Un estudio sociológico llevado adelante por el Fundación Sadosky expone las causas de la baja presencia femenina en la informática. El documento fue realizado en base a encuestas a más de 600 estudiantes del conurbano bonaerense con el fin de establecer las razones y pensar políticas que contribuyan a revertir la tendencia.
Son innegables las potencialidades que otorga a un país contar con capacidad técnica y de desarrollo informático. En este aspecto, Argentina tiene grandes posibilidades ya que cuenta con universidades públicas de gran nivel y políticas que fomentan la inclusión digital –como el Programa Dale Aceptar, que impulsa a estudiantes de escuelas secundarias a fabricar su propio software–. Pero estas políticas no son suficientes si a la hora de pensar en el crecimiento sectorial a largo plazo, las mujeres quedan excluidas de este horizonte.

Cuáles son las razones

El estudio realizado por el Fundación Sadosky del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, indica que una de las principales causas que aleja a las mujeres de la informática tiene que ver con las representaciones que las estudiantes tienen sobre las personas que hacen software. El oficio del programador está lleno de estereotipos que los representan como un “nerd”, principalmente hombre, de tez blanca, inteligente, que trabaja mucho, usa anteojos y que por lo general tiene nulas capacidades para relacionarse con otros, especialmente del sexo opuesto. Estas representaciones, según el estudio, se hallan en buena medida ya estabilizadas en la adolescencia, tanto entre los varones como entre las mujeres. A su vez, los entrevistados tienen un escaso contacto con programadores: del total de la muestra, un 60% manifestó no conocer a ninguno.

Datos concretos

El estudio se basó en una muestra de 627 adolescentes (hombres y mujeres) del conurbano bonaerense (alumnos de segundo y quinto año) con el fin de analizar las representaciones que tienen sobre la informática y sobre los profesionales que se dedican a ella. La encuesta se basó en 32 preguntas orientadas a indagar sobre el vínculo con la computadora, relación con actividades de programación, usos de la computadora, tiempo libre y habilidades, nivel de estudio familiar, percepciones sobre las profesiones, percepciones sobre el trabajo, entre otros aspectos.
Entre las principales conclusiones del estudio se destaca que un 22% de la muestra manifiesta alguna potencialidad para desarrollarse en la informática. Entre estos estudiantes encontramos más del triple de varones que de mujeres.
El trabajo y la profesión
Según indica el relevamiento, un 35% de las entrevistadas tiene predisposición para trabajar con tecnologías digitales, pero no para la informática. Además sólo un 34% del total de los entrevistados entiende que los salarios de las actividades informáticas son altos. Sin embargo, los salarios aparecen como un elemento lateral para elegir una actividad laboral en el caso de los varones, y de mucha menor importancia aún para las mujeres. Sobre las preferencias laborales, el estudio indica que en líneas generales no parece haber una “herencia laboral” determinante en el plano de los deseos en ninguno de los dos sexos. Por ejemplo, entre las pocas mujeres que refieren conocer a una programadora, ninguna elige a la programación como actividad deseada. Entre los varones, sólo un quinto de aquellos que señalan conocer a un productor de software quiere dedicarse a tal actividad. Ambos sexos coinciden en su deseo de desarrollar una actividad profesional.

Cuestión de intereses

Las actividades y profesiones más elegidas por las mujeres están vinculadas al arte y al espectáculo. La asistencia a personas (el llamado trabajo afectivo), las actividades de belleza y estética, el trabajo informacional y la docencia también se destacan. En el caso de los varones, resulta remarcable la inclinación a mencionar a la producción de software, que ocupa el segundo lugar en las preferencias, aunque con un porcentaje de apenas un 12% de las preferencias.
En lo relativo a las motivaciones para elegir la actividad laboral deseada, resulta relevante que entre las mujeres pese algo más el gusto, y entre los varones influyan ligeramente las especulaciones salariales y la herencia de familia y amigos.
Acerca de las representaciones sobre la correspondencia de distintas actividades laborales y el género femenino, la programación aparece rankeada décima entre trece opciones.
Las entrevistadas en los focus groups femeninos rechazan a la programación como una actividad laboral principal o única y, de manera menos diáfana, también como actividad laboral complementaria o secundaria. Ellas aspiran a ser mujeres que salen a trabajar fuera de su casa y, quizás, lejos del hogar. Tienen formada la opinión de que la programación es una tarea que se realiza en buena medida como teletrabajo. Consecuentemente, rechazan a la programación como actividad laboral para sí sobre esta base.

Nuevo horizonte para los estudios superiores

Otro dato destacable del estudio es que casi el 50% de los adultos con mayor nivel educativo de los hogares de los entrevistados no ha completado el nivel secundario, y un 23% no ha iniciado siquiera ese nivel. Es decir, la mayoría se encamina a ser el miembro del hogar con mayor nivel educativo.
En términos de carreras de educación superior deseadas, entre las mujeres, las carreras de informática ocupan el anteúltimo lugar, y son elegidas sólo por un 2,3% de las entrevistadas. Por el contrario, en el caso de los varones, computación e informática aparecen como las carreras con mayor favoritismo, aunque con sólo un 19,4% de preferencia.
En lo que hace a la representación sobre participación de los géneros en distintas carreras terciarias y universitarias, las carreras de informática y computación son aquellas percibidas como menos adecuadas para las mujeres entre todas las listadas.
Los estudiantes fueron además interrogados sobre dónde se aprende computación. En este aspecto el 30% piensa que, en las universidades, 19% en cursos cortos, 18% en videos y libros, y 15% probando con la computadora.

Habilidades y computadoras

Algunas habilidades asociadas a las que se utilizan en los procesos productivos de software tienden a estar más (o faltar menos) entre los varones que entre las mujeres: armar y desarmar objetos, aprender autónomamente, hacer tareas de matemática y lógica, estar sentados frente a una computadora por un tiempo prolongado. Por otro lado, sobre los usos de la computadora se evidenció que ambos sexos utilizan la computadora en promedio unas 4 horas por día, sin embargo, al desentrañar esta cifra, se encuentra que los hombres la utilizan casi 1 hora más que las mujeres.
Al indagar sobre las redes sociales, la muestra indicó que son las mujeres las que más las utilizan. Esta situación es diferente a la hora de estudiar el uso de juegos complejos, aquellos que requieren la instalación de un software y la comprensión y asimilación de reglas. Allí los hombres los eligen 7 veces más que las mujeres como primera opción. Esto permite a los investigadores inferir que hay una relación entre la elección de juegos complejos como primer uso de las computadoras y la elección del estudio de informática en los dos sexos.
Finalmente, la encuesta manifiesta que los varones aceptan más riesgos en el uso de la computadora, en cambio las mujeres hacen un empleo más limitado de la herramienta. La exploración, la aventura, el experimento son vistos como aspectos ajenos a las mujeres.

Un mercado laboral con demanda insatisfecha

Según la Fundación Sadosky, en nuestro país, en los últimos diez años, el sector cuadruplicó el número de empleados. Pero ni este crecimiento en la demanda, ni los salarios altos lograron despertar el interés de los jóvenes por estudiar o trabajar en informática, convirtiéndose esto en un cuello de botella para el desarrollo del sector. Si bien se reciben entre 3500 y 4000 estudiantes al año, la demanda duplica esta cifra.
Según datos de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación correspondientes al año 2010, cuando comenzó a dictarse la carrera de Computador Científico en la UBA, en el año 1962, las mujeres representaban un 67 por ciento de los estudiantes, porcentaje que se elevó al 75 por ciento en la década del ’70. Pero desde entonces el número de interesadas en la informática bajó. Actualmente, apenas el 11 por ciento de quienes estudian esa carrera en la UBA (hoy Licenciatura en Ciencias de la Computación) son mujeres. (Fuente: INTI)