Marco GalliaEl director Comercial de Lanera Fuhrmann, Marco Gallia, reveló que como consecuencia de los reembolsos por puertos patagónicos, es más rentable vender al exterior lana sucia que lavarla y peinarla en Chubut. Además, dijo que es mejor negocio exportarla desde Santa Cruz que desde Puerto Madryn. Pronosticó que la industria lanera local tendrá problemas en los próximos seis meses.
Es, junto a sus hermanos, tercera generación en el negocio de la lana. Su abuelo, oriundo de Biella, ciudad de los Prealpes Piamonteses de Italia donde radica la cuna de la industria textil lanera europea, era comerciante de lana, y su padre es el actual Presidente de la empresa Fuhrmann S.A.
Marco Gallia, Director Comercial de la firma cuya estructura completa –Directorio y oficinas comerciales- funciona en la localidad de Trelew, dialogó con El Diario de Madryn acerca del presente y los desafíos a los que se enfrenta el rubro para lograr sostenerse en el tiempo.

D: ¿En qué consiste el proceso productivo y cuáles son los productos que se fabrican en Fuhrmann S.A.?

G: Fuhrmann es la empresa lanera más antigua del mundo, con sus orígenes en 1735, en Holanda, y su perfil siempre fue el de comercializar lanas Sudamericanas a otros continentes. Actualmente, pasamos de exportar lanas sucias a trabajar lanas peinadas, sucias y también sin procesar, con niveles de producción de 10 millones de Kilos de lana sucia por año, destinados en un 80% a Fuhrmann y en un 20% a clientes terceros, competidores nuestros, que peinan acá, debido a nuestra especialización en la materia y porque contamos con una planta con gran tecnología y buenos resultados. Se trata de una transformación primaria que toma la lana como viene del campo -recién esquilada- la clasifica y lava, para quitarle la tierra y la grasa, luego le saca el vegetal y la presenta como producto en una bobina -que es un chorro continuo de lana, enrollado- para nuestros clientes hilanderos, encargados de retorcerla y estirarla hasta lograr el hilo.

D: ¿En qué se diferencian de otras fábricas del país?

G: A nivel producto, nos especializamos en lanas destinadas a sastrería fina, primera piel o tejidos íntimos de alta calidad. Por eso, realizamos partidas chicas para clientes especiales. No vendemos a China, por ejemplo, que es el gran consumidor de lana, pero con un negocio de grandes volúmenes y baja calidad. Nosotros tenemos otro perfil y nos inclinamos hacia la parte alta del mercado, lo que requiere mayor tecnología y experiencia en cuanto a las mezclas de lana, teniendo en cuenta que ciertos clientes buscan características difíciles de medir, como por ejemplo una mayor suavidad. Nuestro desafío hoy tiene que ver con esta presencia en el segmento de deportes al aire libre, ya que la lana se ha reinventado en el sector gracias a sus condiciones imposibles de imitar por la fibra sintética: no toma olor, permite la evaporación de la transpiración, se seca más rápido, es aislante térmico y es ignífuga. Además, antes la lana picaba porque era gruesa y, hoy, la lana merino es extra fina y no pica, debido a torsiones especiales y tratamientos orgánicos que han permitido quitar escamas con resultados excepcionales.

D: ¿Qué otras características exigen los clientes con los que trabajan?

G: El mercado del primer mundo, como Japón o Escandinavia, es muy sensible a la trazabilidad del producto. Ellos quieren saber de dónde viene, constatar que no haya contaminación en el proceso, que los animales hayan sido bien tratados y que no exista trabajo infantil involucrado. En este sentido, Fuhrmann fue la primera empresa en Patagonia en comenzar con el proceso de lana orgánica, que implica brindar una connotación de sustentabilidad, demostrando que en cada proceso hacemos lo mejor posible. No hay en nuestro producto pesticidas ni fertilizantes, por ejemplo –en parte porque nuestro clima semi desértico lo vuelve innecesario- y es algo sencillo de documentar y certificar, lo que abre una nueva ventana de cara al mundo. Nosotros creemos mucho en eso y tenemos todo un sistema de administración y alquiler de estancias –en las que contamos con alrededor de 180 mil ovejas- en vías de ser orgánicas en un 100%. En tal sentido, hemos certificado en GOTS, Norma Textil Orgánica Global, que audita todos nuestros procesos y cuenta con un protocolo muy estricto al que hay que acogerse.

D: ¿Es posible realizar este proceso sin contaminar en absoluto?

G: Nosotros apuntamos a demostrar que los productos se pueden hacer con un costo muy similar, pero con una conciencia distinta, cuidando el Medio Ambiente y capacitando a nuestro personal, sin contaminar. Por supuesto, cualquier actividad humana contamina de alguna manera, pero tratamos en nuestros procesos de contaminar lo menos posible y migrar hacia un terreno donde no todo se trate de utilidad y volumen, sino que sea sustentable y sostenible en el tiempo. La lana, que compite con productos sintéticos derivados del petróleo, tiene un estatus que le otorgará mucha demanda el día que vuelva a ser valorizada. Es indiscutible su carácter diferencial frente a productos derivados del petróleo, no renovables y contaminantes.

D: ¿Es rentable?

G: Intentamos hacer algo con mayor rentabilidad que un negocio de masificación y commodity, pero la lana, de por sí, tiene rentabilidades muy bajas. Estas son las condiciones actuales y tratamos de hacer frente diferenciándonos en materia de calidad. En Argentina somos cada vez menos y este es un momento complicado porque hubo una serie de medidas que impactan negativamente en la industria. Asistimos a una ecuación que, debido al reembolso por puertos patagónicos, a la manera en que está redactada la Ley y cómo están los reintegros, hace que sea mejor negocio exportar la lana sucia que procesarla en el país porque, pagando el mismo monto al productor, obtengo un mejor precio. Hay un reembolso mayor por exportar desde Santa Cruz que a través de Puerto Madryn y eso tiene sus consecuencias. Nosotros, que antes no exportábamos lana sucia, hoy lo hacemos en grandes cantidades, incluso lana de inferior calidad. Estamos tratando de revertirlo, explicándoselo a las autoridades gubernamentales, pero el panorama es complejo y creemos que, de no haber cambios, la industria local tendrá problemas en los próximos seis meses.

D: ¿A quién cabe la responsabilidad, entonces?

G: Fue una conjunción de factores, si bien no creo que alguien haya tenido animosidad en contra del sector, se tomaron medidas que, sumadas, ofrecen este resultado. Lo cierto es que, en Argentina, aquel que no se adapta se tiene que ir y es una pena porque lo que ha logrado la industria textil lanera es un ejemplo para la agroindustria nacional. Estamos hablando de una industria radicada en el lugar de producción, cuya lana sale de puertos patagónicos –con lo cual, no caemos en los bolsones del conurbano bonaerense-, que ha llegado a industrializar el 85% de la producción nacional con tecnología de punta. Cuando decimos que queremos que Argentina exporte galletitas y no harina, bueno, la lana lo había logrado y hoy estamos sufriendo un retroceso, una primarización, gracias estas medidas. No queremos que nos regalen nada, pero hoy el Estado Nacional está subsidiando la exportación de lana sucia, pagando un reembolso mayor que por exportar lana peinada y eso es algo que, en algún momento, tendrán que rever. ¿A quién caben las responsabilidades? En parte, al Gobierno que se fue, que lanzó un Decreto entre gallos y medianoche, y, por otro lado, a un Gobierno actual que, consideramos, no llegó a estudiar todas las medidas que tenía que tomar en los primeros cien días porque debía resolver otras cuestiones prioritarias. Esperamos que se revierta porque la lana es un sector chico para la economía nacional, pero para la Patagonia tiene importancia geopolítica y social muy grande. Solo en Trelew, hay 650 operarios directos y por cuatro la mano de obra indirecta, con lo cual hay que tener cuidado. En este mismo contexto, además, la presión fiscal ha aumentado, sin tener una contraprestación de servicios que acompañe, lo que genera gran incertidumbre.

D: Durante la Década de 1970, se asistió al nacimiento del Consorcio del Parque Industrial de la ciudad de Trelew, con auge para la actividad, pero esto ha ido mermando.

G: Sí, porque las promociones industriales fueron cesando y hoy solo quedan en pie las industrias, como nosotros, que han podido sostenerse más allá de las adversidades y desventajas objetivas de la región: costos laborales y fletes a destino más altos, entre otros elementos. Por eso muchas empresas se han ido, permaneciendo las más eficientes y competitivas. Considero que, para salir adelante, Argentina debe explotar sus ventajas competitivas y, en tal sentido, necesitamos medidas acorde. Nuestros productos debieran ser bandera de cara al mundo. Nuestro Presidente debería recorrerlo con un traje hecho de lana argentina, patagónica. Ahí tenemos que apuntar porque no vamos a competir con los chinos fabricando teléfonos celulares. Entonces, ¿qué modelo de país queremos? La agroindustria es el mejor camino porque somos el productor por excelencia del mundo; una industria bien constituida, que históricamente no contaba con deuda ni vivía de medidas ficticias.