Por Juana de Arco*

La violencia institucional ejercida por policías contra jóvenes en la ciudad de Puerto Madryn, filmados por las propias cámaras de seguridad pública, hizo explotar ayer las redes sociales y los medios masivos reeditando el siempre deplorable abuso de poder ejercidos por las fuerzas que deben garantizar precisamente la seguridad de las personas.
El hecho ya está en manos de la Justicia y habrá que ver con que diligencia y peso castiga a los uniformados. Pero a la par el video expuso otras cosas, el modus operandi sacadamente violento de los policías en un horario en que, si estaban recién levantados, es de dudosa procedencia el desayuno que ingirieron, y si venían de guardia nocturna, un dosaje de sangre podría habernos dados algunas certezas sobre tanta brutalidad manifiesta e innecesaria.
Además del envalentonamiento paramilitar que cargan aún las fuerzas de seguridad como resabios del pasado, hoy se podría dudar si la mayoría de los
uniformados que actúa en horarios extremos, lo hace limpio de sustancias y con la entidad psicológica y ética que se requiere para portar un arma y poder imponer el uso `legítimo´ de la fuerza.
Que además el hecho se dé en una ciudad como Puerto Madryn donde el negocio del comercio de drogas todavía corre a la par de los vínculos marítimos, políticos, empresarios, del juego y de los negocios de lavado de diversa índole, pese a la buena voluntad manifiesta por las autoridades de turno para `concientizar´ al resto de la sociedad sana, de lucro y de sustancias, no es llamativo para nada. Sobre todo considerando que la principal causa por narcotráfico aún duerme el sueño de la impunidad en los cajones de la Justicia Federal, un emergente que dejó al descubierto un grave entramado de años de tráfico y comercio de estupefacientes, que no pudo haberse impuesto sin la complicidad de sectores importantes de las fuerzas de seguridad locales.
No hace mucho, una ruidosa investigación policial sobre prostíbulos VIP, con trata de personas y sometimiento de menores, por donde además correría provisión de drogas pesadas, dejó una sensación de poco intento por desentramar ese capítulo de narco-comisarios y narco-policías que se mantiene absolutamente vivo en el rumor y el folclore popular. Seguramente porque tirando de ese piolín afectaría gestiones de muchos años para atrás, y probablemente no modificaría la coyuntura.
Del mismo modo que la “Cumbre Anti-narco” que tuvo lugar precisamente hace un año en el Golfo Nuevo, y donde Das Neves pidió el compromiso y contó con la presencia -por primera vez en el país-de autoridades de los tres Poderes del Estado, junto a fuerzas de seguridad y entidades intermedias, dejó una sensación de burla colectiva, al corroborarse días después que la empresa de Estibaje destronada en el negocio del aluminio, habría quedado estructuralmente intacta, solo sacando de escena al principal escrachado en la causa “Langostino Santo”, Omar “Cura” Segundo, pero pasando de manos a `amiguitos´, un negocio que factura más de 10 millones de pesos quincenales. “Este es un flagelo que ha desbordado al Estado y si el Estado no reacciona nos lleva puesto a todos”, había dicho el Gobernador en ese momento y hasta ahí la fe en el Estado había germinado de nuevo en un sector de la comunidad. Sin embargo, ninguna de estas medidas fue al hueso del problema, y superada la foto y las buenas intenciones de aquel día, solo parece que se prolijaron los modus operandi, pero todo indica que la lucha en el fondo, todavía no comenzó.

Videos que no son públicos

El nivel y la lista de consumo que hace ruido en la comunidad en los más variopintos niveles de referentes, es de una dimensión importantísima. Y en la misma medida, el entramado de vínculos con sectores señalados, casos de violencia, y hasta causas que han sorprendido por los vecinos involucrados.
Si un chico hijo de un importante empresario viola y abusa de una nena de 14 años mutilándole los pezones en inexplicable ataque de euforia violenta; si una joven estudiante es asesinada en un descampado y la mitad de lo que se cuenta no figura en la causa; si un reconocido empresario y abogado abusa y amenaza de su ex pareja y el coro de voces para evitar su `exposición´ pública suena más que el coro que pide justicia; si un policía vinculados a la División Drogas Peligrosas se prende fuego a lo bonzo en dudoso hecho que se prefiere confundir con un asado fracasado; si una uniformada es detenida cuando retira de la terminal una encomienda con sustancias y parece un relato hasta gracioso; si los escáneres `itinerantes´ en las terminales y en los puertos son una justificación para decir que el Estado `hace´ algo y todos seguimos durmiendo tranquilos; estamos ante una farsa colectiva que de vez en vez limpia su chimenea rasgándose las vestiduras porque algunos uniformados brutalmente reproducen la misma violencia resguardada en estas formas que impone el establismenth.

Politizáme que me gusta

Ayer, además del repudio generalizado a las patadas del policía y la solidaridad con los chicos afectados, lo que produjo fue una reedición de la enorme puja de poder que existe en el fondo de estos temas. Institucionalmente la respuesta que se le dio a Madryn por tanta indignación, fue aplicar innumerables operativos cerrojos de tránsito, y sacar a la calle a todos los policías posibles, como modo de visualizar los otros tantos `policías buenos´ que existen a la par de los descarriados. Entre tanto, la oposición política aprovechó todas las usinas de opinión, no menos de diez radios amigas, que surgieron de la mano de la mediatización que alguna vez promovió con derrames concretos el ex intendente Carlos Eliceche, para estamparle a Das Neves el caso puntual.
Ambas posturas dieron la sensación de subestimar sobremanera a una población que saca conclusiones políticas, institucionales y sociales, mucho más profundas, lejos del microclima de una elección legislativa.
El tema de la violencia institucional expuesta por un programa de televisión que armó este desparramo, si bien mereció el repudio unánime, también requiere de un encuadre que permita `descandidatear´ viejos conocidos, y evitar bastardear un debate profundo que aún se debe la comunidad sobre los `patrones´ que infectan de violencia e inconsciencia, no solo a policías, sino también a funcionarios, abogados, estibadores, estudiantes, taxistas, docentes, amas de casa y un sinnúmero de personas que abrevan de paliativos para sufrir menos y de metodologías coercitivas para tener más.

Un descontrol nacional

Para no perder de vista, es que esto, además de pasar en nuestras escasas cuadras de barrios chubutanos, se está enquistando en el país. La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) denunció recientemente que desde su llegada al Poder Ejecutivo Nacional, el macrismo dejó un saldo de 259 muertes por violencia institucional. Estos incluyen casos de gatillo fácil, muertes de personas detenidas y desapariciones forzadas, que son las principales modalidades que encabezan la lista confeccionada a partir del informe anual de la situación represiva nacional 2016. El saldo da un promedio de un muerto cada 25 horas.
“Esta cifra es un récord absoluto”, explicó María del Carmen Verdú, referente de Correpi. “Al kirchnerismo le tomó unos cuantos años desplegar su aparato represivo. Acá hablamos de 10 meses y medio, es un salto cualitativamente muy importante”, explica. El informe tiene en cuenta desde el 10 de diciembre de 2015 hasta los primeros días de noviembre de 2016.
Verdú, quien lleva adelante defensas y querellas en casos de violencia institucional (fue la abogada querellante en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra), interpreta que “el kirchnerismo le dejó al macrismo una base muy sólida sobre la cual apoyarse para la represión: leyes antiterroristas, reformas a todas las normas que integran el sistema penal -tanto procesal como de fondo- y un cierto tipo de manejo de las fuerzas de seguridad con todas las modificaciones internas y estructurales (…)”. (Ver https://es.scribd.com/document/334187177/Informe-Correpi-2016#from_embed)
Sin embargo, este nuevo modelo prefirió la `tabla rasa´ y la fuerte militarización policial.
A la par, hace dos meses el Ministerio de Seguridad de la Nación dispuso controles psicológicos y toxicológicos sorpresa para las cuatro fuerzas federales -Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA)- por orden de la Dirección de Ejecución de Pruebas de integridad de la cartera de Seguridad. No fue sólo porque firmaron un “acta acuerdo de valores y principios hacia una política de transparencia e integridad”, firmado por Patricia Bullrich y los jefes de las distintas fuerzas, sino porque hay evidentes problemas: para enfrentar la violencia urbana se echaría mano a paliativos que generen violencia en los actuantes. Mientras discursivamente desde el Estado con estos controles se trata de dosificar los arranques personales e individuales, por el otro se compran tanquetas anti manifestantes para reprimir más masiva e impersonalmente a la ciudadanía. El círculo discursivo es cerrado, demasiado cerrado por ahora, pero “La dialéctica es la teoría que muestra cómo los contrarios pueden y suelen ser (cómo devienen) idénticos; en qué condiciones son idénticos, al transformarse unos en otros”, decía Lenin. Una espiral diálectica para Heráclito que daba imaginar: “El recorrido del tornillo del batán, recto y curvo, es uno y el mismo”.

*Soy Juana de Arco, amiga de Juan de la Sota, fiel del Furia, seguidora de la Sombraonline y ceniza de tantos…