Javier Arias
javierarias@eldigito.com

No quisiera pecar de viejo cascarrabias, que de hecho con mis ya carenta y cinco años esa posibilidad se puede transformar en una realidad por demás aplastante, pero díganme ustedes, fieles lectores, si no están realmente preocupados por nuestro tan vilipendiado idioma. Es que con tanto chat, mensajitos de texto y messenger dando vueltas, están creando una horda de asesinos seriales del castellano que da miedo. Porque, digo yo, ¿uno ganará mucho tiempo escribiendo “kiero” en vez de “quiero”?; no puedo creer que una letra vaya a modificar excesivamente nuestra existencia. Tal vez me respondan diciéndome que una letra no, pero la sumatoria de muchas, muchas letras, en una de esas nos posibilitan unos quince minutos en diez años, y como es bien sabido que el tiempo es dinero, quince minutos son quince minutos, que las monedas no las regalan en las esquinas. (Mucho menos las monedas, podríamos responderle en estos tiempos que conseguir metálico es más complicado que ponerse a falsificar billetes de siete pesos)
Pero, ironías aparte, a veces tratar de leer alguno de esos mensajes se transforma en una tarea titánica, más adecuada para experimentados criptógrafos que para nosotros, simples mortales que hablamos la lengua castellana. Cosas como “yo creo k los msj de txt no dañan” paradójicamente hace que mis retinas comiencen a parpadear mandando una epiléptica información a mis pobres neuronas, que gastan el doble de tiempo en tratar de adivinar qué cornos quiso poner mi interlocutor. Y eso que hasta ahora sólo hablamos de cambiar los “que” por “k” y jugar con las contracciones y abreviaturas, porque si nos ponemos a analizar los horrores de ortografía, ya mejor nos conseguimos una buena edición del diccionario de la Real Academia Española y nos la atamos al cuello para suicidarnos en medio del Golfo Nuevo. Porque algunos ejemplos, más que miedo, dan paludismo, “nesecito saver donde vajar la pelicula de hestar wars gratix”, ¿por dónde comenzaría usted, atento lector, a corregir la anterior frase?, no, no se gaste, en estos casos es mejor, siempre, el fuego purificador.
E internet no es ninguna inocente a la hora de buscar las causas de tamaña bestialidad que nos rodea, pero como un animal que trata de curarse a sí mismo, ya hasta han identificado en sus filas a quienes embisten con mayor pasión los buenos recuerdos de don Miguel de Cervantes y compañía, poniéndoles una etiqueta por demás simpática, los llaman los “HOYGAN”.
Estos “HOYGAN” son usuarios de internet que andan escribiendo en cada lugar que pueden la más disparatada batería de preguntas que uno puede llegar a imaginar, pero con una característica, siempre empiezan con un “hoygan”, que para los despistados vendría a ser algo así como un llamado de atención a cambio de un olvidado “oigan”.
Según la nunca bien ponderada Wikipedia “HOYGAN u HOIGAN es un neologismo nacido en internet, con el que algunos describen de forma paródica a los usuarios que, por descuido o por presumible bajo nivel cultural, escriben en los foros con multitud de faltas de ortografía. Además de los errores ortográficos y gramaticales, escriben a menudo para pedir cosas imposibles, para solicitar regalos que nadie les va a enviar o para que les presten algún tipo de ayuda”. Y de esta forma uno puede toparse con cosas como “…NESECITO HALLUDA PARA HACAVAR EL POKEMON HESMERALDA…” o “…NO SE MUCHO DE HIMFORMATICA PERO KIERO HENTRAR HEN HEL HORDENADOR DE MI BEZINO KOMO LO AGO?”, siempre en mayúsculas, siempre con díscolas haches.
¿Dígame si no está restregándose los doloridos ojos después de leer esas frases?
Pero tal vez lo peor de todo esto es que haya gente que efectivamente ve este tipo de escritura como una verdadera revolución en la lengua.
Así me vengo a enterar que un grupo de especialistas en el lenguaje, reunidos en el seminario “El español de los jóvenes”, en la localidad española de San Millán de la Cogolla, luego de analizar este tipo de códigos aseguraron, sin que le tiemble un pelo, que se trata de “la mayor revolución del lenguaje que haya habido jamás”. También afirmaron, siempre con seguridad y sin temor a atentados sobre sus personas, que estas nuevas formas de comunicación son un híbrido entre lo oral y lo escrito y que debemos evitar el desprecio, ya que es un fenómeno natural e “irrefrenable”.
¿Qué quieren que les diga?, podrán tildarme de conservador, pero si las revoluciones lingüísticas vienen por este lado, ya mismo descuelgo todas fotos del Che de mi pieza.