1Como cada 1 de abril, nuestro país celebra el Día Nacional del Donante de Medula Ósea, recordando la creación del Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH) del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) que, adherido al Banco Mundial, cuenta con más de 22 millones de potenciales donantes voluntarios.
En diálogo con El Diario de Madryn, la docente Analía García brindó detalles de la labor realizada desde hace cuatro años con la organización comunitaria “Chubutenses Hasta la Médula”, que contará con un stand informativo en la peatonal comercial implementada por el Municipio de la ciudad de Trelew en la calle 25 de Mayo, entre Bartolomé Mitre y Belgrano, en el horario de 16 a 22 horas.
Diario: ¿Qué siente que cambió en usted, a partir del momento en que supo que tenía Leucemia?
García. Yo me volví más sensible para lo bueno y para lo malo. Incluso, en mi momento más difícil, no tuve acompañamiento terapéutico y la manera más sana que encontré de enfrentarme con lo que me pasaba, fue contactarme con personas que estuviesen atravesando lo mismo que yo.

D: ¿Y cuánto sabía de su propia enfermedad por aquel entonces?
G: Sabía que era crónica y que estaba dormida. En el Instituto Fleming, en Buenos Aires, me habían dicho que iba a pasar por varias quimioterapias en mi vida, pero que no me iba a morir de esto. En ese momento, hice una fiesta y me volví a Trelew contenta. Hasta que, un día, se me infló la panza. Me fui a la Guardia y solicité yo misma los estudios porque mi médica estaba de vacaciones y quería esperarla con los resultados en mano. Desde mi diagnóstico hasta el momento en que me dijeron que tenía que iniciar la quimio, pasó un año. Yo ya estaba, para ese entonces, involucrada con otros casos.

D: Yendo hacia atrás, ¿cuándo se dio cuenta que algo andaba mal? ¿Había sintomatología?
G: No, para nada. Fui a la Dermatóloga por la Psoriasis y ella me pidió un estudio completo para indicarme un tratamiento específico. Me derivó al Hematólogo, que en ese momento era uno solo en Trelew -el Doctor Oscar Gómez- y había mucha espera, así que tardé un año en tomar las riendas de asunto. Cuando finalmente lo hice, inicié los estudios en abril y llegaron a Buenos Aires en septiembre porque son procesos largos. Como no tenía paciencia para seguir esperando y mi hijo tenía 6 años, pedí yo misma la derivación. Confiaba en los médicos de acá, pero no podía con la ansiedad.

D: En el momento del diagnóstico, ¿cuánto conocía su cuerpo?
G: No sabía que hay que tener 5000 glóbulos blancos, por ejemplo. Cuando me fui a Buenos Aires tenía alrededor de 19000 y cuando la Hematóloga me leyó los resultados ascendían a 70000. Mi vaso, en lugar de pesar 200 gramos, pesaba dos Kilos y medio.

D: ¿Cómo fue el proceso de quimioterapia?
G: La hice durante seis meses y el tamaño de mi vaso disminuyó mucho. Estoy por cumplir cinco años sin recaídas, que son muy importantes, aunque no sean garantía de nada. Pero, ya decidí que no va a volver a pasarme y transformé toda esa fuerza en construcción. A veces, me pregunto por qué Dios me envió esto e inmediatamente me pregunto para qué lo hizo. Ayudar a una mamá a estar más tranquila, asesorar a una persona para que sepa que un reclamo ante la Obra Social puede vehiculizarse a través de un abogado de oficio o juntar juguetes y libros -nuevos o esterilizables- para los más chicos, es maravilloso.

D: ¿Cómo nació Chubutenses Hasta la Médula?
G: Fue hace cuatro años y yo vengo colaborando con ONGs desde hace seis. Cuando una amiga de Corrientes creó “Correntinos Hasta la Médula”, se me ocurrió ponerle el mismo nombre y contagiar provincias. Hoy, somos 18 las provincias bajo esta insignia, pero los voluntarios en cada una nunca suman más de ocho personas. Estamos en contacto virtual porque no tenemos ayuda ni quién financie nada de lo que hacemos.

D: ¿Qué actividades realizan?
G: En materia de eventos, al ser el Día del Donante de Médula el 1 de abril y estar tan cercano al Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, que suele ser feriado puente, no contamos con mucha convocatoria. No hay acompañamiento de los vecinos de la ciudad, lamentablemente. Pero el objetivo de estos eventos es únicamente la difusión. La idea fundamental es que la gente hable del tema y pierda el miedo a donar. Además, hemos notado que, cuando hay un caso específico, la información que circula es errónea porque, por ejemplo, las personas piensan que van a donar para alguien en particular, cuando en realidad no es así.
Otra cuestión, de la que comienza a hablarse en Puerto Madryn, es de la situación de los homosexuales y de cuán antiguas son las leyes de donación de sangre. Por ejemplo, a la hora de manifestarte como donante voluntario, te preguntan si tuviste más de una pareja sexual en el año y si la respuesta es sí, no te permiten donar, con lo cual muchos incurren en la mentira para ayudar a otro. Si bien esa sangre se analiza, hay cosas que no aparecen por el período de ventana de un año, pero tenemos que confiar en la palabra del donante. Aquel que tiene relaciones sexuales sin cuidarse, no debe donar. Es libre de hacer lo que quiera, con responsabilidad.

D: ¿Cuál es el circuito para ser donante de médula ósea?
G: El primer paso es registrarse. Cualquier ciudadano entre 18 y 55 años puede hacerlo, siempre y cuando haya pasado un año desde la última cirugía, tatuaje o piercing, para evitar que el paciente contraiga cualquier tipo de virus hospitalario. En la región, los lugares habilitados para registrarse son: el Centro de Medicina Transfusional -Marconi 374 de Trelew-, el Banco de Sangre de la Clínica Pueyrredón -Olavarría 292, en Comodoro Rivadavia- y el Servicio de Hemoterapia del Hospital Ísola -Agustín Pigol 247-. Lo que se hace es llenar un formulario como potencial donante y aparecer en el Registro lleva tiempo, meses o hasta un año porque, por suerte, está saturado al día de la fecha. Pero ese es el primer paso. Si hubiese un paciente compatible -en cualquier parte del mundo-, te llaman y consultan si sigue en pie tu voluntad de donar y si no hay nada que te lo impida: haber pasado por una cirugía o tenido un hijo; y si aceptás, tenés que viajar a Buenos Aires para la extracción.

D: ¿Cómo se lleva a cabo esa extracción?
G: Hay dos maneras posibles y uno el que elige cómo lo quiere hacer: por pulción de la cresta ilíaca, que es el hueso grande de la cadera -que implica internación y anestesia total-; o por el brazo. En este último caso -que se llama sangre periférica-, lo que hacen cuatro días antes es aplicarte unas vacunas subcutáneas para que las células madre bajen hasta el torrente sanguíneo y poder, al quinto día, realizar la extracción. La duración del proceso va a depender del volumen del cuerpo del donante y del receptor, pero lo máximo son cuatro horas. Te conectan, te sacan sangre de un brazo, pasa por una máquina centrífuga y te devuelven esa sangre por el otro brazo. Así, separan las células madre.

D: Mencionaba el miedo a donar. ¿Cree que esto está vinculado al temor por el tráfico de órganos o es que no nos damos cuenta de la importancia que reviste, a menos que nos toque de cerca?
G: Creo que son ambas cosas. Nosotras trabajamos, además, para que las personas donen sangre con cierta frecuencia. Las mujeres, por ejemplo, pueden hacerlo tres veces por año -porque pierden más sangre a través de los períodos menstruales- y los hombres cuatro. Entonces, basta con anotarlo cuando nos compramos la agenda anual, teniendo únicamente en cuenta que deben pasar dos meses entre una y otra extracción. Es absurdo pensar en guardar esa sangre por si algún día un familiar lo necesita. La donación debiera ser algo obvio e instalado, desde el jardín, y nosotras estamos abiertas a formar docentes de todos los niveles, pero ellos también deben interesarse. El objetivo siempre es tocar el corazón de los chicos. Es claro: donando médula ósea se salvan vidas.

D: ¿Cómo fue la interacción con su hijo desde el inicio de este proceso?
G: Al principio, sólo le explicaba que estaba débil. Era muy chico y era difícil decirle que me iba a Buenos Aires y que no sabía cuánto tiempo iba a tardar o si iba a volver. Le dije que allá tenían mejores máquinas. Cuando me hice quimio, le dije que eran remedios fuertes. A veces, cuando no tenía quién lo cuidara, me lo tenía que llevar a las quimios conmigo. Hoy, tiene 12 años y ya ha dado charlas en su grupo de Scouts, explicando a otros chicos cómo donar médula, haciendo fuerte hincapié en la importancia de donar.

D. ¿Y con el resto de su círculo íntimo?
G: Mis amigas estuvieron siempre, en las internaciones, limpiando mi casa, haciendo las compras. Sin embargo, siento en general que éste sigue siendo un tema tabú, del que incomoda hablar y creo que es porque da miedo. Incluso, el uso de barbijo choca. Pero en ese momento, yo tenía que llevar adelante mi casa y no iba a perderme un acto en la escuela de mi hijo. Así que le hacía un dibujo al barbijo para que él no se sintiera mal y salía a la vida.