El mecanismo que permitía mantener líquido el gran océano que se encuentra bajo la superficie helada de Encélado era un misterio. Hasta ahora. Un nuevo estudio, publicado en la revista Nature Astronomy, basado en observaciones con Microondas y en los datos recogidos durante un vuelo de reconocimiento realizado en 2011, demuestra que la luna es más cálida de lo que se esperaba sólo unos metros por debajo de su superficie helada y que el mar podría encontrarse más cerca de lo que se pensaba previamente.
La sonda Cassini, que lleva desde 2004 estudiando a Saturno y a sus lunas, descubrió que Encélado (Enceladus), la sexta luna más grande de ese planeta, alberga un gran océano de agua líquida bajo su corteza helada. Este hallazgo reforzaba la idea de que, en unos años, se podría llegar a encontrar vida fuera del Sistema Solar.
Columnas de vapor y partículas de hielo
El nuevo descubrimiento coincide con los resultados de un estudio de 2016 realizado por un equipo independiente de la misión Cassini que estimó el grosor de la corteza helada: unos 18 o 22 kilómetros en todo el satélite a excepción del polo sur, que tendría menos de cinco kilómetros de grosor.
“La importancia del descubrimiento radica en que, en el futuro, podríamos detectar el océano subterráneo con un radar de penetración”, contó Alice Le Gall, investigadora de la Universidad de Versailles Saint-Quentin y autora principal de este nuevo estudio.
A lo largo de la pasada década, la misión Cassini ha revelado actividad intensa en la región sur del satélite, con fracturas que expulsaban columnas de vapor de agua y partículas de hielo. La composición salada de estas columnas fue lo que sugirió la existencia de un mar subterráneo de agua líquida, similar al que se cree que existe bajo la superficie de Europa, la luna de Júpiter.
Le Gall aseguró que, aunque el océano no esté tan profundo como se pensaba, duda de que eso aumente la probabilidad de encontrar vida aunque considera que “sí incrementa la posibilidad de que la haya porque al estar más cerca de la superficie, puede interactuar más con ella”; además, sostuvo que, si la hubiera, “posiblemente sería igual que la vida que conocemos (basada en agua, energía, minerales y demás) pero en una forma más primitiva”.
Fracturas en la superficie
Los investigadores creen que la fuente de calor está relacionada con un ciclo de mareas gravitatorias de la luna. La corteza helada, que es más fina en la zona sur, estaría sujeta a una mayor deformación por mareas que libera mayor cantidad de calor y contribuye a mantener el agua subterránea en estado líquido.
El exceso de calor es especialmente pronunciado en unas fracturas que asemejan a las rayas de un tigre, como se aprecia en la imagen, aunque no parecen estar activas en este momento. Las fracturas sugieren que la luna ha experimentado varios episodios de actividad, en diferentes lugares de su superficie. “Hay evidencia geológica que sugiere que el satélite es muy joven (no hay cráteres) y que podría haber experimentado un periodo de actividad en el pasado”, señaló la investigadora.
“Antes de este análisis conocíamos que las cuatro fracturas eran anómalamente cálidas. Ahora sabemos que probablemente haya temperaturas cálidas debajo de toda la superficie”, mencionó la especialista.
Las observaciones de Cassini cubren una estrecha región del polo sur, unos 500 kilómetros de largo por 25 kilómetros de ancho y está ubicada a entre 30 y 50 kilómetros al norte de las llamadas rayas de tigre. Por limitaciones operacionales, no se pudo realizar un vuelo de reconocimiento sobre las franjas en sí; sin embargo, esto ha permitido a los científicos observar que el terreno anómalo térmicamente se extiende más allá de esas fracturas.
Fuente: El Mundo – Ciencia