Por Ignacio Zuleta*

Difícil imaginar una semana tan sobresaltada como la que asistió al debate del 2×1, que desató un tercer demonio, si es que eran sólo dos: el de la intransigencia. La puja entre oficialismo y oposición, para sintetizar de manera telegráfica qué juego juega cada cual, bajó el nivel del debate al de una pelea en el barro. Cada cual atacó al otro no por lo que dijo o hizo, sino por lo que cree que es. Eso sirve para algo muy eficaz en una campaña: resignificar la conducta del otro desde los prejuicios.
La oposición peronista busca desde 1983 sacarse la culpa de haber apoyado a un candidato indultador como Italo Luder, y de haber boicoteado el plan Alfonsín de revisión del pasado. Ahora acusa al gobierno de Cambiemos -que contiene nada menos al radicalismo, que juzgó a las juntas – de ser de derechas. Y como los represores eran de derecha, afirman que buscaron el 2×1 para beneficiar a los represores. Lo argumentan examinando lo que escribieron y dijeron en el pasado los nuevos jueces de la Corte y los exponen como pro-represores.
Enfrente, el oficialismo se compra la película de un peronismo de izquierda. Y como las víctimas de la represión clandestina eran de izquierda, los señalan reivindicar banderas setentistas y les gritan “Justicia no es venganza” (Carrió en la última sesión de los diputados). A falta de argumentos solventes, imaginan conductas detrás de bambalinas y propósitos de política parda, como que el macrismo quiso halagar a la “familia militar” buscando el favor de un millón de votos. Imaginemos que ese segmento del electorado existe, ¿votaría las listas de Magario-Cristina? Si existe, ese millón de votos ya es de Cambiemos y volverá a serlo en las elecciones.
El episodio ha servido para señalar posiciones de forma y de fondo que ya se conocían. También para que algunos protagonistas saquen ventaja en carreras de pago chico, como la que se libra por el control de Corte entre Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti, o entre los caciques jurídicos del macrismo – José Torello y Fabián Rodríguez Simón – con el influyente judicial Daniel Angelici.
En el cuadro grande ha sido un capítulo de la pelea Carrió-Lorenzetti. También del peronismo contra los nuevos jueces de la Corte. Rosatti es el peronista huérfano; nadie lo defiende en la oposición, pese a haber sido ministro kirchnerista, porque creen que les sacó la silla cuyo destino debían haber decidido ellos. Carlos Rozenkrantz, en cambio, es el adversario de fondo para el peronismo; encarna lo que ellos más rechazan, ser un liberal en el sentido anglosajón, que sostiene consignar contradictorias con cualquier programa populista. Entre el peronismo y Rozenkrantz hay algo personal. Tampoco lo defienden mucho los radicales, pese a su pasado alfonsinista, porque les sacó la silla que ellos creen que debían proveer. Si los dos partidos hubieran podido poner los nombres para las vacantes de la Corte que heredó Macri en 2015, una silla hubiera ido para Miguel Pichetto y otra para Ricardo Gil Lavedra, pero la historia fue otra. Detrás de estos artificios, las víctimas piden justicia y los verdugos piden clemencia sin quebrar el pacto de silencio que impide superar el trauma más profundo y lacerante de la Argentina contemporánea.

El poder de la fe

El debate del 2×1 se libró en la justicia y en el Congreso, pero rozó también uno de los sectores de importancia creciente en la Argentina como es la Iglesia. Francisco mira de lejos, pero con lupa todo lo que pasa por acá, como si fuera aún el arzobispo de Buenos Aires. Habilita también movimientos de hombres ligados a su persona que recorren el país en su nombre transmitiendo mensajes y levantando informes. Se les discute la personería, pero es innegable que tienen su mandato para ser escuchados. El más notable, y que estuvo una semana en Buenos Aires, es monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, responsable de la Academia Pontificia de Ciencias, que se vareó en reuniones del gobierno, pero que también compartió escenario con notables opositores.

Si y no a las minas

Lo más importante fue la gira por despachos oficiales, que incluyó una charla ante una cumbre de ministros de minería de toda América, en la Casa Rosada. Su exposición destacó el perfil ambientalista del papa Francisco en los términos de la encíclica Laudato Si. Advirtió sobre los peligros de contaminación de la actividad minera y también sobre la necesidad de que las ganancias de las empresas se derramen también entre los habitantes de las zonas en donde están los yacimientos.
En un tramo del encuentro se cruzó con el ministro de Energía de Chile que le leyó la lista de los beneficios que la minería aporta a la humanidad. Sánchez Sorondo le respondió: ” No puedo más que compartir las loas a la minería ya que las minas son una creación de Dios. Pero esos beneficios deben llegar a todos, especialmente a los más necesitados”. Siguió una reunión con el ministro Juan José Aranguren, ante quien le repitió esos argumentos de ambientalismo pío. Le recordó los daños que se siguen del uso de combustibles fósiles y Aranguren lo corrió con la lista de proyectos del gobierno para desarrollar las energías renovables con fuentes alternativas. Como muchos debates, terminaron quejándose de lo mal que se comunica todo. El visitante admitió el argumento, pero agregó que, si los beneficios de la minería llegasen mejor a la gente, más allá de la comunicación, el público le reconocería los aportes, como ya lo hace con el campo. Aranguren no tuvo respuesta. La agenda del obispo incluyó otros despachos, como el del secretario Pablo Clusellas, que le leyó la cartilla del “gobierno abierto”, algo que Francisco intenta imponer en el Vaticano ante la resistencia de la vieja guardia. También se vio con el ministro de Trabajo Jorge Triaca y con el presidente del Banco Nación Javier González Fraga.

Anti-mafia y anti-lavado

El enviado papal también halagó algunas mesas opositoras, como las que compartió en el seminario anti-mafia que organizó el neo kirchnerista y francisquista Gustavo Vera en el municipio de Esteban Echeverría, en donde gobierna Fernando Gray. De esa tenida participó el ex funcionario de inteligencia kirchnerista, Marcelo Saín. Este sabatellista repite ante quien quiera escucharlo que Mauricio Macri es jefe de una mafia. Esa presencia de Sánchez Sorondo se salpimentó con la de la procuradora Alejandra Gils Carbó, el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno y los jueces federales Sergio Torres, Sebastián Ramos, Carlos Vera Barros y Sebastián Casanello. En uno de los paneles el legislador Vera dio una definición contundente: “Es sabido que en el nacimiento del capitalismo se encuentra la mafia, allí Inglaterra sometiendo al continente africano, o España con América latina, mientras que el caso Rusia el crecimiento de la mafia de 1992 al 2000 de hecho llevando el lavado de dinero al fútbol inglés. De allí los orígenes de Putin”. Chan. El obispo completó su gira con una jugosa y densa conferencia ante los obispos de la cumbre episcopal de La Montonera sobre las nuevas formas de esclavitud. Prometió venir en junio para una conferencia sobre trabajo infantil.
Cada uno de sus anfitriones le preguntó si el Papa viene al país o no. Sanchez Sorondo repitió lo que ya se contó: que teme que sea utilizado para agrandar la división que percibe entre los argentinos y que lo van a tironear de un lado y de otro. Dijo haberlo escuchado de su boca, pero agregó que él en lo personal cree que en algún momento vendrá para erigirse como hombre de paz ante esa división.

Otro emisario

Con menos estridencia hubo otro visitador papal de más alto rango aún, ya que integra el C-9, el grupo de los nueve cardenales encargados de la reforma del Vaticano. El cardenal congoleño Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa, que estuvo en la cumbre de obispos de La Montonera con un séquito de religiosos africanos, se paseó por el barrio de Flores siguiendo el itinerario biográfico de Francisco, y terminó en Mar del Plata homenajeado por Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino. Esta congregación está conducida por el dominico Aníbal Fosbery, una estrella del conservadorismo clerical. Por su jerarquía, lo acompañó el director general de culto católico de la Cancillería, doctor Luis Saguier Fonrouge; pero no estuvo el obispo local Antonio Marino, que se hizo representar por su vicario. En Buenos Aires le rindieron honores el obispo Mario Poli y el nuncio Emil Paul Tscherrig. Se entiende, es el hombre de más alto rango del Vaticano que ha visitado la Argentina en mucho tiempo. La emergencia de que Francisco sea argentino, ha recreado el factor eclesial como factor de poder, algo que parecía algo del pasado.

Fuente:*ZuletasinTecho