A partir de una resolución que se publicó la semana pasada en el Boletín Oficial, el Gobierno Nacional conformó el Programa para la Promoción de la Energía Derivada de Biomasa (Probiomasa), un medida clave para incrementar la participación de la biomasa como recurso estratégico y diversificar la matriz energética nacional, todavía muy volcada en el paradigma fósil.
El programa funcionará en la órbita de la Secretaría de Agregado de Valor (en la Subsecretaría de Bioindustria) del Ministerio de Agroindustria, que conduce el ministro Ricardo Buryaile, en estrechar relación el Ministerio de Energía y Minería.
El objetivo central es incrementar la participación específica de la biomasa como fuente de generación de energía. También generar información geográfica, fomentar nuevos emprendimientos y capacitaciones. La formalización del Probiomasa abre oportunidades para muchos sectores de la agroindustria.
En la agricultura, por ejemplo, los residuos de los cultivos se pueden utilizar para producir energía (las cáscaras del arroz, el bagazo de la caña de azúcar y la paja del trigo, entre muchas alternativas) y también los que produce la industria forestal. Hay localidades rurales que también están utilizando la basura, en combo con un cultivo energético (por ejemplo el sorgo), para generar energía.
Desde el 2012, en el país se viene ejecutando el Proyecto de promoción de la energía derivada de la biomasa, que cuenta con la asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y que culminará en diciembre de este año.
“El sector energético argentino afronta una creciente demanda de energía, especialmente eléctrica; una fuerte dependencia de los hidrocarburos, lo que conlleva a problemas de índole ambiental y económico; y una creciente importación de combustibles fósiles, lo cual determina la necesidad de lograr seguridad e independencia energética”, reconocieron desde el Ministerio de Agroindustria.
El secretario de Agregado de Valor, Néstor Roulet, aseguró que “la Argentina tiene un gran potencial como productor de biomasa, lo que generará beneficios tanto para el sector energético, agropecuario y forestal, como para la sociedad en general”.

A través del Programa se busca promover y consolidar una Red Institucional Bioenergética en el territorio nacional a través de las Unidades Ejecutoras Provinciales (UEPs) y sus Grupos de Asistencia Técnica (GAT).
Además, se propone la actualización de un sistema de información geográfica sobre disponibilidad, accesibilidad y consumo de biomasa que exprese el potencial bioenergético nacional, que permita una zonificación provincial, junto a la identificación y selección de las áreas que por sus características pueden satisfacer demandas para el desarrollo en esta materia.
El subsecretario de Bioindustria, Mariano Lechardoy, señaló que será clave estimular nuevos emprendimientos bioenergéticos mediante el asesoramiento a proyectos presentados por particulares y asociaciones a fin de garantizar la sostenibilidad técnica, económica, financiera, social y ambiental de cada uno de ellos.
Otra de las aristas de la implementación del programa atenderá a la capacitación acerca de las oportunidades y ventajas que ofrece la bioenergía. La meta es promover la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energético mediante la utilización de residuos orgánicos de la agricultura y agroindustria para la generación energética.

Una buena oportunidad productiva

El INTA presentó en Expoagro dos casos concretos y exitosos, donde la energía se recicla en productos con agregado de valor. El primero es el de la empresa nacional Porta Hermanos, que desarrolló un modelo de destilería a pequeña escala totalmente automatizada -denominado “MiniDest”- para producir bioetanol y burlanda a partir de maíz. El proyecto fue reconocido con medalla de oro en la quinta edición del premio Ternium Expoagro a la Innovación Agroindustrial.
“MiniDest surgió de buscar la máxima eficiencia en cada litro de alcohol. Llegamos a la conclusión de que, si eliminábamos los fletes de granos y subproductos, era posible conseguir el mayor impacto. Esto supuso el desafío tecnológico de crear una estructura industrial capaz de funcionar en el campo y ser operada en forma remota”, explicó José Porta, presidente de Porta Hermanos.
A diferencia de las grandes plantas, este tipo de ingeniería simplifica los circuitos de logística, reduce costos y puede combinarse con actividades como feedlots o tambos, donde es posible aprovechar la burlanda -subproducto del maíz- en las dietas animales.

Las minidestilerías muelen hasta 40 toneladas de maíz por día -equivalentes a 14.500 toneladas anuales- con un excedente proteico que podría abastecer a unos 3000 novillos en engorde, con una ración que incluye un 40 % de burlanda húmeda. “Estas plantas generan un ahorro significativo en fletes, en tanto el maíz y la burlanda se procesan en origen y habilitan el transporte de productos con mayor valor agregado como novillos o bioetanol”, explicó Mario Bragachini, especialista en agregado de valor del INTA Manfredi.

Sorgos que hacen explosión

Otro de los casos del INTA, tendientes a la utilización de biomasa como “combustible” para la agroindustria es el caso de la Cooperativa de Tamberos de Comercialización e Industrialización Ltda. Manfrey, donde unos 100 productores asociados elaboran lácteos para el mercado nacional. El emprendimiento viene a suplir una carencia: la zona, ubicada en el este de la provincia con poco más de 6000 habitantes, está fuera de la red de gasoductos. Con el objetivo de evitar los problemas de calidad y disponibilidad que les traía el fueloil -utilizado para alimentar el movimiento industrial-, decidieron instalar una planta provista con tecnología italiana que produce energía a través de gasificación de biomasa vegetal, inicialmente chips de madera y residuos agrícolas.
“Con el apoyo de distintas unidades del instituto en el territorio, evaluamos variedades de sorgo -con genética del INTA y del sector privado- específicos para estos fines”, detalló Marcos Bragachini, también de INTA Manfredi.
Los cultivares elegidos presentan un alto volumen de producción -con rindes de entre 35 y 45 toneladas de materia seca por hectárea en ensayos- y elevado contenido de lignina y celulosa.
“Las pruebas confirmaron el potencial de las variedades para gasificación y ahora avanzamos en el estudio de prácticas que permitan reducir la humedad y ajustar el suministro de biomasa”, apuntó Bragachini.