en cierto modo, involucrándola con los sistemas modernos de cámaras, ya sean submarinas o desde la plataforma, de tal manera que la comunidad esté informada de lo que allí sucede durante todo el día, observando el día a día del científico o el técnico que está trabajando en el mar. Normalmente la gente no sabe, o se imagina, cómo es el día de un investigador que trabaja, ya sea con pingüinos o con energía marina, cómo es el día de un ingeniero que desarrolla equipamiento para meterlo al agua y demás. Por otra parte, serviría como base para desarrollar turismo científico, y la idea final es que la plataforma se autosustente. En principio, es un proyecto sin fines de lucro, pero sí puede lucrar reinvirtiendo todo lo que lucra. El turismo científico es muy popular a nivel internacional y abarcaría varios ámbitos, como tecnología submarina, la formación de buzos científicos, incluso de gente no experta, en diversos temas, como lo son el desenredamiento de mamíferos marinos, el tratamiento de aves marinas empetroladas, etcétera. Ese tipo de turismo podría sustentar, al menos parcialmente, la plataforma, en tierra y en mar.

D: En relación al mercado de la tecnología marina en Argentina, el cual calificó como pequeño; ¿dónde está concentrado el mismo?

CH: – No es que sea chico, sino que no está abierto. El mercado es grande y, por ejemplo, un mercado potencial son los puertos. Tenemos un cambio climático, eso lo sabemos todos, ya no es un “puede ser” sino una certeza. Haciendo una comparación con Chile, en ese país, en el norte, antiguamente tenían una o dos marejadas al año. Hoy en día, tienen dos o cuatro al mes. Así es el cambio climático, cambian las corrientes y sus circulaciones, y todos los puertos necesitan medir online estos datos, y por lo que entiendo, en Argentina no se está haciendo o se está haciendo muy poco. Ese es un mercado potencia, por ejemplo. También, está el mercado científico; en la parte científica, casi todo se importa y nuestra idea es poder desarrollar tecnología en el país y que no se importe todo. A lo mejor, sí generar transferencia de tecnología con otros países, pero también crear emprendimientos de gente que se anime a crear una empresa dedicada a fabricar un producto.

D: Cuando se habla de estructuras ideales en materia educativa, normalmente se piensa en países nórdicos y su evolución en dicho terreno. ¿Cuáles son los países modelo, hoy en día, en cuanto a la tecnología marítima?

CH: – Depende de qué sector. Alemania está muy fuerte, con muchísima inversión estatal. Hay muchas empresas nuevas que se han generado a través de proyectos. Escocia es otro ejemplo, más dedicado al tema offshore, con mucho potencial para generar equipamiento. Canadá tiene inversiones estatales importantes para el desarrollo de la tecnología y cultura marítima. Estados Unidos lo ha hecho desde siempre; Noruega, también, con esfuerzos hacia el offshore. El “spinoff” (extensión) del offshore es, por ejemplo, una de las empresas que tuvimos en la jornada, que es Nortek, dedicada a (la creación de) medidores acústicos de corrientes y olas.

D: ¿Es posible generar estos cambios en un futuro cercano?

CH: – Un tema importantísimo, en primer lugar, es la educación de los jóvenes. He participado de reuniones en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, en Buenos Aires, y vimos, claramente, una falta de especialistas en tecnologías marinas; técnicos, ingenieros, etcétera, y llegamos a la conclusión de que existen ingenieros y técnicos en otros rubros del país que pueden convertirse en especialistas de tecnología marina. Lo que sí hace que hacer es involucrar a las futuras generaciones, desde el principio, y no solo concientizar, sino involucrar a los más chiquitos a conocer y a entusiasmarse, porque, si no tenemos masa crítica, no vamos a ninguna parte. Obviamente, esto sería un plan a largo plazo, de 15 a 20 años, para que haya un interés más grande del que hay en la actualidad, y comenzar con personas de 50 años no tiene sentido. Tenemos que partir ya con la formación de gente desde, incluso, el jardín de infantes. Generar el “bichito” de la curiosidad, como hacía Jacques-Yves Cousteau.

“Queremos conformar una masa crítica que defienda el plan Pampa Azul”

El titular de la cámara industrial, Oscar Dethier, sostuvo que “la incorporación de Mariscope a la Cámara, para nosotros, fue disruptiva en lo mental y en los hábitos productivos, ya que, como la mayoría de los argentinos, imaginábamos las cuestiones del mar vinculadas a la actividad extractiva, como la pesca, o el petróleo, gas y offshore; la verdad es que no lo habíamos descubierto como el potencial que provee el conocimiento, la ciencia, el uso de tecnologías y el aprovechamiento como lo hacen otras naciones desarrolladas”.
Sobre esta línea, fundamentó que “entendemos que el 1 por ciento, aproximadamente, del Producto Bruto Nacional, está vinculado al mar, siendo que tenemos otra nación entera en el agua; es decir que hay un desaprovechamiento histórico del potencial del mar, que debe empezar a cambiar, y ahora, aprovechando el Pampa Azul como proyecto estratégico nacional, este incorpora la ciencia al conocimiento y la tecnología para cuestiones productivas, es decir, que tengan impacto en la calidad de vida de los habitantes”.
A su vez, resaltó que “Mariscope hizo una entrada disruptiva, en el buen sentido, en nuestros criterios y nuestra forma de ver las cosas; por eso, esta jornada, que es la primera que se realiza a nivel nacional, surgió de una simple charla con Christian Haag” y relató que “estábamos capacitando a maquinistas y operadores de equipos pesados, cuestiones nada vinculadas al mar, y nos planteó por qué no hacer algo relacionado al mismo; esto fue un éxito, en el sentido de que nosotros también pudimos descubrir cuánta gente también está realizando trabajos valiosos, que son totalmente desconocidos”.
En este contexto, “la idea es prepararnos mentalmente y trabajar hacia afuera para conformar una masa crítica que defienda el plan Pampa Azul, que nos hagamos partícipes de la iniciativa y lo usemos para establecer una especie de cultura en nuestra zona, para los jóvenes, y que estos puedan incursionar en los temas del mar”.