IMG_9492Hacia comienzos de 2014, y con más de un año de experiencia en el área de Divulgación Científica del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en Buenos Aires, el Periodista Alejandro Cannizzaro fue convocado por el Director del Centro Nacional Patagónico (CENPAT), Rolando Gonzales-José, para fortalecer y desarrollar instancias de comunicación entre el organismo y la comunidad de Puerto Madryn.
Dos años después, el equipo de trabajo que conforma junto al Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Diego Núñez de la Rosa, ha ganado espacio en la ciudad, con el desafío constante de vincular el carácter privado del hacer científico -con su impacto positivo en la calidad de vida de las personas- y su despliegue hacia el exterior de la sociedad.
Mientras ciencia y comunicación se articulan de una manera cada vez más activa, en un contexto de cambio y vertiginosidad de los medios, el CENPAT-CONICET apuesta a los vínculos entre los científicos, como agentes multiplicadores de su labor hacia el exterior de la institución.
¿Cómo es la interacción del área con la comunidad?
Alejandro Cannizzaro: Vemos a la comunidad como público activo y por eso trabajamos mucho con la educación. A través del Programa Eureka, por ejemplo, empezamos a visitar las escuelas para tratar de contagiar a los más chicos estas ganas de saber sobre ciencia. Para eso, los capacitamos en periodismo científico y después ellos mismos vienen al CENPAT y entrevistan a los investigadores. Con Eureka viajamos el año pasado a Buenos Aires, estuvimos en Tecnopolis y lo aplicamos en escuelas de La Matanza. Buscábamos que la ciencia saliera de estas paredes.
¿De qué manera diagnostican las necesidades de los vecinos en materia de comunicación científica?
AC: Hay varias formas, pero principalmente estamos al corriente de las novedades científicas a nivel nacional y para eso tenemos alertas de papers o rastreamos lo que publican nuestros investigadores, con su respectiva repercusión e, incluso, hacemos el trabajo interno de pensar qué puede interesarle a la comunidad local y a nivel país. En este punto seguimos profundizando. Entendemos, por ejemplo, que en un lugar como Madryn hay una tendencia hacia la lectura de noticias vinculadas con los recursos marinos, pero también hay otras cuestiones, como la labor de un Sociólogo que camina los barrios y detecta problemáticas específicas relacionadas con el crecimiento poblacional de la ciudad; o científicos especialistas en temáticas satelitales que monitorean potenciales focos de incendio, entre otras cuestiones. Nuestra interacción con los medios nos permite eso: conocer los intereses de las personas más allá de lo que estudian nuestros científicos, si bien hay una fuerte relación de la institución con empresas y organismos públicos para abordar temas que forman parte de la agenda de la localidad.
¿Y de qué modo se vinculan con los medios de comunicación?
AC: En primer lugar, los consumimos. Pero, además, al haber un interés por parte de los medios acerca de lo que sucede en el CENPAT, se han ido abriendo puertas de uno y otro lado, de un modo sumamente activo. Sin embargo, encontramos que cada vez hay menos secciones específicas sobre ciencia y nos gustaría que eso se modifique, que se le brinde más espacio: suplementos en los diarios, programas de televisión desarrollados por especialistas, columnas radiales, y no solo de científicos sino también de periodistas especializados en periodismo científico.
Quizá tenga que ver con que los medios están atravesados por el mercado y eso implica que la noticia tiene que ser vendible.
AC: Bueno, creo que, si garantizamos una programación de calidad, la gente no tendría problemas en consumirla. Y, por más que debamos buscar las estrategias para que la comunicación científica sea atractiva, los medios cuentan con la capacidad y los recursos humanos preparados para llevarlo a la práctica, pero de no tenerlos pueden formarlos. No hay en nuestra ciudad institutos o escuelas que se dediquen exclusivamente a la formación de periodistas, por ejemplo, y habiendo tantos medios podría desarrollarse -incluso como iniciativa o hacia el interior de los mismos medios de comunicación-. De todos modos, parte de mi trabajo acá es justamente volver entretenido, accesible y cordial algo que, naturalmente, no lo es. Pensemos que los científicos están habituados a publicar papers, que son artículos científicos muy difíciles de digerir, incluso para ellos. Lo que hago a partir de ahí es buscar un lenguaje más atractivo para que lo que ellos comunican de un modo profesional pueda ser leído y comprendido por cualquier persona. Incluso a través del humor, lo que hacemos es tratar de sacarle el almidón a la ciencia.
Para comunicar hacia afuera, primero hay que hacerlo hacia adentro, ¿no? ¿Cómo trabajan la Comunicación Interna?
Diego Núñez de la Rosa: La Comunicación Interna como parte de la Comunicación Institucional es todo un desafío porque, como el CENPAT va mutando, hay que construir desde diversos aspectos. Hace algunos años se trabajó la imagen de la institución para que todos comunicáramos lo mismo y actualmente se elabora su identidad, que comienza a cambiar a través del desarrollo del Centro Científico Tecnológico (CCT) y la correspondiente división en seis institutos. Es decir que estamos ante un cambio cultural y eso implica trabajar sobre las personas. Yo, por mi formación en la Universidad de Rosario, entiendo que la comunicación va más allá de los medios: es un tema de vínculos. Y nosotros planificamos la comunicación institucional en función de cómo esos vínculos comunican. Un conflicto latente, por ejemplo, comunica dentro y fuera del CENPAT porque el que trabaja acá es también vecino de la ciudad. Por eso trabajamos a nivel relaciones entre las personas y usamos todos los canales a disposición para comunicar.
¿Qué canales han desarrollado y cuales planean sumar?
AC: Tenemos Twitter, Facebook, Página Web y Youtube; hemos participado en espacios radiales, además de nuestra columna semanal en El Diario de Madryn, y damos charlas en los colegios a través del trabajo conjunto con el área educativa del CENPAT. Ahora estamos apuntando a fortalecer el desarrollo de materiales audiovisuales.
DN: Digamos que, en estos tiempos, la comunicación exige menos explicación. A mí me fascina el manejo del Facebook institucional del CENPAT porque hay un potencial y un ida y vuelta con personas que quizá nunca se hubieran interesado por la ciencia. Sin embargo, puede que todo se acelere tanto que solo quede la lógica de Twitter para comunicar, incluso la ciencia. Y a mí me desalentaría eso: encontrarme con que la dinámica y la rapidez para comunicar no me permite ir más a fondo, profundizar o expresar un tema puntual. Porque si algo me encanta de las redes sociales es que me permiten volcar algo de lo que he hecho en comunicación comunitaria, con grupos de personas, en barrios. Esto en Facebook lo podés reproducir porque hay comunicación de intereses y de un sentido humano y eso, mal o bien, mientras no desaparezca es útil. Creo que comunicar por comunicar no tiene sentido.
Es un rasgo del comunicador, al contar con tantas herramientas para diversos abordajes, no poder centrarse en una sola cosa de por vida sin sentir esa necesidad de aggionarse y transformarse permanentemente. ¿Cómo conviven con eso?
DN: Trabajando en una institución en constante cambio como el CENPAT, la comunicación tiene este carácter de transformación permanente, pero, a la vez, todo lo que uno modifica con la comunicación después se sedimenta. Es lo que Cornelius Castoriadis llamó “lo instituido y lo instituyente”. Entonces, la comunicación todo el tiempo es instituyente si uno busca que así sea y ese es el camino que llevamos adelante nosotros, inventando cosas y hablando con la gente, incluso a través del humor. Quizá una vez que eso se convierte en algo más firme, sólido y rutinario, los comunicadores nos aburrimos y queremos encarar un nuevo proyecto, porque nos damos cuenta que los tiempos institucionales, los tiempos de las cosas, empiezan a ser más largos y deliberativos -aunque estemos hablado de períodos cortos de no más de cinco años-.
Este fue, sin duda, un recorrido vertiginoso porque en dos años pasaron muchas cosas en el área. ¿Qué sienten cuando miran hacia atrás?
AC: Que pasó un tren. Es difícil mirar hacia atrás porque hay un cambio visible, pero, a la vez, hacía tanta falta que se naturalizo rápidamente. Ahora son los mismos investigadores los que nos preguntan cuándo salen sus notas y eso es algo que hace dos años no sucedía porque no existía el mecanismo. Resta mucho por hacer, pero hoy hay otra estructura, todo está más retroalimentado y, por otra parte, juega a favor que contemos con científicos tan productivos.