1A casi tres años de su desembarco en Puerto Madryn, la pareja de productores Federico Pena Duarte y Marcella Maugeri, busca consolidar a la ciudad y sus alrededores como escenario de bandas de corte nacional e internacional, al tiempo que promueve la interacción del público con propuestas locales de géneros musicales diversos.
Así, Bai Producciones se afianza como referente en materia de gestión y recepción de espectáculos para todas las edades y gustos, mientras Kahlo Bar –“la sala”- gana espacio en el imaginario colectivo de los madrynenses como el “templo del rock”.

¿Por qué eligieron Puerto Madryn para desarrollar este proyecto?

Federico Pena Duarte: Yo soy nacido y criado en Madryn. Me fui a Córdoba en 2004 a estudiar Psicología y cinco años después empecé a trabajar como Productor. Cuando tuvimos familia, decidimos volver con la idea de realizar shows en la zona porque sentimos que había una afluencia importante de público y que eso era algo interesante para explotar.

¿Con qué tipo de ciudad se encontraron cuando llegaron?

Marcecella Maugeri: Para mí, desconocida. Aún lo es. Con el tiempo y la experiencia nos dimos cuenta que Madryn tiene un público excelente, que responde a las propuestas, es curioso, amante de la cultura y de las cosas nuevas. Claro que hay una media que prefiere productos más digeridos y otro porcentaje al que no le interesa nada, pero no son la mayoría. Nos dimos cuenta que no era un público fácil, pero todo lo bueno es difícil de conquistar.
FPD: Cuando llegamos, Hernán Piquín hacía temporada en Córdoba con “Freddie” y tenía presencia televisiva, así que decidimos traerlo y así agotamos dos funciones -la segunda en tan solo dos días-, con un total de 800 personas que fueron y compraron una entrada para ver ese espectáculo. Esto generó cierta inquietud en la gente, a la que le llamaba la atención que hubiese, ya no una persona, sino una productora detrás de este tipo de iniciativas. Más tarde convocamos a Leo García, que es un amigo y que, si bien es conocido, es más cercano al under. Con él hicimos tres shows y sumamos uno más el verano siguiente en la playa, con gran convocatoria, porque ese también es el trabajo de una productora: traer un artista y fogonearlo para darle mayor difusión a nivel local. A veces sucede con bandas que son de Madryn, como La Granada; un grupo de percusión con señas que existe hace años y que pocos conocían antes de su actuación en Kahlo.

¿Y cómo conquistaron al madrynense, ávido de nuevos contenidos, pero no habituado a propuestas innovadoras?

FPD: Apenas llegamos, muchos nos dijeron que esta no era una ciudad para proponer algo diferente. Sin embargo, hay personas con ganas y fuerza que, como yo, decidieron dejar la locura de la gran ciudad para criar a sus hijos en un lugar más tranquilo. A partir de ahí, vimos un público que se desdoblaba entre quienes agradecían que uno convocara espectáculos de talla nacional e internacional y aquellos que reclamaban algo nuevo, pero después no lo consumían. En ese contexto, nosotros decidimos probar, directamente, y creo que cautivamos con nuestra manera de comunicar y vender los shows.
MM: Y por hacer, más allá del preconcepto negativo sobre la posible respuesta de la gente. Creo que Madryn necesita que las cosas se hagan y no que queden solo en el discurso o la intención.

¿Existe un género musical que predomine en Chubut?

FPD: No. Trelew tiene una idiosincrasia diferente a la de Puerto Madryn en materia de bandas. Allá prevalece el Pop Inglés, acá el Ska o el Heavy y estamos a solo 70 kilómetros de distancia. Su continuidad de shows en las décadas de 1980 y 1990, con la visita de artistas como Soda Stereo, por ejemplo, no tuvo réplica en nuestra ciudad y ese tipo de espectáculos permite que la escena local crezca y se nutra. A diferencia de Madryn, Trelew ofrece bandas tributo a The Cure o el Pop oscuro y electrónico de Maldito Mono de Nieve. Por otro lado, acá quizá predomina el rock, cuando el mar debiera ser fuente de inspiración para un reggae real como el de Rawson. Por supuesto, tenemos a Gody Corominas, pero él viene de afuera, de Karamelo Santo, y hace lo propio con Ledub Misterio.

¿Hay suficiente difusión de los eventos culturales que se llevan a cabo en nuestra ciudad?

MM: Yo creo que sí, aunque quizá la gente no consume medios locales tanto como debería. Nosotros no sentimos que los medios nos den la espalda, por ejemplo, sino todo lo contrario: apoyan las propuestas culturales en todas sus vertientes.
FPD: Cuando empezamos a trabajar, esperábamos afuera del canal y de las radios para darnos a conocer y hoy esa relación cambió por completo. Como todo comienzo, fue adrenalinico, pero elegimos hacer algo de calidad para garantizar, ante todo, el disfrute del público.

¿Y qué detalles tienen en cuenta para garantizar esa calidad en los productos que ofrecen?

FPD: Bueno, por ejemplo, somos muy meticulosos con los shows infantiles porque nos interesa cuidar la plaza y acostumbrar al público a ver y consumir productos originales, como fue el caso del Sapo Pepe: la puesta, los muñecos, el sonido; son elementos que hacen a la calidad del espectáculo y que repercuten en la experiencia de un público que, el día de mañana, nos volverá a elegir porque sabe que no vamos a defraudarlo. Pero, por otra parte, tenemos la sala, con las telas negras sobre el escenario, los espacios bien distribuidos y la buena atención en la barra. Nosotros venimos con esa escuela y decidimos hacer las cosas bien, de la mejor manera posible.

Kahlo es, además de sede para el despliegue de bandas invitadas, asilo de bandas locales. ¿Cómo conviven estas dos propuestas?

FPD: No hay escena nacional o internacional sin escena local. Es decir, si las personas no se habitúan a ver a sus propios artistas sobre el escenario, tampoco van a consumir los shows que vienen de afuera. Ambas escenas tienen que retroalimentarse. Tenemos una oferta agresiva, en el mejor de los términos, de bandas locales gratuitas todas las noches y de pronto tocan grupos como Nonpa, Animal o Carajo sobre el mismo escenario. Y así, un miércoles venís a ver una Jam de Jazz -o electrónica, que es algo nuevo que ofrecemos una vez al mes-, el jueves al Cuarteto de Nos, el viernes a Evaristo o Garage y el sábado a tomar algo. La idea es que este sea un punto de encuentro de todas estas propuestas. Algo que en ciudades como Buenos Aires es común porque permanentemente tenés alternativas culturales, en Madryn fue una consecuencia y todavía nos sorprende.
MM: Teníamos la ilusión de mantener el lugar abierto todas las noches, con una oferta diversa, pero también es importante ir sondeando los niveles de respuesta del público. El ciclo de Jazz, por ejemplo, fue muy bien recibido y, además, agradecido por los músicos que pudieron encontrar acá un espacio propio.

A un año de su creación, ¿Kahlo es ya una marca registrada en Puerto Madryn?

FPD: Yo siempre trato de diferenciar a Kahlo de Bai Producciones: una cosa es la sala y otra la productora. Porque resulta que hay muchos espectáculos que se llevan adelante en Kahlo que no son de Bai. A la sala han venido bandas del under del Heavy que yo mismo desconocía y cuyos shows fueron gestionados por otra persona porque, si bien el 90% de lo que traemos es nuestro, este es un lugar abierto para que otros puedan coordinar y montar espectáculos también.

¿Qué eventos tienen previstos para el aniversario?

FPD: El próximo 2 de abril van a pasar todos los grupos que alguna vez tocaron en Kahlo y vamos a contar con una banda fija, que es la Aldrobanda de Gody Corominas, compuesta por músicos locales que son referentes de la escena local. Ellos van a desarmar los clásicos de todas las bandas, con un estilo cercano a la cumbia de antes, la de nuestros abuelos.
MM: Es el concepto mismo del rock: la contradicción, la ruptura de las estructuras, pero sin perder el eje de la fiesta, del aniversario y de la diversión y consolidando este lugar como “templo del rock”.

Puerto Madryn es una ciudad industrial y turística, pero ¿puede fortalecerse, además, como ciudad cultural?

FPD: Yo creo que sí, que hay en la ciudad una propuesta cultural interesante, pero que convive con cuestiones mal enfocadas, si bien es cierto que de a poco están empezando a cambiar. Todavía queda un camino por recorrer en lo que hace a la difusión de los eventos porque muchas veces un espectáculo se levanta por falta de venta de entradas y quizá no se comunicó de manera eficiente. Pienso que, si el Estado realmente quiere construir la imagen de Madryn como sede cultural, tiene que buscar la manera de atenuar el avance de las inversiones privadas por sobre las iniciativas públicas. Falta un hilo conductor para que eventos de la talla del Mafici o del Patagonia Film Fest -próximo a realizarse- convivan con otras propuestas sin que existan rivalidades y entendiendo que todos estos son contenidos saludables para el desarrollo de la ciudad.