La situación económica pero sobre todo financiera de la mayoría de las provincias argentinas es de absoluta endeblez, por razones estructurales y también por un federalismo enrarecido de endeudamientos, escurrimientos y aprovechamientos de los recursos del interior. Para colmo, desde el cambio de gobierno, si algo ha cambiado a sido la prácticamente nula inyección de divisas de parte de Nación hacia las Provincias, más allá de las promesas sobre obra pública, planes diversos y asistencias puntuales que terminan siendo mínimas en función de lo que se aporta pensando solo en términos de recursos naturales. Sin embargo, entrado al cuarto trimestre, el Gobierno nacional parece no tener ninguna intención de mantener contemplaciones, ni siquiera de eso a lo que ellos mismos apelan, que es la “pesada herencia”, que también la mayoría de los distritos arrastra. En este marco, Mauricio Macri presidió este lunes una reunión de seguimiento de gestión del ministerio de Producción y allí estampó sin anestesia lo que viene: “El déficit tiene que llegar a cero y después mantenerse en cero hasta que dejemos de ser Gobierno”.
Esa fue la hoja de ruta que trazaron con Nicolás Dujovne cuando el Presidente decidió designarlo en el sillón que ocupaba Alfonso Prat-Gay.
La primera meta está pensada para el último año de este mandato. La segunda, no explicitada por Macri ante sus funcionarios, está ideada para gobernar un eventual segundo período con pleno equilibrio entre lo que se recauda y lo que se gasta.
Para eso, ya le pidió a su Gabinete que apriete las clavijas sobre las provincias rebeldes. La cuestión se venía charlando en las reuniones de Gabinete, pero el lunes el primer mandatario fue más enfático en la sesión de coordinación.
Bajar el déficit fiscal es una de las obsesiones de la Casa Rosada y el Presidente estaría dispuesto a castigar a los gobernadores que no se sumen a la política nacional. ¿Cómo? Dejaría de enviarles asistencia económica y les bloquearía el financiamiento. Y que lo hace, lo hace…

Una mirada “empresaria”

“Mauricio cree que se despilfarra mucha plata en clientelismo político. Si no tenés plata para pagar los sueldos o hacer obras no podés permitir que siga ingresando gente a la administración pública”, dicen en su entorno.
Hay un dato que le aportó Dujovne y que Macri suele mencionar seguido: en los últimos diez años, las provincias aumentaron cuatro puntos del PBI para gasto del personal. Los mandatarios buscaron minimizar el rojo en las cuentas subiendo la alícuota de ingresos brutos.
Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, le presentó a Macri dos proyectos que forman parte del plan.
Uno es el programa de sustentabilidad provincial, que apunta a “buscar una convergencia del equilibrio de aquellas jurisdicciones con déficit primario con una reducción de un tercio del déficit de 2016” y otro es la Reforma de Ley de Coparticipación, que persigue “un nuevo esquema de coparticipación basado en criterios objetivos de reparto”.
En ese borrador trabajaron el secretario de provincias, Alejandro Caldarelli y el subsecretario de relaciones con las provincias, Paulino Caballero.

En busca de un estado “sustentable”

El Presidente insistió en la reunión de coordinación, que compartió con Marcos Peña, Mario Quintana, Gustavo Lopetegui, Gabriela Michetti, Federico Pinedo y Frigerio con que “hay que construir un Estado sustentable”. Pretende mantener o disminuir la plata del personal de las administraciones para poder reducir la presión tributaria de los sectores productivos. Y resalta que este año debe lograrse sí o sí que el déficit no supere el 4,2% establecido en el Presupuesto.

Mapeo fino

El mapa que tienen confeccionado en la Casa de Gobierno sobre el comportamiento de las provincias se divide en tres:
Uno: Los distritos que han comenzado a ajustar sus cuentas, como Mendoza y Buenos Aires, que, aunque les queda mucho por hacer, tienen en Alfredo Cornejo y sobre todo en María Eugenia Vidaldos a dos referentes más que identificados con el proyecto nacional.
Dos: las provincias que, pese a que arrastran otro tipo de dificultades y que no comulgan con el credo macrista, no presentan problemas de déficit, como Córdoba, San Luis, Santiago del Estero y Formosa. Córdoba es mencionada con frecuencia por su compromiso: “Se sobrepuso incluso al látigo que le aplicaban en tiempos de Cristina”, dicen en el Palacio de Hacienda. En este grupo de provincias que surfean el gasto ubican una rareza: Santa Fe, que presenta desequilibrio fiscal, pero no acostumbra a pedir rescates a la Casa Rosada.
Tres: las provincias que están lejos de la meta y no parecen dispuestas a oír la convocatoria de la Nación, entre ellas Santa Cruz y en menor medida Tierra del Fuego; pero también aparece Jujuy, un territorio que Macri cuida por su buena sintonía con Gerardo Morales, y que en 2016 tuvo un déficit mensual de aproximadamente 300 millones de pesos. “Algo va a tener que hacer, Gerardo, por más buena onda que haya”, dicen en las reuniones de coordinación.

En la Casa Rosada consideran que los gobernadores han tomado nota del nuevo mapa político. Una prueba: el compromiso que firmaron en su momento en Mendoza los delegados de 21 provincias para no aumentar el gasto más allá de la variación inflacionaria. Aunque ninguno acelera con el ritmo que le gustaría a Macri. El Presidente siempre quiere que los ajustes en las economías provinciales -en rigor, también en la de su administración- sean más fuertes. “Pero acá no puede haber políticas de shock, tenemos que ser graduales”, se atajan los referentes económicos de Cambiemos.
Sin embargo, la lógica matemática que predomina en la ingeniería, no funciona igual en la política, y guste o no, los gobernadores no son meros administradores de los campitos que generan sustanciales negocios a esta abstracción llamado Gobierno de “lo Nacional”. Por el contrario, la administración de lo público es apenas una arista de la confianza política de sus pueblos, por lo que cada caudillo o gobernador logró la mayoría en las urnas y terminó donde terminó. Mientras el Gabinete Nacional intente llevar a las provincias a una relación de “sucursales” que deben mostrar eficiencia y ajustarse a las metas de la casa matriz, con premios y castigos incluidos, es probable que cada vez Cambiemos esté más lejos de disimular ese déficit político indisimulable que hace de los vínculos entre gobernados y gobernantes, nada más ni nada menos que una relación de poder. Habrá que ver…

Fuentes: NA, Clarín, AF, propias