1La “humanización de la medicina” fue un proceso que nació en la década de 1970, cuando el médico estadounidense Hunter Doherty “Patch” Adams, creador de la risoterapia, fundó el Instituto Gesundheit! en las afueras de Hillsboro, zonas rurales de Virginia Occidental.
La Payamedicina, que cobró popularidad a partir de la película inspirada en la vida de Adams y protagonizada por el actor Robin Williams en 1998, tiene en Argentina su propio desarrollo gracias al trabajo del Médico Psiquiatra José Pellucchi, contando en la actualidad con alrededor de 4000 Payamédicos en todo el territorio.
Fabio Abalsamo, referente de la ONG Payamédicos en Patagonia, dicta los cursos de formación que inician en marzo y agosto de cada año, en las instalaciones cedidas por la Escuela de Reiki Mikao Usui, sito en Paulina Escardo 160 de la ciudad de Puerto Madryn; y estará al frente del Taller de Payateatralidad destinado a niños entre 7 y 13 años, con inicio el lunes 4 de abril y cuyas inscripciones se encuentran abiertas.

Diario: ¿Cuáles son los lugares de intervención de los Payamédicos?
Abalsamo: Intervenimos en los sectores de Pediatría, Clínica Médica y Neo de los Hospitales, pero también en clínicas privadas y a través de nuestros dispositivos. Por ejemplo, el Paya-territorial nos permite alcanzar los centros de salud y acompañar a los médicos en sus visitas domiciliarias en los barrios, en campañas de vacunación, de lavado de manos y prevención.

D: ¿Son agentes multiplicadores del buen humor?
A: El Payamédico es una persona que adquiere conceptos que luego vuelca en su hacer cotidiano. Empieza con un curso de formación y termina siendo una filosofía de vida. Estamos atravesados por filósofos como Baruch de Spinoza o Gilles Deleuze, que hacen alusión a la multiplicidad, a lo ampliado y no faltoso. Dentro del Hospital, nosotros nunca hablamos de pacientes, sino de producientes: son personas que producen con nosotros.

D: ¿En qué consiste el concepto de “produciente”?
A: Quien está internado ya sabe que está enfermo y eso es algo que trabaja con el médico, el tratamiento y los medicamentos. Pero hay otra parte de la que no se ocupa, por su propia condición, que es la pasividad: todo lo sano que habita en él. Ahí trabajamos nosotros con magia, poesía y fantasía. Con esa completud del payaso; del superhéroe que no ve cosas feas, sino lindas, únicamente. El paciente no puede vivir desde la falta porque él ya sabe que, por ejemplo, le amputaron una pierna. Entonces, no hacemos foco en eso sino en todo lo que sí puede hacer con el resto de su cuerpo que está sano y móvil, aunque él no lo sepa. A veces, ese produciente se cierra por miedo y no habla con el médico ni con el familiar. Trabajamos de manera interdisciplinaria, complementando la labor del médico.

D: No todos nos reímos de lo mismo. ¿Cómo intervienen frente a un produciente que desconocen?
A: Nuestro enfoque no es solo hacerlo reír. Poco antes del horario de intervención, nos reunimos con los médicos y ellos nos dan lo que llamamos el “paya-pase”, que incluye la información de la persona: por qué está internada, qué patología tiene, el tratamiento que recibe, si recibe o no acompañantes y cuál es su comportamiento o relación con sus compañeros de sala. Lo que hacemos es procesar esa información y elaborar una estrategia. Es decir que no sabemos lo que vamos a hacer, pero sí lo que no vamos a hacer. A partir de allí, intervenimos en duplas. El payaso no tiene pasado ni futuro, es un ahora constante, un devenir, un armar sobre lo armado. Entonces, vamos a trabajar cuestiones terapéuticas tendientes al buen humor y a sostener ese estado de ánimo en el tiempo para que el produciente genere endorfinas, para que su sistema inmunológico se fortalezca y él se sienta contento. Para que logre, al menos por un rato, olvidarse de su situación de internación. Así es como coproducimos con el produciente.

D: ¿Y ellos siempre están dispuestos a recibirlos y coproducir con ustedes?
A: Muchas veces vamos, golpeamos la puerta y, si el produciente no tiene ganas, no entramos. Pero, como también es cierto que en algunas oportunidades un “no” encierra un “si”, existen estrategias para ingresar. Ahora, cuando contamos con su autorización, coproducimos con él desde un lugar en el que todo es posible, pero con ciertos cuidados. Si, por ejemplo, volvemos al caso de alguien que perdió una pierna y resulta que era futbolista, no lo vamos a hacer jugar al fútbol porque estaríamos incurriendo en una falta. Esto no significa que si él saca el tema porque necesita hacer catarsis, no podamos jugar desde otros lugares… con burbujas, quizá. Así, se canaliza la situación de internación con herramientas lúdicas, artísticas, musicales y poéticas.

A: ¿Por qué trabajan en duplas?
D: Porque nosotros también nos capturamos. El que ingresa a la habitación no es Fabio, periodista, productor, actor, profesor, sino que entra mi payaso, el “Doctor Ruffini”. Sin embargo, hay situaciones puntuales que pueden capturarte desde una acción buena -como que un produciente te mire a los ojos y te agradezca- o negativa -una imagen compleja dentro de la habitación-. Son cuestiones que pueden derivar en tu captura, por fuera del payaso que te protege. Y tu compañero, después de un proceso de mutuo conocimiento que lleva meses, es capaz de darse cuenta a tiempo y rescatarte. Las duplas después cambian porque eso también es saludable.

D: Cuando alguien decide convertirse en Payamédico, ¿puede ser, en parte, para sanar algo propio?
A: Muchos no saben a qué vienen, pero sienten algo al enterarse de la convocatoria. La verdad es que todo aquel que se inscribe tiene como trabajo central reconciliarse consigo mismo. El eje es trabajar el payaso interior que tenemos, con el que nacemos, aunque el ser social, el devenir y las preocupaciones nos vayan alejando de él y encarcelando. El deseo está atravesado por la necesidad y no hay formación que te enseñe, desde ese deseo, a hacer lo que te gusta con placer. Bueno, el payaso es y vive de ese modo. Todos somos payasos. Un niño de 8 años es un payaso y acá se trata de volver a ser niños, pero con nuestra experiencia como adultos y sin confundir al payaso con un bufón.

D: ¿Recuerda el caso de alguna persona que, aun contando con mal pronóstico, haya salido adelante a partir de esta intervención?
A: En el Hospital de Rawson, trabajé con una nena que estaba inconsciente y con pronóstico reservado. Era miembro de la comunidad mapuche y su mamá estaba como retraída, con cierto grado de resignación, así que llevó tiempo lograr empatía con la situación. Pero, un día despertó y fue un momento mágico, hermoso. Fue lo que fuimos a buscar. El único que puede cruzar ese tipo de barreras es el payaso porque no ve el deterioro que a mí puede generarme tristeza o miedo. Él se conecta con ese deseo de despertar, como en este caso, a través del sonido de una cajita de música.

¿D: Existe, además de las instancias de formación y actualización, un trabajo de autogestión por parte de ustedes en materia de investigaciones?
A: Nuestro trabajo de divide en varias etapas. Primero, el Paya-pase, después la estrategia, la intervención y lo que denominamos el “cuarto tiempo”, que se divide en fases: un balance -teniendo en cuenta que son cuatro visiones del mismo caso: la mía, la de mi payaso, la de mi compañero y la de su payaso-, una puesta en común, una paya-grafía, donde elaboramos los estresores acumulados durante la instancia de intervención, con herramientas del psicodrama; y planteamos, una vez al mes, temas para investigar que suelen estar relacionados con patologías regionales y estacionales.

D: Mencionó cuatro miradas. ¿Cuánto hay de teatralidad? Porque, cuando uno estudia teatro, lo forman para salir de sí y prestarle el cuerpo a un personaje.
A: Es que hay una gran diferencia entre el actor y el payaso porque el primero construye un personaje a partir de vivencias propias, marcaciones de un director o de la investigación, mientras que el payaso se encarna. Uno no puede actuar de payaso porque es la mejor parte de nosotros, la más bella, vulnerable e inocente. Un potenciador de lo que ya somos que nos protege del impacto visual personal. Es como el concepto de “heterónimo” del escritor portugués Fernando Pessoa: nos permite “vivir varias vidas sin tener que morir tantas muertes”. El payaso aprende a convivir con esas partes porque uno también es otro en diferentes ámbitos.

D: Uno, es muchos
A: Uno es marido, es mujer, hijo, padre, jefe, empleado, amigo. A veces hacemos cosas sin darnos cuenta y por eso es tan importante la dupla, porque te devuelve lo bueno y lo malo. El bufón de la Corte del Rey, que se burlaba de todos y al que todos le tenían miedo se diferencia del payaso, que es un personaje que transita, disfrazado o no. Y los chicos lo perciben. Cuando uno aflora lo mejor de sí, el éxito está garantizado. No solemos ir por la vida entregando el corazón porque nos lastimamos, porque salimos heridos. El payaso sí.