En el continente americano, como así también en otras partes del mundo, se han encontrado llamativas esferas de piedra, de distintos tamaños y composición mineral. En algunos casos se le ha atribuido al hombre la manufactura de estas singulares esculturas redondas, y en otros, a la naturaleza.
En los casos de una elaboración artificial se desconoce profundamente su origen y propósito, dejando abiertas las preguntas de ¿Quiénes las hicieron? ¿Cómo fueron realizadas? ¿Qué antigüedad tienen? ¿Con qué propósito fueron hechas? ¿Qué significan?
El amplio espectro de hipótesis sobre su razón de ser van desde mojones para delimitar fronteras tribales hasta objetos de culto, calendarios astronómicos de gran precisión, jardines astronómicos que representan constelaciones estelares a escala, cartas de navegación marítima y corrientes oceánicas, compases magnéticos, entre otras ideas.

De todos los tamaños

En el caso de Costa Rica se trata de unas monumentales esferas de piedra descubiertas en la espesa jungla tropical donde en otras épocas se desarrollara una particular civilización amerindia. Se hallan de forma abundante en la zona del Pacifico Sur en el Delta del Diquis. Su descubrimiento se da en 1939 cuando empleados de compañía United Fruits comenzaron a preparar unos terrenos para el cultivo del banano y hallaron unas enormes bolas de granito y gabro –roca plutónica– perfectamente redondas y pulidas. Al día de hoy se han encontrado unas 300 esferas y continúan apareciendo. Sus diámetros oscilan entre unos pocos centímetros y los 2.5 metros, consecuentemente sus pesos varían desde varios gramos hasta superar decenas de toneladas.
Las características que han determinado su origen artificial son: La extraordinaria cantidad producida, su gran tamaño y perfección esférica, el fino acabado en sus superficies, el hallazgo de conjuntos de esferas formando alineaciones o figuras geométricas
En Sierra Ameca, México, se encontraron centenares de inmensas esferas líticas. Según algunos expertos, el origen de dichas esferas se debe a la unión de cenizas volcánicas por cristalización a muy altas temperaturas. Sus diámetros oscilan entre los 60 y 335 centímetros.
La piedra esférica de la Isla de Pascua representa para los pascuenses el ombligo del mundo, y según su leyenda, fue traída por Hotu Matua ‘a (su primer rey – Ariki Henua) en su embarcación. Al igual que los Moeraki de Nueva Zelanda, la esfera de Isla de Pascua tiene carga magnética.
Las esferas de piedra Moeraki, en alusión a la playa homónima, son formaciones rocosas, de forma esférica y se encuentran tumbadas en la playa en Otago Norte, Nueva Zelanda. Las rocas varían en tamaño de 0,5 metros a 2,2 metros de diámetro y pueden llegar a pesar hasta siete toneladas. Según las tradiciones orales de la isla los Moeraki son piedras sagradas. Lo singular de estas piedras es que son huecas, sus interiores son de barro y cieno, y se cimentaron con una calcita magnética lo cuál le brinda a la esfera carga magnética. Si se coloca una brújula sobre una de estas piedras, la misma da vueltas sin parar.
En Cartago se han encontrado gran cantidad, en pequeño y mediano formato. en Zavidovici, una población de la Bosnia central, fueron descubiertas en 1938, justo un año antes que las de Costa Rica. En 2007, mientras se construía una carretera en la provincia china de Hunan, se desenterró una cantidad esferas de piedra. Según las primeras investigaciones, se encuentran el un área bastante extensa. La esfera más pequeña tiene el tamaño de un melón, aunque la mayoría son bastante grandes. Los investigadores también han descubierto que su capa interior es negra y brillante.

El parque geopaleontológico de Ischigualasto, en Argentina, están las esferas mas antiguas de todo el planeta, y junto a ellas, se encontraron manifestaciones de arte rupestre.
Las esferas podrían producirse naturalmente por: desgaste natural, no obstante esto, en los casos que comunidad científica sí ha determinado la manufactura artificial de estas esculturas esféricas, nos quedamos mirando asombrados sin poder entender su origen ni su propósito.

Fuente: Achaman Guañoc