Mientras cada vez son más los países que se suman al abandono de la energía nuclear para generar electricidad, la Argentina de Cambiemos, decide ir contramano. Vistos en términos de costos, beneficios y perjuicios, no hay duda alguna que el enorme potencial del país en materia de energías renovables es incomparable. Y mientras desde el discurso político, el Presidente Mauricio Macri ha defendido la sustentabilidad, en la práctica esta semana le hizo un guiño a un desarrollo altamente riesgoso, no solo con una, sino con dos nuevas centrales nucleares a emplazar en el país. Hoy Argentina cuenta con tres centrales de energía nuclear, una emplazada en Embalse (Córdoba) y dos de Atucha en Lima (provincia de Buenos Aires). La cuarta central estará también en Lima y la quinta en Río Negro, con una avanzada de que sea impuesta en Sierra Grande. Toda una amenaza en los hechos, ya que Chubut comparte aguas en el golfo San Matías, en la explotación ictícola y en el hábitat inmediato al Patrimonio de la Humanidad que es Peníncula Valdés, lo que significa a la mansillar abiertamente la marca ambiental reconocida como “Patagonia”. ¿Qué pasó en menos de cuatro meses para que un Jefe de Estado cambie tanto de parecer?
De hecho, fue el 22 de enero de 2017 cuando, con el argumento de enfrentar el cambio climático y apuntar a un desarrollo sustentable, el Presidente anunció la firma de 16 contratos para proyectos de energía renovable que generarían 818 megavatios de potencia (MW) y representarían inversiones por más de 1.200 millones de dólares. Lo hizo en un breve acto en el Centro de Información y Formación Ambiental (CIFA), ubicado en el barrio porteño de Villa Lugano, donde aseguró que “la Argentina puede generar miles y miles de puestos de trabajo y alcanzar en 2018 un 8% de la matriz energética con energías limpias”.

Una experiencia en desuso

Increíblemente, Argentina fue el primer país en operar una central nuclear en 1974, durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, cuando se puso en funcionamiento Atucha I. Pero en términos productivos, Suecia fue en 1980 el estado que hizo punta en la generación, ubicándose como 9º país que más energía nuclear consume del mundo-. Siguieron Italia (1987), Bélgica (1999), Alemania (2000) —Alemania es el 4º consumidor mundial de energía nuclear— y Suiza (2011) y se ha discutido en otros países europeos, tales como Austria, Holanda, Polonia, y España, pero promulgaron leyes que paralizaron la construcción de nuevos reactores nucleares con el objetivo de fortalecer la generación de energías limpias.
Los argumentos para abandonarla van desde riesgos de graves accidentes, generación de residuos nucleares que permanecen radiactivos durante decenas de miles de años, la generación de altas emisiones de radiactividad y CO2, hasta su alto costo económico, generalmente financiado con fondos públicos. Según Greenpeace, “cada KWH producido por energía nuclear es de un costo económico mucho más elevado que cualquier otra fuente energética”.

Accidentes cercanos

El suceso de Chernobyl fue el accidente nuclear más grave de la historia, el peor caso en las peores condiciones, tanto humanas, morales, idóneas y técnicas. Las estimaciones de muertes debidas al accidente —principalmente debido a un incremento en la incidencia del cáncer— varían entre las 4000 y las decenas o centenares de miles.
El periodista José Terenzio, explicó en un artículo sobre el posible riesgo nuclear que puede correr la Argentina.
“El 30 de junio de 1983 la central nuclear de Embalse sufrió un grave incidente que no llegó a descargar material radiactivo al ambiente. Sin embargo se hablo de ‘fallas en el diseño, errores en los documentos y procedimientos, y desaciertos en la organización interna’.
El IRS, que es la oficina de las Naciones Unidas con sede en Austria que centraliza los informes sobre incidentes, dijo que ‘La CNEA, ocultó por tres años en comunicar lo sucedido al IRS y dicho hecho vio la luz la revista Der Spiegel, que tuvo acceso a 250 informes secretos, lo publicó en Alemania en 1987.’
El segundo accidente nuclear argentino fue el ocurrido en el reactor RA-2 el día 23 de septiembre de 1983, al parecer por una grave falla humana y que desencadenó una excursión de potencia en el reactor de investigación denominado RA-2, el cual se encontraba emplazado en el Centro Atómico Constituyentes, una dependencia de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ubicada en el partido de General San Martín. Las personas del lugar (Villa Maipú, San Martín) rememoran que en dicha época murió una cantidad anormal de personas de cáncer, que vivían en las inmediaciones.
Nunca hubo una evaluación oficial al respecto. Hasta el día de la fecha, este ha sido el accidente de mayor gravedad ocurrido en la historia del desarrollo nuclear argentino, con consecuencias letales para el técnico a cargo de los ensayos, además de otras 17 personas, en principio y de manera oficial, fueron afectadas por diferentes niveles de irradiación. Muchos años antes El RA-2 ya estuvo en estado crítico, ello en Julio de 1966.
Es un mito, por ejemplo, que la zona de Embalse Rió Tercero no sea zona sísmica o de actividad sísmica. La central de Embalse en Córdoba está localizada sobre la falla de Santa Rosa, en una región donde ya se han registrado movimientos sísmicos importantes: magnitud 5,5 e intensidad VII en 1947 y magnitud 6,0 e intensidad VIII en el año 1934. La Falla del Frente Occidental de la Sierra Chica se extiende desde Carlos Paz hasta Berrotarán y Elena. Su potencial peligro respecto de la generación sísmica es desconocido. En la región también se encuentra la falla de Las Lagunas, cercana a Sampacho —localidad destruida por un sismo en 1934— que llega hasta Río Cuarto. En conclusión Embalse es sísmico y peligroso y viven en la zona de influencia 4 millones de personas.”

Contaminación

Según el especialista Raúl A. Montenegro, biólogo y presidente de la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM), Embalse tiene dos sitios extremadamente peligrosos, uno muy protegido por “barreras de ingeniería”, el corazón del reactor, y otro menos protegido estructuralmente, el depósito de combustible nuclear agotado. Allí están depositadas las barras de descarte, altamente radiactivas, que se produjeron durante sus 28 años de operación (1983-2011). Al final de su vida útil estaría acumulando más de 120.000 barras que mantienen su peligrosidad durante 1.000 a 1.500 siglos. La situación en Atucha I es similar.
Montenegro sostiene además que Embalse, por ejemplo, libera al lago tritio 3, zirconio 95, cesio 137 y 134, estroncio 90, cromo 51, niobio 95, cerio 141 y 144, gadolinio 153, Iodo 131, rutenio 106 y 103, cobalto 60, antimonio 125, bario 140, manganeso 54, plata 110 M, zinc 65 y curio 51. El aire, en tanto, recibe tritio 3, xenón 133, xenón 135, kriptón 85, 85 M y 88, niobio 95, zirconio 95, cerio 144, rutenio 103, cerio 141, antimonio 124 y 125, Cobalto 60, hierro 59, plata 110m y Iodo 131. Todos son de riesgo. En Atucha I —donde las principales descargas se vuelcan al río Paraná— la situación es parecida.
En lo que respecta al proyecto que se trataría de imponer desde Nación en Río Negros, al límite con Chubut, bajo argumento de prevalecer la elección “federalista” de la vecina provincia de decirle sí a una provincia nuclear, implicaría el uso de agua o bien proveniente del mar, lo que afectaría el Golfo San Matías de jurisdicción limítrofe compartida entre Río Negro y Chubut; o bien el acuífero subterráneo del Sacanana que también tiene origen en Chubut.

Patagonia NO Nuclear

En el mundo actualmente hay 440 plantas nucleares. Y precisamente Cambiemos intentaría generar dos más, y una nada menos que en Patagonia. El uranio actualmente existente en el mundo alcanzaría para 65 años más. En términos de riesgos una explosión de una central afectaría miles de kilómetros cuadrados. Con efectos inmediatos sobre los seres humanos como la onda expansiva, el pulso de calor, la radiación ionizante y el pulso electromagnético. En el grupo de los retardados siguen efectos sobre el clima, el medio ambiente así como el daño generalizado a infraestructuras básicas para el sustento humano. Se producen alrededor de 20 a 30 toneladas de desechos de alto nivel por año por cada reactor nuclear en marcha. La actividad relacionada con la energía nuclear, incluso en ausencia de accidentes, ha provocado una gran concentración de productos radiactivos, lo que tiene graves consecuencias sobre la salud humana y el resto de seres vivos. Los principales daños a la salud se materializan por la capacidad de las sustancias radiactivas, especialmente cuando las ingerimos, de alterar el ADN de nuestras células, haciéndolas proclives al cáncer.
El Plan Nuclear Argentino, anunciado por Macri y ratificado por Weretilneck, omite instancias de consulta popular y participación ciudadana como son las audiencias públicas. El mensaje que da el Gobierno Nacional es que no le importa la opinión de la gente para avanzar con el desarrollo de una tecnología altamente contaminante, cara y peligrosa como la nuclear. Sin embargo, la gran mayoría de los habitantes de la región eligieron hace años una “Patagonia no nuclear”.