Por Marisa Rauta

Hay músicas que tienen palabras y hay palabras que tienen melodía. El mensaje que dio ayer el Gobernador de Chubut en la apertura 45º del trabajo legislativo, fue un círculo grande, donde Das Neves pegó la vuelta, partiendo y llegando a un punto, que a esta altura del partido caracteriza su modo de ser y actuar: el valor que le da a la honradez de ser uno mismo. Por eso sonó `redondito´.
La soflama no evidenció las rispideces de un poder que se tratara de imponer a costa de descalificaciones de contrincantes o endurecimiento conceptual, como se sintió en algún otro año. Por el contrario, fue un discurso sólido, concreto, político, veraz, pero en el fondo conciliador. No con todos probablemente, sino y sobre todo, consigo mismo.
Así lo mostraron su intensa emoción -con lagrimón indisimulado incluído-, al repasar el periplo que los padecimientos de salud le infringieron el año pasado, y la tristeza viceral que le ocasionaron las especulaciones políticas que se dieron a la sombra de la mezquindad y el oportunismo con visos de maldad. Lo mostraron también la expectativa diferencial que se intuye le está poniendo al presente, más que al inasible futuro. Y la necesidad de sumar, más que restar. Una ecuación nunca matemática en términos de poder.
Se sabe que la enfermedad oncológica es una de las más desconcertantes, incontroladas y temidas afecciones modernas, y que su impacto emocional y psicológico no se reduce a un momento en la vida de la persona, sino que es un proceso que comienza con el diagnóstico y sigue con los tratamientos, y donde afirman que la remisión de la enfermedad es un plus tan desolador en términos de estrés personal, como pensar en el peor de los finales. Es se podría graficar, como una extenuante ruleta rusa que salió bien y de la cual afloró, con toda la sintomatología que el plus de estar y poder contarlo contiene, a una nueva vida. Esto enmarcó un poco las tremendas pruebas que afrontó el Gobernador de Chubut y de las que resurgió aleteando como fénix este segundo año de un tercer mandato, en el marco de una coyuntura de las más difíciles que se dieron para Chubut en la última década.
Por eso tal vez, Das Neves se refirió ayer cual sobreviviente de `esa guerra´, sin eufemismos sobre las difíciles circunstancias de salud que debió afrontar, de las limitaciones que le generó y de la recuperación que está en marcha, garantizando explícitamente en la letra de su alocución y ante toda la concurrencia, la fuerza, condiciones y decisión que mantiene para seguir gobernando.
Probablemente en respuesta a esa pregunta en el aire que quedó después de un tremendo año complicado, para él, pero también para sus gobernados. A quienes azoló, un interrogante que suele martillar también al entorno de cualquier familiar o amigo enfermo, y que a veces es más importante que el parte médico: ¿cuál Mario en verdad volvió de ese tránsito crónico que le plantó la finitud como un decreto?
El discurso de ayer fue tal vez y más allá de los trillados conceptos políticos, de las enumeraciones recurrentes, de las comparaciones dimensionantes, y de las promesas necesarias, una respuesta sincera a esa pregunta fundamental: Afloró un tipo más sabio, más pausado y más intenso.
Que se dió el tiempo para sentir y hacer sentir a los otros lo que le pasa, y hasta arrinconó definiciones complejas con bromas distendidas. Bien lejos quedó el exitismo a ultranza y centrípeto que solía blandir desde cualquier atril que le tocare, y mucho más cerca quedó del poder real que se monta en las limitantes efectivas y corcovea hasta en los errores reconocibles.
No sólo tuvo palabras en su discurso para justificar declaraciones duras con sectores que considera con responsabilidades institucional y apartados del sentido común que debería primar en sus accionares; sino que tuvo palabras para explicar sus palabras, y hasta su tono. Por eso sonó pacificador, y hasta sanador de esas rabietas que más de una vez descolocaron a propios y extraños.
Tal vez en coincidencia con la idea que subyace en el eslogan “pasando los límites”. No sólo valorando lo que se pudo hacer en el primer año de gobierno, sino a quienes estuvieron y están caminando el día a día de la gestión, y los pasos andados desde un territorio periférico que debe tener muy claro el horizonte propio en el mapa regional y nacional,
Das Neves convocó a todos los sectores para trabajar políticas públicas para los próximos 20 años en Chubut.
Lo hizo sentidamente, con la imagen de un hermano recién partido y otro nieto llegando. Desde la mirada atenta de su esposa firme en las buenas y las malas, y ante la mirada entornada de más de un contricante que deplora esa vara con la que se medirá cualquier gestión futura, y que encima osó recitar la justicia social en la que creía Evita, que además de entender, trata y tiene la posibilidad por tres años más, de aplicar.
La vida que tiene por delante Das Neves es como cantó al final la `Negra´ Sosa: `para honrarla´. Pensar en el futuro sin los otros, es pensarse en el presente sin sí mismo. Por eso el punto tal vez más sustancioso del mensaje integral de ayer fue la apelación al consenso, y por eso el esfuerzo refranero para que sea creíble y creído, más allá de los rezagados sablazos que tiró a algún que otro sector, y de los resabios de enconos memorables que no podían faltar para que no lo desconociéramos tanto.
De la agenda legislativa que se viene, saltaron pocas cosas nuevas. Dominó la idea de una reforma a los Códigos que encuadran las contravenciones y al que tiene el poder de definir los procesos penales. No fue por conformismo, fue porque también en esto primó igual razonamiento en Das Neves: lo importante no es reemplazar todo como manda el manual de la demagógica manera de refundar lo que existe, sino lograr que lo que está, funcione. Por eso en la Casa de las Leyes, el mandatario apeló más a aplicarlas, que a reemplazarlas.
Quizá en algo sin embargo muchos disentimos. En que sí hay palabras buenas y hay palabras lindas que han hecho revoluciones, y que la magia existe, y es a través de la palabra y el diálogo que se produce. Desde que Dios dijo `hágase la luz´ hasta la apelación del mítico Merlín al `ser extendido´, lo expresado es deseo y es energía que crea.
Verdad, de hecho, es una palabra buena, linda y mágica. La verdad de los griegos era la `aletheia´, que era todo descubrimiento `de las cosas como son´; la `veritas´ de los latinos ponía en valor lo dicho en el relato, y la `emunah´ de los hebreos la prendía a la confianza de que se cumplirá algo que esperamos. Ayer se produjo todo un `abracadabras´ con un discurso que dejó la sensación de que todavía todo es posible en el territorio de los entendimientos pendientes en Chubut, pero siempre con la verdad, que no es lo explícito que prefiere uno, sino lo implícito que crea el nos-otros.