La contra movilización y acto macrista en Plaza de Mayo trajo demasiados malos recuerdos para coincidir con otro aniversario de Malvinas. Un 2 de abril de hace 35 años también una plaza atiborrada de entusiastas aplaudía que fuéramos a la guerra como mejor método para recuperar un espacio de territorio usurpado desde hacía siglos. Poco después, exactamente 72 días, ninguno de los que estuvieron en aquel corso exitista adhiriendo a los `Juegos de la Guerra´ tenía nada más para decir, que lamentos e improperios sobre un gobierno de facto de etílica estrategia y obnubilada acción.
Este sábado, otra vez la Plaza se llenó de un “ejército de zombies electrónicos”, como dijo El Perro, que siempre se adelanta a las reflexiones correctas. Fue una autoconvocatoria negada que arrastró a un público parecido al de los “Juegos del Hambre”, deseosos de sangre de asimetrías, o por lo menos de ser otra vez parte de una guerra, y paradójicamente contradijo “el intento de desvincular la calle y el cuarto oscuro” como alerta Página/12.
En su columna “Plazas y aplazos”, el columnista Horacio Verbitsky lo explicó con sumo detalle y excelencia política: “El jueves culminó el mes de actividad colectiva más intenso en medio siglo, con seis movilizaciones masivas en las que se expresó un rechazo contundente a las políticas del gobierno nacional: dos de los docentes, una de las mujeres, una de la CGT, una por el Día Nacional de la Memoria y otra conjunta de ambas CTA y de un sector de trabajadores industriales de la CGT.
El discurso oficial alardea que la Alianza Cambiemos renovó las costumbres políticas y mantiene una comunicación personalizada con cada ciudadano, que luego se refleja en las urnas, mientras los actos y marchas serían como las hojas secas de un otoño político y parte de un pasado irreversible. Esta concepción tiene expositores sofisticados como el consultor Jaime Durán Barba con sus encuestas y focus groups, y guturales como el financista radical Javier González Fraga, quien pretende que la descomunal concentración del 24 de marzo se realizó pagando ómnibus, vino, coca cola, choripanes y 500 pesos por cabeza de ganado humano. Pero lejos de los micrófonos nadie del gobierno oculta la preocupación por el clima social, como testimonia una foto extraordinaria que escapó del control de la oficina de propaganda, en la que el presidente y varios de sus colaboradores miran con aprensión en una pantalla gigante una de las plazas colmadas hasta reventar.

Hipótesis y algo más

El guión oficial consiste en asignar a esas movilizaciones una intención destituyente, con el propósito de forzar una crisis que acorte el mandato presidencial. Cuesta admitir que no fue un holograma digitado desde la Casa de Gobierno el que llamó traidora a Estela de Carloto, hijo de remilputa a Macri y postuló “basta de ser democráticos”, y se abrió paso con prepotencia con un camión entre la abigarrada Avenida de Mayo rumbo a la plaza. Una duda que sólo el tiempo podrá zanjar es si el gobierno cree de verdad que las reacciones a la crisis social desatada por su política en realidad obedecen al propósito de abortar el mandato para el que fue electo y del que ya ha consumido un tercio, con más pena que gloria.
Otra hipótesis es que trate de extraer de ese relato un rédito similar al que obtuvo CFK luego del alzamiento de la Sociedad Rural y de las cámaras patronales agropecuarias en 2008.
Este paralelo tiene varios inconvenientes. El primero, que el gobierno fue derrotado en las elecciones legislativas bonaerenses del año siguiente, con una lista que encabezaban Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa, y que recién después repuntó, con la ley audiovisual y las nacionalizaciones. Además, no es lo mismo un plan para sitiar por hambre durante semanas a las grandes ciudades, que actos pacíficos en el corazón de ellas para ejercer el derecho constitucional de protestar y peticionar. La única violencia fue ejercida contra los manifestantes, cuando la Gendarmería permitió que un camionero borracho atropellara a los manifestantes en San Lorenzo, matara a uno e hiriera a cinco. Tampoco puede compararse el diálogo insidioso entre Mariano Grondona y Hugo Biolcati anticipando la asunción presidencial del vice Julio Cobos con la humorada del helicóptero de cartón exhibido en la Plaza de Mayo. En un caso se trataba de un plan concreto de sectores sociales poderosos que veían afectados sus intereses. En el otro, a lo sumo, la expresión de deseos de los manifestantes más lineales, no convalidada por los dirigentes. (…)

Una de Superhéroes

En paralelo se debate el efecto del conflicto docente, que el gobierno habría podido eludir si no hubiera decidido profundizarlo con una finalidad ejemplarizadora. Por un lado intenta transmitir a todo el universo sindical que posee la capacidad y la decisión para quebrar a quien se le cruce en el camino con tal de reducir el costo salarial por segundo año consecutivo. La clase que lo sostiene ha demostrado a lo largo de la historia que no le importa matar para conseguir esos fines. Por otro, propone un antagonismo de Superhéroes de Marvel, entre el Ogro Malo y el Hada Buena, en el que cifra sus expectativas electorales. Suponen que en ese contraste de imágenes la mayoría acudirá en auxilio de quien aparece como más débil, aunque en voz baja se congratulan por el carácter de acero que atribuyen a la gobernadora bonaerense. (…) Vidal es la carta fuerte del gobierno, cuando faltan menos de tres meses para el cierre de las candidaturas. Su aparición constante en inauguraciones de obras o en la pugna con los educadores intenta disimular que ella no puede postularse, ya que los comicios de medio término sólo son legislativos y la gobernación para la que fue electa recién termina en 2019. Que Macri apareciera junto a ella estaba previsto desde que el diferencial de opiniones positivas dejó muy atrás al presidente. (…)

Un incómodo zigzag

Otro capítulo del negacionismo en curso lo escribió el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, al suprimir de su página web toda referencia a la dictadura cívico militar y al carácter de facto de los “autotitulados presidentes” José Uriburu, Pedro Ramírez, Edelmiro Farrell, Eduardo Lonardi, Pedro Aramburu, Juan Onganía, Roberto Levingston, Alejandro Lanusse, Jorge Videla, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Benito Bignone, y de los presidentes del Banco que ellos designaron. También desaparecieron los listones negros que su predecesor Alejandro Vanoli había hecho colocar en La Cuadrada, que es el gran espacio del ala San Martin del viejo edificio, para singularizar entre los cuadros de los titulares del banco aquellos que actuaron bajo dictaduras. El impulsor de la remoción fue el asesor del directorio Horacio Tomás Liendo, nieto del general homónimo que fue ministro de Trabajo de Videla.

Contra y dicciones

Durante su visita a los Países Bajos, Macrì osciló entre el intento de colocarse en la escena mundial como un defensor de los Derechos Humanos y su aversión espontánea hacia el tema. En su visita a la Corte Penal Internacional que tiene sede en La Haya, su presidente, la jueza argentina Silvia Fernández, destacó el rol que ese tribunal cumple “en la lucha contra la impunidad de los autores de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra, así como en garantizar justicia a las víctimas, incluyendo la reparación del daño sufrido”. El presidente no tuvo mejor idea que decir que su gobierno había decidido “que no perdamos más tiempo en discutir por qué nos pasó lo que nos pasó” y que el país no pudo realizar su potencial porque “empleó muchos años en confrontar con su historia”. La refutación más categórica provino del Rey Guillermo, cuyo discurso oficial señaló lo que Macrì prefiere eludir: “Todos llevamos la historia en nuestro equipaje, cada uno a su manera. Muchos sienten todavía las cicatrices que dejaron los tiempos de terror y dictadura, que no son tan lejanos para su país. Hace apenas una generación miles de personas fueron sometidas a persecución y violencia, y violados sus derechos humanos. Ese tiempo oscuro dejó un aprendizaje claro: ¡Nunca Más!”.
Fuente: Página/12