Reino Unido se encamina a unas elecciones anticipadas el próximo 8 de junio. Después de meses de negar la tentadora posibilidad en nombre de la estabilidad del país, Theresa May anunció este martes que buscará ampliar su frágil mayoría parlamentaria para afrontar las complejas negociaciones de salida de la UE. La crisis histórica del opositor partido laborista brinda a la primera ministra la oportunidad de revestir de legitimidad democrática su apuesta por un Brexit duro. Pero la decisión, solo tres semanas después de iniciar formalmente el proceso de salida de la UE, no está exenta de riesgos.
El de unas elecciones anticipadas era un escenario que nadie, salvo la propia primera ministra, descartaba. El Partido Conservador goza de una mayoría real de apenas 17 diputados. Ese hecho convierte a May en rehén de un reducido grupo de legisladores conservadores profundamente antieuropeos que se oponen a cualquier mínima concesión en la ruptura con la UE.

Aunque la campaña acabe ajustando los márgenes de los sondeos, la crisis en la que se encuentra sumido el Partido Laborista brinda a May la oportunidad de ampliar con creces su mayoría: los análisis indican que la ventaja de cerca de 20 puntos porcentuales que los últimos sondeos dan a los tories se podría traducir en un cómodo margen de más de un centenar de escaños. Algo difícil de resistir para una primera ministra a la que el proceso de salida de la UE, iniciado formalmente el pasado 29 de marzo, augura dos años de intensa actividad legislativa. Una victoria electoral, además, revestiría de legitimidad democrática a una primera ministra que sucedió a David Cameron, en julio del año pasado, sin pasar por las urnas y solo cuando los candidatos más obvios abandonaron la contienda.

Sin embargo, Theresa May se había negado repetidamente a celebrar elecciones antes de 2020. Lo contrario, argumentaba, provocaría un aumento de la incertidumbre que el país ni mucho menos necesita. Pero ayer rectificó. Ante el atril de las grandes ocasiones, a las puertas del 10 de Downing Street, en una comparecencia sorpresiva que cayó como una bomba en una la clase política británica que regresaba de las vacaciones parlamentarias de Pascua, May dijo que el país “necesita unas elecciones y las necesita ahora”. Había llegado a la conclusión —“recientemente y a regañadientes”— de que adelantar las elecciones “es la única manera de asegurar la certidumbre y la estabilidad para los años venideros”.

La decisión no está exenta de riesgos. Desde la rocambolesca batalla para suceder a David Cameron, May ha querido construir su imagen política alrededor de la idea de responsabilidad. Algo que difícilmente casa con un adelanto electoral que, en palabras de la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, supone poner “los intereses del partido por delante de los del país”. Por otro lado, May corre el riesgo de convertir los cambios de opinión en peligrosa marca de la casa: la medida estrella de sus Presupuestos fue rectificada en tan solo siete días y, no conviene olvidarlo, la primera ministra que hoy enarbola la bandera del Brexit duro defendió en su día la permanencia en la UE.

Sus opositores querrán convertir las elecciones anticipadas en un plebiscito sobre ese Brexit duro al que May parece dispuesta a conducir al país. Los británicos votaron por abandonar la UE en junio del año pasado, por un margen de cuatro puntos. Un voto que la primera ministra interpreta como un mandato para controlar la inmigración, aún a costa de renunciar al acceso al mercado único. Esa opción quedaba clara en la carta, entregada en Bruselas el 29 de marzo, que activaba formalmente el plazo de dos años que el artículo 50 del Tratado de Lisboa establece para negociar la salida de un Estado miembro. El 48% de los británicos que votó por la permanencia en la UE ha ofrecido signos de una mayor movilización en las últimas semanas, y un año rico en sorpresas aconseja no dar nada por sentado.

Pero la primera ministra parece haber calculado que todos esos riesgos languidecen en comparación con la comodidad que supondría afrontar el Brexit con una cómoda mayoría parlamentaria. Las negociaciones con la UE alcanzarán “su etapa más compleja” justo cuando estaban previstas las elecciones en 2020, recordó ayer May. Además, cada vez resulta más claro que la relación con la UE no desaparecerá de repente en marzo de 2019, cuando concluya el plazo de negociación.

Justificar la medida

La propia primera ministra ha reconocido recientemente que, para evitar un salto al vacío, tendrá que haber un “periodo de implementación” durante el cual Reino Unido siga aceptando la libre circulación de personas e, incluso, continúe sometido a la jurisdicción del tribunal Europeo de Justicia. Algo que, de mantenerse las elecciones en 2020, obligaría a May a acudir a las urnas sin poder vender ante el sector más euroescéptico de su electorado que el Brexit se ha consumado.

Para justificar el adelanto electoral, May culpó ayer a la oposición y a la Cámara de los Lores de debilitar su postura negociadora con la UE. “El país está unido pero Westminster no”, señaló. “Los laboristas han amenazado con votar contra el acuerdo final que alcancemos. Los liberal demócratas han dicho que quieren paralizar la acción del Gobierno. Y los no electos lores han prometido pelarnos a cada paso del camino”.

La primera ministra no puede convocar elecciones directamente. Pero puede presentar una moción en el Parlamento que requerirá el voto a favor de dos tercios de los diputados. May anunció que la presentará hoy mismo. Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista, principal formación de oposición al Gobierno, anunció que apoyará el adelanto electoral, aunque las expectativas de su partido están en mínimos históricos. Lo mismo hicieron los líderes del partido Liberal Demócrata y de los nacionalistas escoceses del SNP.