maficiDel 2 al 6 de noviembre, se llevará a cabo la Tercera Edición del Festival Internacional de Cine de Puerto Madryn (Mafici), que premia óperas primas de realizadores argentinos y extranjeros –cortos y largometrajes-, además de cortometrajes de ficción, animación, documental y aquellos que se presenten bajo la categoría “Jóvenes haciendo cine” –destinado a escuelas secundarias-.
Organizado por Rabia Films, a cargo de Damián Martínez y Valeria Malatino, el Festivalcuya inscripción y participación es gratuita y que ha contado con figuras como Leonardo Sbaraglia -padrino y embajador del evento-, incorpora este año la competencia de Videominutos, dirigida a alumnos de colegios primarios y secundarios de Chubut, el Mini Mafici para los más chicos y programación fuera de competencia a través de “Panorama Patagonia” y “Panorama Madrynense”.
Para mayor información sobre bases y condiciones, visitar la página web www.mafici.com.ar

¿Cómo se preparan para esta tercera edición?

Damián Martínez: Con entusiasmo y mucho trabajo. El año pasado, nos sorprendió gratamente observar cómo muchos realizadores salieron filmar al enterarse de la convocatoria y por eso quisimos empezar cuanto antes con la difusión. A su vez, este año llegamos a los $100.000 en premios, que incluyen tablets y cámaras subacuáticas, y lo pensamos como un incentivo más para animar a los que aún no lo hicieron, a que salgan a rodar.
Valeria Malatino: Además, este año presentamos la novedad del Videominuto “A cuidar nuestro mundo”, abierto a todas las escuelas primarias y secundarias de Chubut. La idea es que, tanto los chicos como los docentes y directores de los colegios se interesen por esta alternativa; en primer lugar porque es algo que los alumnos logran desarrollar en horario escolar y, por otra parte, porque el hecho de vivir en un lugar como Madryn puede motivarlos a cuidar el Medio Ambiente y a encontrar en el lenguaje cinematográfico una nueva manera de concientizar a la población. Para esto, también contamos y agradecemos el apoyo del Ministerio de Ambiente y Control de Desarrollo Sustentable de la Provincia, que está trabajando fuertemente el tema residuos y cuidado del agua. Además, los chicos que presenten los Videominutos más creativos competirán por viajes en el Yellow Submarine, para que puedan ver las ballenas desde el fondo del mar.

¿Cómo nace el amor de cada uno de ustedes por el cine?

VM: Cuando decidí estudiar, vivía en un continuado de cine. No podía despegarme de ese universo que plantea un director en las dos horas que dura una película. Creo que fue esa pasión la que nos llevó a los dos a cruzarnos después en esta vida, en Puerto Madryn, detrás de una cámara. Y el amor de ambos por el cine nos incentivó a pensar en la creación de este Festival, que hacemos con tanto esfuerzo y dedicación.
DM: Yo no dejaba de mirar películas y de ir a festivales. Empecé a formarme de manera independiente, a través de talleres y cursos y, además, estudié música en el Conservatorio; motivo por el cual presto tanta atención a las piezas musicales de las películas. Mi llegada a Madryn tuvo que ver con la decisión de dejar de trabajar para otros y el deseo de hacer mi propia experiencia. Así, nació Rabia Films y, en ese marco, junto a Nicolás Bianchi -que es la tercera pata de Rabia y vive ahora en Mar del Plata- comenzamos en 2008 a planificar este Festival que entonces parecía imposible. Habíamos identificado el potencial de vincular lo turístico y cultural de Madryn con nuestra pasión por el cine, pero hoy existe un circuito retroalimentado que no imaginamos en los inicios.

¿Cuál fue la reacción de su círculo más cercano cuando empezaron a pergeñar la idea de montar un Festival Internacional de Cine en Puerto Madryn?

VM: Si bien les explicamos que teníamos muchos contactos porque habíamos transitado un largo recorrido en Buenos Aires, que conocíamos personas interesantes para convocar y gente que sabíamos que iba a acompañarnos en este proyecto; aun así, les parecía una locura.
DM: Como organizamos la primera edición en cuatro meses, nos decían que no íbamos a llegar con los tiempos ni con el presupuesto. Creo que, en parte, sí tiene que ver con inseguridades ajenas y eso, lamentablemente, es algo habitual en ciudades como Madryn: una respuesta común cuando alguien llega con nuevas ideas. Pero, incluso, eso nos sirvió como incentivo y avanzamos, logrando el apoyo y acompañamiento de empresas, lo que nos permite mantenerlo gratuito en materia de entradas, seminarios y talleres. Esto tiene que ver con la formación de espectadores que queremos fomentar y con habernos dado cuenta que mucha gente no había entrado nunca a un cine. Fuimos testigos de la experiencia de familias enteras reunidas en una sala, por primera vez.

¿Qué han aprendido, edición tras edición?

DM: Entre la primera y la segunda, por ejemplo, se nos planteó la necesidad de mejorar la calidad de proyección en las salas. En simultáneo, hubo una ventana entre el DVD y el Blu-ray muy fuerte y, en tal sentido, estamos en proceso de equipar todas las salas y de mejorar la calidad de sonido, en parte en respuesta a las exigencias de los Directores, que esperan que sus películas se vean bien para que el público pueda disfrutarlas en la mejor calidad posible. En Madryn, las salas no están todo el año dedicadas al cine porque también funcionan como teatro, así que es lógico que esto suceda. Otro aprendizaje fue comprender que es fundamental empezar a trabajar con más tiempo, tanto en materia de convocatoria, como de organización.
VM: Además, ocurrieron cosas que también nos sirvieron de escuela. Sin ir más lejos, a raíz de una película de Chicago que se proyectó el año pasado en competencia, hace poco fuimos invitados a la 32a Edición del Festival de Cine de esa ciudad y fue una experiencia increíble. Sirvió como espacio de intercambio y fue una gran oportunidad para establecer contacto con Directores de Francia, España y México, entre otros, con quienes hoy estamos en conversaciones e invitándolos a esta tercera edición. Pero, además, nos sentimos embajadores de nuestra provincia y compartimos, no solo nuestro placer por el cine, sino que pudimos transmitir la belleza de nuestros paisajes naturales.

A nivel internacional, ¿qué otros alcances ha tenido este Mafici?

DM: El año pasado, un cortometraje de Polonia resultó ganador, pero recibimos, además, material de Alemania, Hungría, Canadá, Chile, Brasil, México y Ecuador, por nombrar algunos. Es un trabajo que incluye el contacto con Embajadas y Secretarías de Cultura de todo el mundo, aparte de la difusión propia a través de nuestras redes sociales. A medida que visionamos lo que nos envían, no dejamos de sorprendernos ni de disfrutar retazos de vida, de la idiosincrasia propia de un pueblo que, de otra manera, quizá no podríamos conocer.

¿Qué elementos tienen en cuenta para seleccionar qué obras quedarán en competencia y cuáles no?

VM: Hay, en primer lugar, una cuestión subjetiva en la que ambos coincidimos. Cuando nos dicen que la selección de películas proyectadas es muy rica, sentimos que vamos por buen camino. Después, hay cuestiones generales de producción, historia y sentido, pero hay algo que tiene que interpelarnos como espectadores y si eso no sucede, el material queda fuera de competencia. Sin embargo, mucho de lo que no ingresa sí merece llegar, pero entre el tiempo real de proyección y lo que dura el festival, tenemos que armar un tetris en el que todo debe encajar perfectamente entre horarios, funciones y salas a disposición. Eso, por ahora y aunque hayamos sumado una jornada más, todavía nos excede.
DM: El año pasado recibimos 465 realizaciones de todo el mundo, entre largos y cortometrajes. Es mucho para previsualizar y preseleccionar. Este año, como novedad, dejamos de ser solo nosotros dos los encargados y creamos una suerte de comisión. Esperamos llegar, con la incorporación de este día extra de proyecciones, a las cien películas.

¿Qué diferencias identifican entre el cine nacional y otras producciones del mundo?

VM: Si bien no hay nada que envidiar porque en Argentina hay técnicos maravillosos –lo apreciamos sobre todo en las Óperas Primas que se presentan-, encontramos algunas diferencias en aquellas producciones que cuentan con gran inversión. Ojalá que las políticas en nuestro país sigan sumando aportes porque hacer la primera película cuesta mucho –nos sucede a nosotros mismos como realizadores porque estamos detrás de nuestro propio proyecto cinematográfico-. Pareciera que falta lograr esa cadena aceitada capaz de generar muchos puestos de trabajo y, si bien vamos por buen camino, todavía queda mucho por recorrer. Nos alegra ver que hay grandes y jóvenes Directores que se están dando a conocer en el mundo entero porque existe mucho potencial acá.