La semana cerró con un informe lapidario pero absolutamente sustentado de la Universidad Católica, donde se alertó que la población argentina expone un 32,9 por ciento de personas en la línea de pobreza, y 6,9 por ciento en la línea de indigencia. Los datos aunque son cifras fría, guardan una inquietud nerviosa que tiene correlato con el día a día y en la percepción lisa y llana de toda la ciudadanía: las cosas no van bien y hoy vivir en nuestro país es mucho más difícil que hace dos años.
A la par, todo indica que el gobierno de Cambiemos, regenteado por Mauricio Macri, considera que deberá hacer muchos más ajustes para equilibrar el déficit fiscal. Por lo que el escenario no parece que será mucho mejor, más allá de las expresiones de deseos en un año político donde decir la verdad puede salir caro.
Ante los datos inapelables, la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, no pudo menos que decir algo: “es un número que duele”, pero el Gobierno va a “revertir esta realidad”.
La funcionaria también sostuvo que no se sorprendió por los datos de pobreza que dio a conocer el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), que precisó que en los primeros nueve meses de gobierno de Mauricio Macri 1,5 millón de personas cayeron en la pobreza. Sin embargo, Stanley aseguró que “hoy la inflación está a la baja y llegan las inversiones (sic)”, por lo que si se miran todos esos datos juntos, “te das cuenta de que empezamos a transitar el camino para dejar atrás de forma definitiva la pobreza”, afirmó esperanzadamente.
Para el columnista Javier Lindenboim, la cosa sin embargo no parece tan sencilla con las tendencias actuales.
Según el economista de la UBA y director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped), “La contracción del empleo privado en los últimos cinco años no permite presagiar una recuperación del consumo y un círculo virtuoso del crecimiento económico. La mayor tensión actual en el campo social y laboral ¿expresa fielmente la situación ocupacional, el proceso reciente y su evolución previsible?”
En un artículo titulado “Cómo superar el estancamiento del empleo”, Lindenboim explica “Las perspectivas ocupacionales derivan de varias circunstancias. Las políticas públicas puestas en movimiento, las condiciones locales e internacionales del ciclo económico, el desempeño del mercado de trabajo en el período precedente, etc.
A grandes trazos, sabemos que las condiciones internacionales se han tornado fuertemente desfavorables para América Latina por la contención de la demanda dirigida a sus productos exportables y por el reverdecimiento de aislamiento y protección en diversos puntos de planeta. También hemos visto que las nuevas autoridades políticas en Argentina no han encontrado la manera de dinamizar el ciclo económico. Resta mirar si el desempeño reciente del mercado de trabajo permite abrigar algún optimismo. Desafortunadamente, no es este el caso. Dejamos al margen la verborragia de voces interesadas que parecen pintar una escena en la cual la Argentina se encontraba a fines de 2015 en condiciones óptimas y, por lo tanto, todos los avatares en materia de empleo, distribución del ingreso, inflación, tipo de cambio, etc. son exclusiva consecuencia de la mala voluntad y/o la impericia de la administración actual”, afirma.

Bases relativas e impericias evidentes

La (acotada) información producida por el Ministerio de Trabajo indica doce millones de trabajadores registrados de los cuales casi diez millones son asalariados (públicos, privados o de servicio doméstico) y el resto autónomos y monotributistas. La serie proporcionada se inicia en enero de 2012 por lo cual sólo contamos con datos relativos al segundo período presidencial de la Dra. Kirchner y al primer año del actual Presidente.
La situación inicial guardaba cierta correlación con los estudios sociolaborales, habida cuenta de que aquí no se incluye el trabajo precario o desprotegido. Esta serie, en 2012, mostraba al empleo asalariado privado con poco más de la mitad del total, al empleo público con casi un cuarto, el empleo en los hogares apenas un 4%, restando menos del 20% para los autónomos y monotributistas (incluyendo estos últimos una pequeña porción de monotributistas sociales).
La composición del crecimiento del empleo en el quinquenio, sin embargo, guarda escasa relación con esa estructura original -se toman los 11 meses iniciales de cada año-. Los asalariados privados (que absorbían un 56% al inicio) aportaron en el quinquenio apenas un 8%. En sentido inverso, los dependientes del Estado que eran menos de un cuarto del total inicial aportaron algo más de la mitad de los nuevos empleos y los no asalariados que eran un 18% aportaron más de un tercio (los monotributistas sociales que eran sólo un 2% al inicio, contribuyeron con el 16% del total).

Excepciones y tendencias

Hubo años singularmente notables. En 2013, los trabajadores registrados se incrementaron en cerca de medio millón. De ellos, casi la mitad fueron monotributistas (sean comunes o los de carácter social, en partes iguales). Y un tercio del aumento anual provino del empleo estatal. Todo esto contribuyó de manera indudable a nutrir de ingresos a hogares con insuficiencias varias pero era obvio que eso no podía autosustentarse: en 2014 cayó el empleo asalariado privado y el empleo estatal creció con un volumen equivalente a la mitad del año previo.
Los autónomos perdieron en 2014 unos 15.000 puestos (casi todos los creados el año anterior), los nuevos monotributistas fueron un octavo y los monotributistas sociales menos de la mitad. Ciertamente los diversos estímulos del año electoral (2013) desaparecieron y sumado a la fuerte devaluación en el verano 2013-2014 el resultado si bien fue positivo tuvo una dimensión que apenas alcanzó a un cuarto de la creación del año previo.
El año 2015 mostró una recuperación del empleo asalariado privado importante (en dos de los tres años previos había disminuido). Eso junto a la renovada demanda estatal (más de la mitad del aumento total en ese año) dio cuenta de un dinamismo que esta vez casi no incluyó al sector autónomo.
Finalmente en 2016 hubo una creación neta de 60.000 empleos en 11 meses, muy lejos de la caída de 200 mil mencionada durante la visita presidencial a España. Dicho saldo resulta de una gran caída de asalariados privados (50.000) compensada por una fuerte alza de monotributistas y algo de autónomos, empleados domésticos y del sector público.

Falta acción y decisión

En otras palabras, venimos de un quinquenio caracterizado por un declive del empleo productivo que ya había sido apreciado con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares, la que había mostrado gran dinamismo entre 2002 y 2007, estancamiento hasta 2011 y declinación ulterior.
Ante la falta de decisiones empresarias -al menos hasta aquí- que contribuyan efectivamente a la recreación de la demanda ocupacional, el comportamiento reciente del mercado laboral no permite presagiar una recuperación del consumo; y, por tanto, no es imaginable el círculo virtuoso del crecimiento económico y de los ingresos de los hogares”. Allí parece estar uno de los núcleos centrales de la necesaria intervención gubernamental. ¿Se verificará? Habrá que ver…

Fuentes: UCA, LPO, LN, CEPED