Según los glosarios o tesauros internacionales del turismo, esta actividad es una nueva tendencia que está emergiendo dentro de los países desarrollados que se interesan por involucrar de forma más directa y entretenida a la mayoría de personas con el conocimiento del mundo natural
La Organización Mundial de Turismo (OMT) recuerda que el turismo comprende las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos a los de su entorno habitual, por un periodo inferior a un año, con fines de ocio, por negocio y otros motivos, Y como sabemos la palabra científico deriva de ciencia. En Puerto Madryn, su Centro de Investigaciones CENPAT, sus directivos, han tenido el acierto, -en los últimos tiempos de contribuir a enriquecer estas variables. La ciencia puede caracterizarse como conocimiento racional, exacto y verificable. La ciencia siempre ha aparecido como algo alejado para el gran público. Por esta razón nace la idea de unir estos conceptos con el fin de que las personas unan el descanso con el conocimiento. De esta manera podemos decir que el turismo científico es una actividad dedicada a personas que tengan el interés de ir más allá y que busquen aumentar sus conocimientos.
No se trata de que el turista ejerza de antropólogo cuando visita el Museo Paleontológico como el “Feruglio” de Trelew, en Chubut, en un excelente eslabón “pro turístico”. La idea es que pueda enriquecerse con nuevas vivencias y conocimientos, así lo asevera desde más de una década uno de sus propulsores, el profesor Cuneo.
En lo que respecta a la provincia del Chubut, por ejemplo, la intención ha sido desde siempre que los visitantes viajen y recorran cada lugar en forma inteligente, materializando el derecho a la curiosidad. Esto ayuda a viajar también con la imaginación a través de los tiempos y en los mismos espacios donde ocurrieran los hechos. Es importante hacer accesible el conocimiento, para que la gente, durante su etapa de mayor capacidad de aprendizaje en la joven libertad de las vacaciones o simplemente en su “tiempo libre” incorpore los nuevos conocimientos a su cultura.
Según una creencia generalizada, la ciencia aparecería como distante del gran público. La imagen predominante en los estrados populares es que lo científico es aquello reservado a los laboratorios. Pero, a pesar de las dificultades inherentes al tema, se ha constatado que por la vía del turismo se logró una importante vuelta masiva a los conjuntos históricos a los museos y centros de interpretación con mensajes de este perfil. Debe acreditarse a esta actividad parte de la eclosión en la difusión de curiosidades que, de otra forma, no llamarían la atención.
Ya en 1786, Thomas Jefferson, uno de los padres de la independencia de los Estados Unidos de América, en una carta a su amigo G. Wythe le recordaba: la difusión del conocimiento entre la gente que es la base, por la vía del crecimiento de los ciudadanos, de la preservación de la libertad y la felicidad. Por supuesto, la habilidad sostenida de usar el conocimiento, depende de la educación que las personas reciben sistemáticamente, desde la infancia hasta la preparación secundaria. Un reciente documento de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos recomienda transferir ciertos conocimientos científicos, junto a referencias, que permitan la vinculación de los recuerdos. De allí el valor de los programas que asisten en la interpretación.
La Patagonia, en el mayor espacio geográfico de su territorio, da mensajes de fantasía que crecen desde los tiempos de Magallanes, en la medida que se explique la fuerza de las transformaciones que allí se dieron. Por ejemplo, ha sido poblada por saurios, entre ellos los de mayor tamaño en algunas especies. En épocas de formación glaciaria, se sufrió la desaparición de inmensos bosques cuya posterior petrificación conservó los vestigios que hoy dan testimonio de su existencia. Todo esto, como sostiene en su cátedra el Arq. Jorge Barroso, debe transmitirse enseñando a leer a los visitantes los mensajes que ha dejado la naturaleza.
Steven Spielberg, a través de su film Jurasic Park, aceleró como pocos el interés popular por la vida de estos trascendentes habitantes del Planeta de otras épocas.
Al siglo XXI se lo presagia también como el siglo de la ciencia. Esto demandará capacitación y habilidad para lograr una mayor calidad de vida del conjunto, sin exclusiones. En Europa se alienta el turismo científico, como una de las formas de contribuir hacia dicho futuro. El éxito obtenido por las editoras Hachette y The Scientific Traveller, con las guías sobre este tema, son una muestra de cómo avanza en el Viejo Mundo el llamado turismo científico.