El Observatorio Argentino de Drogas (OAD) se ocupa de la generación y recopilación de información oportuna, válida y confiable sobre los distintos aspectos del consumo de sustancias psicoactivas; en este sentido, un reciente informe titulado “Imaginarios y discursos sociales en torno a las razones de consumo/no consumo de marihuana en jóvenes escolarizados no consumidores residentes en AMBA”, publicado a fines del año pasado, busca reunir información necesaria “para la definición de políticas públicas integrales, inclusivas, participativas, acordes a las necesidades de toda la población y basadas en evidencia científica”.
El relevamiento tuvo como fin “conocer las razones o motivos que los jóvenes presentan para no consumir marihuana, con el fin de obtener discursos que permitan reforzar y orientar los esfuerzos de prevención de consumo”, detectando, a través de un enfoque cualitativo, los factores de protección presentes en los discursos de los jóvenes escolarizados no consumidores de marihuana.
En cuanto a la metodología del estudio, se realizaron siete grupos focales, de los cuales cinco estuvieron conformados por jóvenes escolarizados de 16 a 18 años y dos de ellos fueron constituidos por estudiantes de 13 a 15 años, participaron 48 adolescentes distribuidos en los grupos descriptos. Este corte etario “se realizó teniendo en cuenta que la edad de inicio en los consumos de sustancias psicoactivas ronda alrededor de los 15 años, en este sentido los
jóvenes mayores de 15 años estarían más familiarizados con el consumo de sustancias en relación a los menores; este motivo justifica la realización de dos grupos focales de 13 a 15 años para ser tomados como grupos de control”, indicaron.

Se incrementa la adicción al cannabis

El informe asegura que, según resultados de la Sexta Encuesta a Estudiantes de Enseñanza Media 2014, realiza por el OAD, “la marihuana es la principal sustancia ilícita de mayor consumo entre los jóvenes escolarizados; en menor medida le siguen psicofármacos sin prescripción médica y demás sustancias ilícitas o de uso indebido” y que así, “la tasa de prevalencia de consumo de vida estimada a nivel país fue 15,9%, la de año 11,8% y la de mes 7,6%; asimismo, al analizar el consumo de marihuana en el último quinquenio (2009-2014) se observó una tendencia ascendente en las tasas de consumo, los varones registraron prevalencias de consumo superiores con respecto a las mujeres”.
A su vez, “se observó que el consumo de marihuana aumenta con la edad de los estudiantes, los valores superiores se registran entre los estudiantes de 17 años y más. De todas maneras, el incremento más pronunciado se produce entre los 14 y 15-16 años, para luego seguir aumentando; por ejemplo la prevalencia de año fue 4,1% entre los estudiantes de 14 años o menos, 13,6% entre los de 15 y 16 años y 21,1% entre los de 17 años y más; así también, se observó que es la más difundida y de mayor accesibilidad entre los estudiantes de enseñanza media; al 35% de los escolares declaró que le sería fácil conseguir marihuana, luego tranquilizantes (23%) y las demás sustancias no alcanzaron al 20% de los estudiantes. Ambos sexos presentaron proporciones similares en cuanto al acceso a la marihuana. Al desagregar por grupo de edad, alrededor de la mitad de los estudiantes mayores de 17 años respondieron que le sería fácil conseguir marihuana (52%), mientras que el 40,5% entre el tramo de 15 y 16 años y el 20,5% entre los estudiantes menores de 14 años”.

A más de un 30% le ofrecieron

En otro orden, el relevamiento expresó que, “al considerar la percepción de riesgo de consumo de sustancias psicoactivas, la marihuana presentó los valores más bajos respecto al resto de las sustancias consideradas en el estudio. Así, el 32% de los estudiantes opinó que ‘es grande el riesgo’ que corre una persona que fuma algunas veces marihuana, mientras que las demás sustancias superan al 47%. Asimismo, se observó que la percepción de riesgo va disminuyendo con la edad. Cerca del 31% le ofrecieron marihuana alguna vez en la vida, y a medida que aumenta la edad la proporción de ofrecimiento es mayor”.
Al preguntar dónde le ofrecieron la sustancia, el porcentaje más alto contestó que se lo ofrecieron “en Fiestas o recitales (36%)”, indicador que “señala el uso principalmente recreativo que tiene la marihuana entre los jóvenes escolarizados”.
Por otro lado, al preguntar si tienen amigos que son usuarios regulares de sustancias ilícitas, “la mayoría contestó que tienen amigos consumidores de marihuana (38%) y en menor medida tienen amigos que consumen cocaína (14%), mientras que las demás sustancias no supera al 10% de los estudiantes que declararon tener amigos que consumen determinada sustancia. Al desagregar por grupo de edad, más de la mitad de los estudiantes de 17 años y más declaró tener amigos que consumen regularmente marihuana (56%), mientras que el tramo de 15 y 16 años registró el 45% y el de 14 años y menos el 21%. Cabe señalar, que al momento de preguntar por consumos ajenos las proporciones son más elevadas que las registradas en torno al consumo propio”, agregaron los especialistas.
La presión familiar y de amigos ante el consumo
Otro aspecto analizado fue “la presión que ejerce el grupo de pares/amigos frente a una situación de consumo”, indicó el estudio, agregando que “el cuestionario indagó sobre la percepción que tienen los estudiantes respecto a las reacciones que tendría su grupo de amigos si supieran que ellos fuman marihuana, y así, el 65% declaró que sus amigos desaprobarían su consumo, el 17% no sabe cómo reaccionarían sus amigos, el 12% no le dirían nada y sólo el 4% aprobarían su consumo”.
Al comparar con otras sustancias distintas a la marihuana, la percepción de desaprobación de sus amigos frente al consumo fue mayor así como la reacción de indiferencia o aprobación fue menor, según el documento.
El estudio, también, indagó el imaginario de los estudiantes acerca de las razones de consumo de drogas en general (marihuana, cocaína, pasta base, éxtasis, entre otras) y, en este contexto, “la principal razón fue por problemas personales (28%), seguido por una cuestión de placer y diversión que generan las sustancias (14%) y porque la mayoría de sus amigos consumen (13%). Tanto la desinformación como la indiferencia de esa información (“está informada pero no le importa nada”) fueron señaladas en la misma proporción (12%) como causas de consumo”.
En cuanto a la relación con sus padres y la tolerancia al consumo propio de marihuana, el estudio indagó sobre la percepción que tienen los estudiantes en relación a las reacciones de sus padres si supieran que consumen marihuana. “El 43% contestó que hablarían con él para que no lo hicieran más, el 25% que buscarían ayuda de un profesional (médico, psicólogo, etcétera) y el 12% que lo castigarían”.
Además, la investigación constató que el consumo de marihuana es mayor en los grandes centros urbanos. “Según el último estudio a escolares realizado en Ciudad de Buenos Aires (2015), la tasa de prevalencia de vida fue del 26% y la de año 22%. Al igual que lo señalado a nivel nacional, los varones presentan prevalencias de consumo superiores en relación a las mujeres y el consumo aumenta con la edad (la prevalencia de año entre los estudiantes de 14 años y menos fue 5%, entre los de 15 y 16 años 20% y en los estudiantes mayores de 17 años 39%)”.

La cotidianeidad del consumo

En otro ámbito, el informe estableció que la mayoría de los jóvenes entrevistados “admite una familiarización con las prácticas de consumo de marihuana en los ámbitos en que circulan, principalmente en los espacios de socialización entre pares (colegio, barrio, canchas de fútbol, recitales, boliches, fiestas). Este uso de la marihuana es percibido con mayor o menor lejanía en los diferentes grupos. Así, algunos mencionan que sus amigos, familiares (hermanos y/o primos) o compañeros de escuela consumen y otros no tener en su entorno más cercano alguien que consuma marihuana. Esta presencia cotidiana está ligada en los discursos a la idea de facilidad de conseguir y de consumir marihuana”.
Por su parte, uno de los entrevistados perteneciente al Grupo de 16 a 18 años afirmó que “yo creo que es algo habitual y eso habitual lo encontrás en cualquier lado, cualquiera que elija fumar lo encuentra en cualquier lugar”, mientras que otro joven del mismo grupo etario sostuvo que “en todos los lugares hay droga, en la calle, en una fiesta, en un recital. En cualquier parte podés drogarte, no hay nada específico no hay un lugar donde decís acá se droga la gente, cada uno por sus propios medios, la droga que consigue cada uno en su espacio”.

Qué opinan los que dijeron “no”

La decisión propia de no consumo es una de las principales razones que argumentan los jóvenes. “Algunos manifiestan simplemente un desinterés, sin que ello vaya acompañado de una justificación racional acerca de cuáles son los motivos del desagrado/desinterés. La mayoría tolera el consumo de sus amigos y comparten momentos con ellos sin sentirse excluidos por el hecho de no fumar. Fumar o no marihuana es señalado como una decisión personal, de cada individuo”, afirmó el relevamiento, añadiendo que “en algunos relatos subyace la idea de una decisión del sujeto basada en un ‘puro presente’, en un aquí y ahora, lo cual se evidencia en un cierto carácter contingente, arbitrario de decidir fumar o no. Posible de ser modificado en un futuro”.
Por ejemplo, un entrevistado del Grupo de 16 a 18 años opinó que “yo creo que ni me llaman las ganas de saber que es, no lo pruebo porque no me llaman las ganas de probarlo, no es que digo a ver si me pasa algo, no me llama, no pienso tanto en lo negativo, porque no me llama ni tengo ganas de probarlo”, mientras que otro, entre 13 y 15 años, sostuvo que “en este momento, como estoy ahora, no tengo interés, a lo mejor en un futuro lo puedo llegar a probar pero no tengo interés en este momento”.
Una joven de 16 a 18 años de edad fundamentó que “yo estoy con una persona (en pareja), y por parte mía no fumo ni tampoco lo haría, no tengo un porque; simplemente no me gusta; a él le gusta, entonces a mí no me molesta”.