Nación comenzó a mover fichas políticas y directamente vinculadas a las Provincias. Ayer, a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia, el Gobierno traspaso al Ministerio del Interior el Plan PROCREAR. De esta manera el Ministro pasará a manejar además de la Obra Pública, la relación constante y sonante con los municipios y las provincias.
Entre los fundamentos del DNU está que se “se solicitó priorizar la obtención de financiamiento externo del “Programa integral del Hábitat y Subsidio a la Vivienda”, cuyo objetivo es mejorar el acceso a la vivienda formal para los sectores de ingresos medios y bajos, y mejorar las condiciones de habitabilidad en asentamientos en zonas de marginalidad del país”
La medida se da en medio de una campaña electoral donde el Presidente Mauricio Macri busca concentrar en Frigerio, alejado de la dupla Marco Peña – Durán Barba, la obra pública como eje central de la reactivación económica, que aún no llega.

Un propulsor de Frentes

Frigerio es uno de los dirigentes que vienen insistiendo dentro de Cambiemos con la necesidad de convocar a otros sectores políticos. “Necesitamos ampliar nuestra base de sustentación política. Convocar a dirigentes de otros espacios políticos, en este caso puntual del peronismo, que también como nosotros quieran un cambio, sería una muy buena decisión”, le señaló hace días públicamente a Clarín.
La movida que le concentra mucho más poder al ministro más federal que posee el gabinete de Cambiemos, es un mensaje para afuera pero también para adentro.

Los ruidos intestinales

Esta semana, el columnista especializado Ignacio Zuleta pintó anticipadamente parte de estos cambios de protagonismos, al referirse al “clima que domina y las formaciones que disputarán poder en octubre de este año. La política es el punto de cruce, el point capitonné, de la teoría y la práctica pero también de los dos impulsos de ese arte: la búsqueda de la gobernabilidad (el medro personal) y el interés público. Esas dos corrientes atraviesan al oficialismo y a la oposición, que comienzan el año con un debate que exhibe sus luces y sus sombras”.
Según el detalle fino de los últimos sucesos, Mauricio Macri volvió a verles las caras a sus aliados, después del viaje a España. Ayer, y zafando de la marcha céntrica, el Presidente juntó al pleno del Gabinete en Olivos, más lejos del caos sindical. En esa mesa agrandada, hubo presencia de los aliados en Cambiemos que llegan con demandas que deberá responder con cambios en el método de tomar decisiones. “Si no lo hace, puede ver lesionado el principal activo de la formación, que es la unidad detrás del Partido del Ballotage, que es lo que hizo a Macri presidente”, afirma el columnista.
Esas demandas fueron objeto de debate a fondo de sus coroneles de mesa chica con los aliados en por lo menos dos sedes. Marcos Peña y Mario Quintana (dos de sus tres ojos en el gabinete) escucharon el pliego de cuestionamientos de boca de Elisa Carrió. A la par, Rogelio Frigerio lo hizo en Mendoza por parte de aliados de la UCR, la Coalición Cívica y de los conservadores del Partido Demócrata.
El planteo de Carrió ante Peña y Quintana, a quienes atendió el sábado pasado durante casi cuatro horas en su casa de Exaltación de la Cruz, repitió con detalle los mismos argumentos que ella había hecho públicos en una serie de apariciones durante la semana.
En principio, el problema pendiente es cómo debe actuar un partido – la coalición Cambiemos – en el sostenimiento del gobierno. El partido es la suma de los dos interbloques del Congreso. Para Carrió, esos dos grupos tienen que tener ingerencia en el proceso de decisiones para aportar sus percepciones y también para sostenerlas en el debate con la oposición. Desde el estallido de Socma y jubilaciones hay integrantes de la alianza de gobierno que ponen en duda la conveniencia de seguir perteneciendo al interbloque. ¿No sería mejor quedar en Cambiemos pero movernos como un bloque aparte, que apoya algunos proyectos y que critica a otros?, dicen que dicen. Con eso ganarían independencia y quedarían fuera de la disciplina partidaria que impone, de hecho, Olivos.
El segundo tema es que según la chaqueña, sigue la integración de las listas de candidatos, que es una cuestión metodológica e ideológica y no una decisión de marketing.
Afirman que Carrió llevó adelante la mayor parte de la clase que les dio a Peña y Quintana, que anotaron y asintieron a todo lo escuchado pero sin dar respuesta a lo que oían. No tienen mandato para responder en esos niveles; se llevaron una minuta que le contaron luego a Macri.
Básicamente, en la discusión de los dos tópicos, Carrió insistió: la Coalición, como la UCR, quiere seguir perteneciendo a Cambiemos. Pero Cambiemos tiene que definir el rumbo: si van a cumplir la agenda que propuso y que trajo los votos (el interés público) o van a adaptarla a la circunstancia electoral (la gobernabilidad). Eso debe decidirlo el Pro.
Los visitantes le dijeron que no había duda sobre el rumbo, pero al parecer Carrió retrucó: ¿entonces por qué hacen lo que hacen en Buenos Aires? Se abrazan al peronismo del conurbano, como antes lo hicieron con Sergio Massa. ¿No aprendieron con Massa, que cobró al contado y devuelve en cuotas el regalo que le hicieron, el control de la legislatura?
Dice Zuleta que ante las explicaciones del “dúo dinámico”, Carrió avanzó más: ¿por qué la insistencia en Jorge Macri? ¿Quién decide los candidaturas? ¿Vidal, Mauricio, o Cambiemos de manera orgánica?. En este punto hizo escarnio de las tácticas que se le atribuyen a Jaime Durán Barba, `puching ball´, que cobra por lo que hace, y también por lo que no hace. Al ecuatoriano, de quien Peña luce como su hermeneuta en la mesa chica, se le atribuye decir que lo que vale es la marca Cambiemos, que los candidatos tienen que ser figuras nuevas, y que la campaña la tienen que encarnar los emblemas de Mauricio y María Eugenia Vidal. Si ése es el rumbo elegido por el Pro, Carrió se desentenderá de la suerte electoral en Buenos Aires.
Según su pensamiento, después de todo, en Buenos Aires ni los radicales ni la Coalición tienen problemas. “Los problemas que tienen son del Pro. Los tienen que arreglar”. ¿O es cierto que Vidal ha dicho: “Si Carrió es candidata en Buenos Aires y gana, me tengo que ir a mi casa”?, preguntó la señora.
Pese a todo, afirman que el clima de la larga charla fue pacífico y nunca escaló, como algunos esperarían después de las andanadas de Carrió contra Jorge Macri y las menciones de ella a los problemas de la gestión de Vidal. El lote de los CEOs se llevó lo suyo, con más reproches por los errores de gestión. En esas alturas hay pánico por la caída de prestigio de Macri, entre 10 y 15 puntos – después del caso Socma. Inquieta más que el análisis que hizo el grupo de Durán Barba sobre los focus groups en las últimas semanas arroja una trama compleja: el público dice quejarse del caso Correo, pero hay que ver en eso un fenómeno clásico de quid pro quo en la opinión pública. O sea que el Correo es el pretexto, pero que hay otras demandas ocultas. En este caso es la bronca de la clase media sobre los anuncios sobre el pago al contado y en cuotas que hizo la secretaría de Comercio. Al aparecer respecto a los artículos con dos precios, el público no termina de entender qué le conviene hacer, si ponerse al contado o tomar las cuotas. Esa diferenciación de valores reflota el tema de la inflación, y eso paraliza las decisiones. La prueba es la caída de las ventas de electrodomésticos ante la confusión ante el precio a pagar. Hay cadenas de electrodoméstico que en algunos días ni abrieron caja por el efecto de esa medida. ¿Pensó el gobierno en esta consecuencia, tomada quizás en “defensa del interés público”, pero que perfora la gobernabilidad? Es probable que no. Habrá que ver…

Fuentes: AF, LPO, ZST.