Por Marisa Rauta

Decía Victor Hugo “El sueño del héroe, es ser grande en todas partes y pequeño al lado de su padre”. Mi padre era un hombre bajito, severo, inflexible, ateo y adorador de la justicia por sobre todas las cosas de este mundo. Su nombre era Pedro, que significa ‘piedra´, toda una alegoría de vida. De la insanía de un patriarcado crispado por la modernidad y mi rebeldía, insuflé tal vez el ansia justiciera que hoy me salva.
Solía relatarme que en su época aporteñada había un comisario que liquidaba malhechores haciendo de la justicia por mano propia un mundo más rápidamente mejor. Nunca me cerró ese concepto de aquel legendario Evaristo Meneses que en treinta años de federal construyó su fama de Aquiles.
Si lo acusaban por la presunta dureza de sus métodos para atrapar ladrones, repetía: “Mi picana es el lápiz. Los chorros le tienen miedo a la condena porque saben que conmigo no hay arreglo”. Pero a la hora de actuar, no aceptaba dobleces: “Hay que enseñar a disparar lo menos posible. Pero, si es necesario, no hay que errar”, era una de sus máximas.
Fue el artífice de los cinco años dorados de la mítica Robos y Hurtos, entre 1957 y 1962, la época pico de las bandas de pistoleros con nombre y apellido. Meneses atrapó a la mayoría. Muchas veces lo hizo solo, y a mano limpia. Así, cayeron bajo su implacable tenacidad Jorge Villarino -el Rey del Boleto-, Manuel “Lacho” Pardo, El Loco Prieto, José María Hidalgo, el Mono Paz, Juan José “Pichón” Laginestra, Pérez Gris… Pocos se le resistieron. Contaba sus hazañas repetitivamente mi padre, totalmente embelesado por el personaje: “Cinco años, 1117 robos esclarecidos”, reportaba.
“De traje gris oscuro o negro, siempre peinado a la gomina, con su funyi, el cigarrillo en la mano y su 45 siempre pegada a la pierna derecha, lista para volar a la mano”.
Dicen que su proeza fue lograr triunfar sobre el hampa, pero por conocer como pocos la naturaleza humana. Creía que muy pocos ladrones se regeneraban. Pero que no era imposible. A muchos de los que encerró les ayudó a conseguir un trabajo decente. Mi padre nunca supo que en una de esas entrevistas impensadas, un ex presidiario de Devoto me contaría como él, mi padre, era uno de los compadritos apuntados por Meneses por ´cocorito´. Siempre sospeché yo sin embargo que tanta admiración por la rectitud a cualquier precio equivalía a trazar sus propios límites, corridos siempre a costa de razón.
A mi padre ´piedra´ se le haría añicos un 17 de junio de hace cuatro años, su corazón endurecido. “Al abu se le achicó la casita donde vive el alma, y por eso ella voló a habitar el todo”, le diría a mis hijas. “Pichón”, el inflexible, antes -sin embargo- se fue al límite de los deslímites, la Triple Frontera, y desde allí me retó a conocer todo de todo, para “elegir bien”, decía.
Meneses era paradójicamente de Cuatreros, un pueblo cerca de Bahía Blanca, donde nací yo. Cuando empezó su decadencia de popularidad por no tranzar con el poder, en 1963 comenzó también a correr el rumor, dentro del ambiente policial y delictivo, que era dueño de dos cabarets. Uno de ellos en Santa Fe casi esquina Talcahuano. Un diario mandó a un periodista a investigar el lugar por varias noches. En una edición del 3 de diciembre de 1963, se cuenta que efectivamente el Comisario “iba mucho al cabaret, pero que no es dueño: es un cliente, que además, ahí se ´informa´”. El padre de la “policía brava”, también fue acusado de tener 6 taxis en la calle, pero eso también fue descartado: “Si fuera por dinero, podría haberse hecho rico con las compañías de seguros en la famosa investigación del ´robo de barras de oro de Ezeiza´, donde halló 120 lingotes de oro fino, en Lanas”, especularon otros relatos.
Cuando uno de los periodistas más jóvenes y cotilla le husmeaba los pasos al “Pardo” Meneses contando cosas, nacía yo. Era la época en que el malevaje del Bajo Flores, empezaba a reverdecer. Dos periodistas retomarían la narrativa sobre este héroe villano que en mi vida comenzó mi padre, y esos serían Roy Centeno Humprehys a cargo de una edición de Policiales de Crónica, que ayudó a dar sus primeros pasos a un avispado con el que también me toparía la vida: Ricardo Gangeme. Todos unidos por la figura del Comisario, ya que Gangeme saltaría a la fama con la quinta edición por uno de los casos de gatillo certero del ´federico´, cazado por el reportero justo a tiempo gracias a sus enredos con las faldas de una familiar del “Pardo” Meneses que le batió la movida y le permitió la primicia. Para cuando Meneses empezó a ser cuestionado, sobre todo por no tranzar con el poder, Roy Centeno Humphreys le había dejado el paso a Gangeme en la matutina y ya andaba en Estados Unidos escribiendo para la United Press, y hacia fines del ´76 fundaría el diario Noticias del Mundo que dirigiría hasta 1982. Hoy de hecho, se cumplen cinco años que apagó su fueguito terrenal para remontarse a la estrella que me encomendó chusmear en Gaiman.
Gangeme en tanto, era secuestrado por uno de los grupos parapoliciales de la dictadura militar por arrimarse a una comisaría a cojudear a los yutas sobre el paradero de su socio y amigo Héctor Ricardo García.
Evaristo el “Pardo”, ya retirado de las biabas y las boletas, y acodado de vez en vez en el café de Callao y Sarmiento o de redada al final de la noche por el Little Love en la pendiente de la calle Viamonte, empezaba a contar su propia historia en versión romantizada que sería escrita por Iderla Anzoátegui: “Meneses contra el hampa”. Pero más allá de las glorietas entonadas, el pase a disponibilidad había sido para el “Pardo” un disparo por la espalda, aunque siguiera jugando al investigador privado y se refugiara en el chorreo del óleo de sus cuadros.
Si mi padre me inculcó la dolorosa y justiciera forma de entender el mundo, Roy me aportaría la amplitud de conciencia de permitirme hacerlo desde el realismo mágico hasta el último día que colaboró en mi prosa y en nuestro Diario; mientras que Ricardo me salpicaría de la sangre fría necesaria para encarar los imposibles y ganarle a la caída de la noticia, apenitas siguiendo la parábola. Dieciséis años en la vespertina del Crónica no fueron joda. Nunca imaginó que el soplador del fantasmita, le jugaría una mala, tan mala que lo convertiría en espectro para siempre en una de esas emboscadas como las que le adivinaba a Meneses años antes, de pura intuición nomás. Una vez me dijo al cierre después que se retiraron unos candidatos que fueron a disfrutar la ‘rosca’ recién entintada saliendo de la rotativa, “este va a ser el próximo gobernador, y va a ser el mejor”, mientras señalaba a Mario Das Neves que se perdía en el umbral de Jornada. La pera le temblaba en la última afirmación, señal de emoción asertiva y de mando. ¿Sabría tal vez que de su presagio resultaría que Mario se llevaría puesto tres mandatos? Quién sabe…lo que sí sabía es que la Provincia abrazaría el patriarcado que le ofrecía mayores seguridades y certezas, y eso era Mario en su entrelínea: el padre de un modelo del que muchos reniegan, pero del que casi todos abrevaron.
Comprendí después de un buen tiempo que la realidad y la fantasía de estas personas personajes no se apretaban cerca de mi vida por pura casualidad. La historia no tiene hilos conductores, la vida esta todita conectada. Por eso se me vino todo esto a la mente, un Día del Padre, recordando a mi viejo y también a cinco paternalismos rudos que anduvieron y andan marcándome la cantinela de ´superar límites´, es decir, trasvasándose a sí mismos, cada uno a su manera. Entonces comprendí lo que me indicaron: que el límite, nunca, pero nunca, está afuera…
Apenas un relato para sanar en el futuro, los entuertos del pasado. Felíz día! padres, que significa pater, protector, pero también patrón.