El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) detectó la causa de la misteriosa muerte de animales en la zona del Valle de Punilla, en Córdoba, que era transmitida por un supuesto “chupacabra”: un foco de rabia paresiante, que es transmitida por murciélagos.
Según confirmó Cadena 3 esta semana, los vecinos creían que se trataba del “chupacabras”. Y el pánico general se redobló cuando José Gonçalvez, un brasileño residente en la zona de Charbonier, en el Valle de Punilla, dijo que logró fotografiarlo.
“Es como un murciélago muy grande, como del tamaño de un águila, y ataca caballos y vacas en el cuello o debajo de la cola, donde puede sacar sangre”, decribió Gonçalvez.
Finalmente, los técnicos del Senasa confirmaron que se trata de rabia paresiante, una enfermedad epidémica y recurrente causada por el virus rábico transmitido por el llamado “vampiro común” o Desmodus rotundus, un murciélago que habita en todo el continente americano, desde México hasta la Argentina.
El Senasa ordenó a fines de abril un área de vacunación de ganado bovino, porcino, equino y rumiantes menores, en parte de los departamentos de Cruz del Eje y Punilla, en 10 kilómetros alrededor de un establecimiento cercano a San Marcos Sierra en el que se detectó el foco.
El virus en cuestión afecta principalmente a los bovinos, a los equinos, y con menor frecuencia a otras especies domésticas, a algunos animales silvestres y al hombre, por lo que recomendaron no entrar en contacto con animales afectados y denunciar inmediatamente al Senasa.
“Aunque la dispersión del virus rábico a los tejidos periféricos del bovino no es abundante, el contacto con bovinos rabiosos implica riesgo de contagio para el hombre. Los contactos con bovinos rabiosos ocurren principalmente cuando se intenta medicarlos por vía oral o cuando se piensa que la disfagia que se observa en la mayoría de esos animales es consecuencia de una obstrucción alimentaria del esófago y se intenta la desobstrucción manual. También, cuando se faenan animales rabiosos o que están incubando rabia, y en las prácticas de manejo con esos animales”, indicó el Senasa en su página web.

Murciélago vampiresco

El vampiro común (Desmodus rotundus), también conocido como vampiro de Azara (en honor a Félix de Azara), es una especie de murciélago microquiróptero de la subfamilia de los desmodontinos (murciélagos vampiros), y en la actualidad la única especie del género Desmodus. Se encuentra en los bosques y plantaciones, desde México hasta el norte de Chile y Argentina, hasta los 2.900 m de altitud.
El pelaje es corto, brillante y áspero, de color castaño pardusco, a veces anaranjado en el dorso. Presenta diversas adaptaciones morfológicas a su alimentición hematófaga, como son un hocico aplastado, dientes especializados y capacidad de desplazamiento cuadrúpedo apoyándose sobre el antebrazo de las alas replegadas.
Es de hábitos nocturnos. Durante el día se refugia dentro de troncos huecos o cuevas, en grupos de 40 a 70 o a veces cientos de individuos, multiplicándose durante todo el año cerca de fincas ganaderas.
Es hematófago, por lo que se alimenta exclusivamente de sangre de vertebrados. Ataca al ganado y a ungulados salvajes, muy raramente a los perros y al hombre. Además se ha observado que se alimentan de la sangre de gallinas. Su dentadura comprende 24 piezas, con dos incisivos muy grandes, que le sirven para abrir superficialmente la piel de su fuente de alimento. El vampiro se limita a lamer la pequeña herida, que hizo con sus dientes, para extraer la sangre que no deja de manar, debido a que su saliva posee un anticoagulante. La sangre consumida por este vampiro rara vez daña al animal afectado, pues suelen tomar unos 25 ml en media hora, aunque suelen acudir cada noche a alimentarse de la misma víctima, pues si pasan 48 horas sin comer mueren de inanición; curiosamente es un animal que comparte habitualmente el alimento con otros compañeros incapaces de conseguir alimento, mediante la regurgitación de sangre. Uno de los primeros en relatar su experiencia con un vampiro de este tipo fue Gonzalo Fernández de Oviedo en su Sumario de la Natural Historia de las Indias (1526), ya que fue mordido por ellos y tuvo que usar el método de los indígenas para curar sus heridas